El memo que revela cómo fue la trama

Fragmento del libro Las coimas del gigante alemán (Planeta), de Hugo Alconada Mon
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5 de junio de 2011  

Metódico, el ingeniero Ulrich Bock decidió clarificar la situación. Viajó a Buenos Aires, se reunió con los ejecutivos de Siemens Argentina y con los intermediarios de las coimas, y el 22 de octubre de 1999 pasó en limpio las cuentas.

En una hoja cuadriculada, anotó:

-7'5 L.S. Luis Schirado!

-9'75 C.C. Corac Just min?

-9'75 H.F.?

-16 C.M. Menem?

-7,5 C.S. Ca? Sergi?

Corrían las últimas horas del viernes y, sin darse cuenta, "Uli", como lo llamaban en Munich, sintetizó la ecuación clandestina del sistema político y económico argentino: (funcionarios + empresarios + intermediarios) x coimas = negocios.

En rigor, Bock sólo puso por escrito lo que otros le contaron durante una seguidilla de reuniones porteñas. Tanto el director financiero de Siemens Argentina, Andrés Truppel, como el lobbista Carlos Sergi, miembro del directorio de la filial en Buenos Aires, tal su cargo formal para no explicitar el más relevante de pescador y facilitador de negocios.

Nueve años después, "Uli" rememoró aquellos días agitados ante los interrogadores de la Fiscalía N° 1 de Munich, aunque no podía creer que aquella nota manuscrita volviera a estar en sus manos. Mucho menos allí.

"Sí, esa nota la escribí yo. Allí resumí quién había recibido dinero de acuerdo al señor Sergi", contó ante los fiscales, que le exigieron más detalles: quién la redactó y quién era el receptor del premio mayor de los 16 millones de dólares. "La nota estaba escrita sólo para mí -precisó-. Seguramente con la abreviación "CM" quise decir Carlos Menem".

Bock pasó a la fase siguiente: contar lo que sabía. Para eso, no dudó en marcar a Truppel y a otro colega en Munich, el gerente técnico de Major Projects de SBS, Eberhard Reichert.

"Nosotros, es decir Reichert, Truppel y yo, mantuvimos varias reuniones con Sergi. Siempre nos reclamaba más dinero", sintetizó.

Bajo presión, la memoria de Bock no falló. Cuando redactó aquel memo flamígero, faltaban apenas 48 horas para que los argentinos ungieran presidente a Fernando de la Rúa, abrazado a las banderas de la honestidad y la ética.

"Uli" relató también algunas turbulencias que debió sobrellevar. No fue el único. Otros relataron escuchas telefónicas, jugarretas de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y del ex jefe montonero Rodolfo Galimberti -ya reconvertido en contacto de la CIA-, ataques físicos y hasta leyendas sobre secuestros de hijos de ejecutivos que jamás se confirmaron.

Para complicar aún más la situación, el triunfo de De la Rúa y la salida del poder de Menem, su ministro del Interior, Carlos Corach, y su responsable de Migraciones, Hugo Franco, tampoco calmaron las aguas. Y a pesar de aportar 2 millones de dólares a la campaña de la Alianza, Siemens pronto recibió otro mensaje a través de Sergi, que a los 66 años era el mismo de siempre. Es decir, el intermediario que vivió por dentro varios capítulos sórdidos de la historia argentina: desde los créditos del Banco Nacional de Desarrollo (Banade) a la venta de equipos durante la dictadura con epicentro en la Guerra de Malvinas. Y desde las aventuras del Citicorp y del presunto lavado de dinero en los 90 a los radares en los años del duhaldismo y el kirchnerismo, hasta terminar sospechado de financiar el avión de los hermanos Juliá con 900 kilos de cocaína que terminó decomisado en España, en enero de 2011.

Sergi viajó a Alemania, varias veces, para reportarle a la compañía que también tendría que darle dinero a las nuevas autoridades. Y si antes pagó para obtener el contrato, ahora lo haría para mantenerlo vivo, dada la amenaza de rescisión.

Sin papeles, sin constancias y con el riesgo siempre presente del "mexicaneo"-algo que Siemens lo comprobaría del peor modo con su CEO en la Argentina, Luis Schirado-, Reichert y Bock anotaron los pedidos de Sergi y su fiel ladero Miguel Czysch.

Los germanos quedaron indignados. No sabían hasta qué punto Sergi y Czysch les contaban la verdad o cuánto dinero llegaría a los protagonistas de siempre y los nuevos que en teoría se sumaban a la fiesta de los dólares, como el flamante ministro del Interior, Federico Storani, y sus dos colaboradores César Martucci y Miguel Berri.

Un año después, en diciembre de 2000, otra vez en Munich y a raíz de la demora que mostraba Siemens para pagar, Czysch les clarificó a los ejecutivos alemanes que había "incendios molestos" que apagar en Buenos Aires, tanto con la vieja guardia como con la nueva. En cuestión de semanas, les dijo, debían entregar entre 4 y 5 millones de dólares.

-Algunos no pueden esperar -los conminó.

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