
El incierto futuro de Fabricaciones Militares
Por Néstor J. Cruces Para La Nación
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EN las seis décadas de trayectoria de Fabricaciones Militares podrían distinguirse cuatro etapas. La primera de ellas es la fundacional, bajo la inspiración e impulso del general Manuel Savio, que finaliza con su temprana muerte, en 1948. La segunda etapa corresponde a la conducción de los continuadores de Savio, los ingenieros militares, y termina en 1983, cuando al retornar la democracia se decide que la cúpula de Fabricaciones Militares sea ocupada por funcionarios designados por el poder político. La tercera etapa, que dura doce años, concluye con el escándalo de la venta de armas a Ecuador, y entonces se traspasan las pocas fábricas remanentes del Ministerio de Defensa al de Economía. Comienza así la cuarta etapa, que llega hasta nuestros días. Actualmente Fabricaciones Militares depende, dentro de Economía, de la Secretaría de Financiamiento, a cargo del licenciado Daniel Marx.
No se sabe aún qué decisión tomarán las autoridades nacionales y si continuará o no la curiosa relación de dependencia actual. Algunos elementos de juicio de cara al futuro podrían ser los siguientes:
- La investigación, desarrollo y producción de equipamiento militar es una actividad que tiene al menos dos resultados. El primero y más visible es la fabricación de elementos bélicos. El segundo, tan importante como el primero, es mantener al día una provisión mínima de conocimiento tecnológico que pueda potenciar la eficacia operativa de todo el aparato militar, alimentando su logística, mantenimiento y utilización de equipos. Sólo dos ejemplos de la Guerra de las Malvinas sobre este segundo aspecto: la adaptación original y exitosa de misiles Exocet mar-mar al uso tierra-mar y la solución local rapidísima de serios problemas en bombas de la Fuerza Aérea por excesivo retardo de sus espoletas al ser lanzadas sobre buques.
- Las fábricas argentinas de producción para la defensa experimentaron un fuerte proceso de reequipamiento en la década del 70 y principios de los años 80, con erogaciones de centenares de millones de dólares. Parte importante de esas inversiones permanece hoy en fábricas aún no privatizadas. El crecimiento en bienes de capital fue acompañado por una intensa capacitación de profesionales y técnicos, muchos de los cuales todavía p ermanecen en funciones.
- La actual situación del mercado mundial de armamentos y las escasas compras de las Fuerzas Armadas argentinas hacen muy poco probable un proceso de privatización exitoso de las fábricas remanentes, si por privatización se entiende que sigan produciendo aquello para lo que fueron equipadas.
- Las fábricas militares estatales son una categoría ampliamente difundida en el Primer Mundo. Incluso en Estados Unidos, y contrariamente a la creencia general, el Ejército mantiene bajo su dependencia directa veinticinco fábricas de armas y municiones que las producen para todas las Fuerzas Armadas.
- Tener una industria militar propia permite realizar, también en este campo, integraciones regionales o dentro del Mercosur con objetivos de ampliación de mercado, eficiencia y especialización. Chile, por ejemplo, mantiene su importante industria estatal, Famae, además de empresas privadas, operando en nichos interesantes del mercado. Brasil tiene una significativa industria bélica estatal, Imbel, y también varias empresas privadas trabajando coordinadamente.
- A pesar de la escasísima demanda local de sus productos y la competencia desleal de la importación (arancel cero e imposible defensa contra dumping y subsidios), Fabricaciones Militares, gracias a la esforzada gestión de la actual intervención, tiene una incidencia en el presupuesto inferior a los 10 millones de dólares, frente a una erogación en Defensa cercana a los 3500 millones. No se trata ya de apuntalar proyectos faraónicos que desprestigiaron antes la industria bélica, sino de mantener operando un sistema mínimo, que ya se ha reducido 85 por ciento respecto de lo existente en 1983. ¿Podría considerarse este gasto como parte del seguro que el país paga por su defensa?
Alta tecnología
- Si se decidiese no fabricar más armas y municiones en el país, su carencia debería ser reemplazada por stocks necesariamente muy altos para ser eficientes y ejercer una disuasión creíble, con considerables costos financieros y de obsolescencia, que también deberían computarse.
- Todavía es posible, a pesar de los inconvenientes mencionados, relanzar creativamente, con seriedad y eficacia, un renovado sistema de producción para la defensa. Para eso, como primera medida, debería pasar Fabricaciones Militares a depender del Ministerio de Defensa. Luego se podría estudiar rápidamente la creación de una nueva empresa de alta tecnología, superadora del anterior esquema de Fabricaciones Militares, que agrupe a Citefa (el instituto de investigación y desarrollo de las Fuerzas Armadas) y las pocas fábricas hoy existentes, incluidas las de la Armada y la Fuerza Aérea.
Parece extraño que no se tome una decisión seria y razonable sobre el pequeño y bien equipado núcleo de fábricas militares remanentes. Dependan de un ministerio o del otro, su incidencia presupuestaria resultaría hoy aproximadamente la misma (es el bolsillo derecho o el izquierdo del contribuyente el que paga como siempre la cuenta), pero parece sensato pensar que dependiendo de Defensa podrán mejorar sus resultados económicos al tener una conducción más cercana a su problemática, su esencia y sus clientes naturales, lo que seguramente ayudará a mejorar su eficacia, su eficiencia y sus balances.
El autor es director del Instituto de Defensa Nacional de la Fundación Novum Millennium.






