El ministro que no hablaba en serio

Silvia Pisani
(0)
29 de febrero de 2004  

Al ministro se lo vio alegre en la bien regada mesa, como de risa fácil en el intercambio con sus colegas en el partido del gobierno. No pasó mucho rato hasta que Federico Trillo, el ministro de Defensa de España, se puso de pie y comenzó a imitar a líderes socialistas. Al ex presidente Felipe González y su mano derecha, Alfonso Guerra, entre otros.

Indiferente a la luz roja en las cámaras de varias televisoras locales que no paraban de filmarlo. Y locuaz con los reporteros que tomaban nota, con los cronistas radiales que grababan y hasta con los fotógrafos que tomaban instantáneas. Todos habían sido citados para recoger el pensamiento del ministro y aquello... se les antojó sin desperdicio.

Ninguno de sus contertulios osó contradecirlo. Tampoco cuando llegó la hora de las confesiones personales, que no suelen faltar en estos casos. Ahí el ministro soltó su pena por no haber tomado ocho años antes el islote Perejil, el peñasco mediterráneo que España disputa con Marruecos y que fue objeto de un gallardo desembarco de tropas peninsulares entre las cabras del lugar. Nadie atinó siquiera a apagar el micrófono.

Al día siguiente, la canciller Ana Palacios confesó que tuvo que hablar cuatro veces con el gobierno marroquí para intentar una disculpa. "El ministro no hablaba en serio", fue lo primero que ensayó ante Rabat. Ese mismo día, el ministro que no hablaba en serio volvió a su oficina, mientras el diario El País se preguntaba "¿En qué manos estamos?" y recordaba que Trillo representa al país en la OTAN. España, mientras tanto, recordaba lo sucedido y reía. Se indignaba, volvía a reír, y se indignaba otra vez. A ella nadie le pidió disculpas.

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.