El golpe cromático del tricolore

Elisabetta Piqué
(0)
4 de mayo de 2003  

Pocos se enteraron, pero en las últimas semanas hubo un "golpe cromático" en Italia.

Sí, aunque cueste creerlo, lo que ha creado aquí un nuevo y acalorado debate son los colores de la bandera italiana: rojo, blanco y verde.

Todo comenzó cuando un diputado hace unos días se dio cuenta de que en Montecitorio, sede de la Cámara baja, el "tricolore" distaba del original, creado hace 206 años. Los colores no eran brillantes y vivaces, como siempre, sino que la bandera estaba opaca, más oscura: el rojo vivo (o rojo "pomodoro", tomate) se había transformado en un rojo ladrillo o cardenal; el blanco (un blanco "latte", leche) se había vuelto un blanco marfil; y el verde "prato" (pasto), un verde opaco, mucho más oscuro.

Como era de esperar, enseguida estalló el escándalo -desde el gobierno se explicó que el cambio tenía que ver con una nueva norma de la Unión Europea, aunque después se admitió un error técnico-, y el líder del partido Verde, Alfonso Pecoraro Scanio, no dudó en hablar de "golpe cromático". La indignación patriótica, sin embargo, alcanzó también a parlamentarios oficialistas, que coincidieron en la necesidad de una moción tendiente a "restablecer los colores originales de la bandera". En la correspondiente sesión hubo escenas estilo propaganda de detergente, con políticos mostrando la bandera vieja, con colores brillantes, y la nueva, con colores opacos. Más allá del debate político, que seguirá en una comisión especial en los próximos días, los italianos de la calle no tienen dudas: es mejor la bandera vieja, la de siempre, con colores vivos, rojo tomate, blanco leche y verde pasto.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.