El juego de las presiones

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
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16 de diciembre de 2001  

Tras cerrar exitosamente el tramo local del nuevo canje de deuda, el Gobierno no ha conseguido todavía un acuerdo político razonable que le permita transcurrir el tramo que resta y se encuentra acosado por la enorme cantidad de intereses contrapuestos en una instancia decisiva.

La única señal decididamente positiva que apareció hasta ahora fue la incorporación de Miguel Kiguel al equipo de Economía. La entrada del subsecretario de Financiamiento durante la gestión en Economía de Roque Fernández hizo que la salida del viceministro Daniel Marx no resultara en un enorme aumento de la desconfianza, si es que acaso tal cosa es todavía posible.

Kiguel, respetado en el mundo de las finanzas y en los organismos internacionales de crédito, debió ceder justamente a las presiones de Cavallo y del grupo IRSA, quienes terminaron por convencerlo de que debía dejar el Banco Hipotecario.

"Hay muy poca gente capaz para cubrir un vacio como el que dejaba Marx", dicen en el Gobierno. Kiguel también tiene más facilidad para afrontar presentaciones en público y en particular con la prensa que Marx.

Para la Argentina, en recesión profunda y con números fiscales cada vez más críticos, no es fácil encontrar funcionarios del nivel del alejado viceministro y su reemplazante.

Cavallo tiene bien fresco el reciente caso en que intentó cubrir la vacante de número dos del Banco Central con un renombrado financista radicado en el exterior, quien pidió una importante suma para organizar su cambio de domicilio. La respuesta fue negativa.

El cargo terminó en manos de Mario Blejer, el reputado ex miembro del FMI, quien la semana última sintió en carne propia el ajuste. Viajó a Washington a visitar a su esposa e hija con un pasaje pagado de su propio bolsillo. Pero Cavallo partió intempestivamente a la capital de los Estados Unidos a tratar de reanudar la exánime relación con el FMI. No bien logró llegar a destino -luego de que los controles de seguridad estuvieron a punto de hacerle perder el vuelo de combinación y el almuerzo con Horst Koehler- llamó a Blejer por teléfono con tono perentorio: "Mario, venite al FMI".

En la sede del Fondo, Cavallo fue el receptor de la presión de la conducción del organismo multilateral sobre el Gobierno para que acuerde la sanción de un presupuesto razonable para el año próximo.

El ministro, que ha devenido en el gestor todo terreno de la administración de De la Rúa, supo con su pragmatismo habitual que no había más remedio que rendirse, y arrió todas las banderas que había defendido a muerte frente al auditor del FMI enviado a la Argentina, el chileno Thomas Reichmann. El nivel "político" del Fondo no se mostró menos exigente que sus técnicos.

El problema para Cavallo y De la Rúa es ahora que ni siquiera la UCR -que debería comportarse como partido de Gobierno- tiene otra postura que no sea oponerse a cualquier recorte de gastos adicional sin decir cuál es la alternativa.

Demora insoportable

El acuerdo con el FMI se demora insoportablemente y sin él la Argentina no puede enfrentar siquiera con una mínima probabilidad de éxito el canje de la deuda sometida a la jurisdicción de tribunales extranjeros.

El seis de diciembre, la implacable y frecuentemente injusta agencia de calificación de riesgo Moody´s emitió un informe para sus clientes. Decía que el tramo local del canje de deuda de la Argentina había salido bien. Y que la estrategia argentina parecía que podía tener éxito.

En buen romance: era casi una recomendación a sus clientes tenedores de bonos argentinos en el exterior a que entren en el canje. La advertencia era que, sin default , y con la reestructuración ordenada en marcha, quienes no acepten y hagan juicios tienen pocas probabilidades de ganar.

Por supuesto, Moody´s dio a ese informe mucha menos difusión que la que da a los que pintan un panorama negro para la Argentina. Y la mayoría de los medios internacionales lo ignoró.

Pero lo que dijo Moody´s sólo es cierto si la Argentina logra llegar al canje sin dejar de pagar uno solo de los vencimientos corrientes de la deuda que quiere refinanciar.

Un default abierto generará un aluvión de juicios y una catástrofe inmediata que hará parecer un lecho de rosas a la durísima situación actual.

Los "fondos buitre" han vuelto a esperanzarse. Sin presupuesto aprobado, sin acuerdo político, sin respaldo del FMI la cesación de pagos de la Argentina es cuestión de días. Los buitres sólo comen presas muertas.

En el Gobierno cunden las sospechas de conspiraciones. Tomaron con alarma las presiones renovadas de Elisa Carrió y Mario Cafiero para hacer fracasar el canje. Hay quienes en la intimidad alimentan las sospechas. "Esos dos parece que trabajaran para los fondos buitre", dijo un exaltado funcionario en la Casa Rosada, según la versión de fuentes del Ejecutivo.

Cavallo, encargado de poner casi a diario la cara por las medidas económicas y de disculparse por el "corralito" bancario, alimentó sospechas similares ante las versiones de un supuesto congelamiento de los plazos fijos superiores a 30.000 pesos o dólares.

Cree que esas afirmaciones tratan de alimentar el pánico y empujar a la cesación de pagos para beneficiar a quienes harían negocio por esa vía.

Las opiniones menos exacerbadas en Economía dan cuenta de que ese congelamiento fue una de las alternativas que se manejó en el fatídico 30 de noviembre mientras se fugaba la escalofriante suma de US$ 1700 millones en depósitos.

El Gobierno optó por el actual "corralito" en lugar del congelamiento, según dijeron los voceros, tomando en cuenta la ruinosa experiencia que tuvo la segunda de las alternativas cuando se la aplicó en Ecuador.

Torpezas propias

Pero además de estar acosado por las presiones, el Gobierno debe lidiar contra sus propias torpezas.

La semana última, mientras el camionero Hugo Moyano reclamaba frente al Congreso el final de las restricciones para el retiro en efectivo de los salarios depositados en los bancos, desde la Casa de Gobierno surgieron versiones de que estaba a punto de adoptarse tal medida.

Los informantes dicen que se trataba de evitar llegar a un fallo desfavorable de la Justicia, que consideran inevitable.

Cavallo se encegueció de furia. Cree que aumentaría la fuga y que el Gobierno se mostraba débil ante Moyano en un momento muy delicado. Su asesor externo, el abogado Horacio Tomás Liendo (h.) ya le preparó una estrategia en la que sostiene que, en realidad, los salarios están a entera disposición de los trabajadores con la utilización de medios electrónicos de pago. Sólo habrá un alivio en las restricciones por las fiestas de fin de año. Se permitirá retir $ 500 en la misma semana, como para tratar de descomprimir los ánimos.

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