El legado de Julio Strassera

Lynette Hooft
Lynette Hooft PARA LA NACION
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27 de febrero de 2019  

En febrero de 2015 hablé por última vez con Julio Strassera. Estaba planeando un viaje, hablamos de nuestras familias y después pasamos al tema recurrente de nuestras charlas: la Justicia. Recuerdo una frase que me dijo antes de cortar: "Nunca dejes de luchar por la justicia, Lynette". Él me llamaba por mi nombre, pero yo siempre le decía doctor. El 27 de febrero, Strassera falleció.

Se cumplen cuatro años de su partida y aquellas palabras aún resuenan. Su significado se renueva. Luchar por la justicia, para Strassera, trascendía el ámbito de los tribunales y de los profesionales del derecho, y debería asumirse como un compromiso colectivo. Todos podemos ser parte de las transformaciones de nuestra sociedad.

Strassera tenía un andar sereno y una personalidad intensa y definida. Era vehemente y coherente. Siempre lo escoltaban la convicción, la valentía y el coraje. Siempre fue un caballero de la Justicia.

Entendía la lucha de un modo pacífico. Estaba lejos de la difamación, la confrontación hostil, la crispación que en tantas ocasiones sufrimos en los últimos años. Recuerdo el verano en que la Argentina se estremecía con la muerte del fiscal Nisman. Un caso que a él lo conmovió profundamente. En esos días hablamos sobre su participación en el programa de TV Intratables. Strassera fue y actuó con la inteligencia y el respeto que le permitían intervenir en los más diversos escenarios donde la justicia motivaba un debate.

Estaba convencido de que hay que defender lo que es justo y no legitimar aquello que no lo es. Y no eran solo sus acciones, sino el modo en que las llevaba a cabo. Una tarde muy fría de invierno, mientras tomábamos café y él fumaba, me contaba cuánto lo enojaban las injusticias, la manipulación de la verdad, la alteración de los hechos y la cobardía. No los admitía. Solía decir que eran canalladas. Se puede ser cobarde por temor, por ignorancia o conveniencia, pero en cualquiera de sus variantes la cobardía lo irritaba.

Siento la fuerza y la vigencia de sus palabras mientras algunos sectores de la Justicia son fuertemente interpelados por la sociedad, y las causas por corrupción que golpean al gobierno anterior, como sucede con los cuadernos de las coimas, parecen no tener fin. Es necesario recordar a un hombre como el exfiscal Strassera. Y destaco la palabra necesario pensando en la generación presente y en las futuras. Es justo honrar su persona y sus acciones.

Una mañana estábamos en la puerta de la Corte Suprema de Justicia. Era un lugar que él solía frecuentar. Me dijo que estaba convencido de que la función pública debía ejercerse con sobriedad, transparencia, honestidad y firmeza para poder enfrentar las influencias externas. Strassera hablaba y yo lo escuchaba con una sonrisa porque me daba cuenta de que sin proponérselo se estaba definiendo a sí mismo y a su trayectoria.

Así era Strassera. Sus principios éticos y valores morales trascienden el tiempo. Su lucidez, coherencia y valentía lo transformaron en un símbolo de la defensa de los derechos humanos, la justicia y la verdad sin importar los costos ni los riesgos. Es uno de los grandes protagonistas de la historia de la Argentina reciente. La última frase que me dijo se convirtió para mí en un legado que siempre llevo conmigo. Y por más difícil y duro que sea, ojalá que nuestra sociedad nunca deje de luchar por la justicia. Usted, doctor Strassera, marcó un camino.

Profesora en Filosofía y magíster en Bioética

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