El Mercado de Liniers

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29 de junio de 2002  

Pasan los años y el mercado de ganado de Liniers sigue siendo un centro importante de compra y venta de vacunos, lo que, por lo mismo, mantiene despiertos muy razonables deseos de que esa actividad se traslade a un lugar más apropiado para el diario ingreso, concentración y desconcentración de miles de animales, en cambio de un lugar urbano que ha llegado a ser populoso.

Hace más de dos décadas comenzó un debate acerca de ese traslado, desarrollado entonces en torno de dos pivotes capitales. Uno relativo a la supuesta necesidad de que la propiedad del mercado y su administración fueran del Estado nacional; otro, a propósito de la ubicación del nuevo establecimiento. Pareció en un comienzo que se optaría por Mercedes, aunque poco después de llegar a la presidencia el doctor Alfonsín se decidió que fuera Chascomús, donde aún quedan restos de algunas obras que se realizaron con esa finalidad.

Por fortuna hace ya unos diez años se comprendió que la propiedad y administración estatal no eran ni necesarias ni convenientes. Si garantiza información transparente sobre las operaciones y el cumplimiento de las normas sanitarias, siempre será más conveniente la administración privada. Convencido de ello, el Estado nacional otorgó una concesión a firmas consignatarias por el término de diez años, al cabo de los cuales el mercado sí debía trasladarse. Los concesionarios fueron muy exitosos en su gestión y lograron que los negocios ganaderos se recuperaran, tras larga declinación en manos estatales y reiterados temores de que se extinguirían.

En septiembre próximo vencerá ese plazo de diez años y, en consonancia, la Legislatura sancionó la ley 622 para prohibir desde esa misma fecha el ingreso de animales a la ciudad salvo para participar en ferias y otras actividades similares. La empresa concesionaria realizó estudios para determinar las condiciones de un nuevo emplazamiento y realizó gestiones para obtener financiación -hay un costo estimado de alrededor de diez millones de dólares-, intento que, por supuesto, en estos días tiene más de ilusorio que de realista. Por su parte, una ley de la provincia de Buenos Aires fijó a Mercedes como ámbito del nuevo mercado, ubicación que los consorcistas consideran inadecuada.

Otros ingredientes alimentan el debate. Uno es la opinión del Estado nacional, propietario de las 34 hectáreas que ocupa el mercado actual y que estaría dispuesto a cederlas al Gobierno de la Ciudad para que se construya en ellas un gran centro de ferias, sin que se sepa si la cesión sería gratuita o no. Por lo demás, como tampoco la ciudad dispondría de financiación para ese proyecto, es comprensible la actitud de los vecinos del barrio de Mataderos quienes se oponen a que el mercado los abandone, temerosos de que el predio desocupado sea invadido por intrusos.

Los concesionarios piden una prolongación del plazo de la concesión. No se cree que el mercado, que reúne el 20 por ciento de las ventas totales de vacunos del país, pueda ser reemplazado por otros sistemas de venta, incluyendo medios electrónicos de utilización en otras naciones productoras, los cuales requieren la existencia de una infraestructura aún deficiente aquí. Hay en perspectiva, pues, un vacío sensible tanto para la ciudad como para la actividad ganadera. Muchos son los intereses atendibles en ambas esferas y son, asimismo, variados los conflictos que podrían originar: cortar este nudo gordiano demandará, sin duda, una espada filosa y una especial lucidez aplicada a su manejo.

Dado que no existen circunstancias favorables para encarar la solución del problema, posiblemente tendrá que disponerse la continuidad de la concesión, aunque sería necesario estipular que tan pronto como se alivien las dificultades se defina una solución útil para la ciudad, para los ganaderos y para todos los demás participantes de la cadena productiva que confluye a la faena de animales.

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