El ingreso universitario

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23 de abril de 2004  

En los últimos días, se ha replanteado conflictivamente la cuestión del ingreso en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Los alumnos del curso introductorio reclamaron que ese ciclo procure nivelar los conocimientos necesarios para iniciar la carrera, pero que no suponga pruebas de carácter eliminatorio. Tal petición fue rechazada por el consejo académico de esa facultad, pero los aspirantes al ingreso llevaron el reclamo al Consejo Superior Universitario, que recomendó la revisión del curso de admisión y aconsejó que se considerara -como medida de excepción- la posibilidad de que los cursantes no aprobados sean considerados alumnos regulares.

Tal como se advierte, las posiciones tomadas por los organismos de gobierno de la universidad y de la facultad se hallan contrapuestas y en evidente tensión. Los aspirantes han logrado una recomendación que los favorece y se han comprometido a colaborar para que se recobre "el normal funcionamiento académico e institucional". Los pasos que han de seguir acaso resuelvan el obstáculo inmediato, pero se mantendrá en latencia la raíz de estos conflictos, centrados en la opción de elegir entre un ingreso con un nivel de exigencias o bien de manera irrestricta. Desde luego, la calidad de formación que los estudios superiores prometen comienza precisamente con el ingreso.

Un antecedente a considerar es el que se refiere a los exámenes tomados en los cursos de ingreso del actual ciclo en otras facultades de la UNLP. En los resultados dados a conocer ha sido constante el alto número de aplazados, que en un caso extremo incluyó al 100% de los cursantes. Al respecto, autoridades y docentes de las distintas facultades explicaron que se trataba de pruebas de diagnóstico, sin carácter eliminatorio, cuyo objetivo era que los alumnos tomaran conciencia clara de que debían asumir la carrera universitaria desde su inicio con plena entrega al estudio.

Tan alto porcentaje de fracasos en las pruebas abrió una lógica duda: ¿se plantearon exigencias desmedidas o la gran mayoría no pone el esfuerzo necesario y carece, además, de la preparación que debió darle una escuela media confundida con políticas de contención y facilismo. Ese modo de analizar la situación empuja a simplificar el planteo de las causas de tantas frustraciones y reduce la cuestión a cargar todas las culpas sobre una escuela secundaria que no cumple con la función esperada y cuyos alumnos han contraído la costumbre de conformarse con "zafar", con la máxima economía de estudio. En verdad, la cuestión compromete al sistema educativo en su conjunto. Es oportuno señalar que el rector de la UNLP, Alberto Dibbern, habló de responsabilidades generales en las fallas, sin excluir a la propia universidad, razón por la cual propuso que el Ministerio de Educación nacional convocase a una reunión general de ministros del área y de rectores para diseñar estrategias que permitan superar los agudos problemas de la articulación entre la escuela media y la universidad.

Es evidente que hay fallas bien identificadas, tales como el insuficiente conocimiento de Matemática y Lengua y la escasa habilidad para la comprensión de textos. También se echa de menos la generalización de una orientación vocacional que reduzca errores de decisión. Por otra parte, si la escuela media vuelve a comprometer su acción para promover una cultura del esfuerzo, como afirman las autoridades educativas, con más razón la universidad no podrá ser pensada como un espacio de mera contención mientras los jóvenes no encuentran trabajo. Esta cuestión tiene que ser encarada por otros medios y otras instituciones.

Asimismo, es útil dejar constancia de que en las diversas universidades oficiales y privadas hay una variedad de metodologías de ingreso que han acumulado una valiosa experiencia apta para guiar una propuesta de innovación. En este sentido cabe reiterar dos demandas coherentes con las políticas que se han indicado en estas columnas. Por una parte, los estudios superiores tienen que afirmar una permanente búsqueda de calidad en la formación, a través de exigencias legítimas, que empiezan desde un ingreso que nunca debió haber sido irrestricto. Por el otro lado, el rechazo del régimen de cupos o vacantes limitadas, que es en mucho sentidos injusto y arbitrario.

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