"El movimiento por los derechos humanos fue lento, pero perdura"

El ex presidente norteamericano cree que los documentos clasificados pueden tener información valiosa sobre los desaparecidos
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22 de octubre de 2000  

ATLANTA.- "Algunos dicen que el respeto a los derechos humanos y la defensa de la democracia van a desaparecer de la agenda interamericana al terminar mi mandato. Se equivocan", dijo James Carter en 1980 ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Las dictaduras de la región habían celebrado su derrota electoral contra Ronald Reagan, pero Carter no se daría por vencido.

Dejó la Casa Blanca con la imagen de un perdedor. No había logrado controlar la inflación en los Estados Unidos, no pudo rescatar a los rehenes en Irán, tampoco evitar la invasión de la Unión Soviética a Afganistán. Pero no salió derrotado: creó el Centro Carter y siguió peleando en el mundo entero por su legado. Es incansable, y obsesivo, en cada uno de sus proyectos.

En América latina, ya fue observador en elecciones en Panamá, Venezuela, México y Perú, y dedicó la última conferencia del Centro Carter a estudiar los nuevos desafios que enfrentan las democracias en la región. Durante el encuentro, el ex presidente concedió una entrevista exclusiva a La Nación , y luego al conjunto de periodistas que participaron del debate en Atlanta. El resultado de ambas se transcribe a continuacion.

-Pensando en su último discurso ante la OEA, ¿diría hoy que se equivocaron?

-El presidente Reagan y Jeane Kirkpatrick (su embajadora ante las Naciones Unidas) intentaron revertir lo que habíamos hecho nosotros. Ella hizo un rápido viaje a la Argentina y a Chile para asegurarles a los dictadores que estaba todo bien. Creo que, a pesar de eso, el movimiento hacia el respeto por los derechos humanos tardó en imponerse, pero perduró.

-Su gobierno, por denunciar violaciones a los derechos humanos que se cometían, tuvo una relación tensa con la dictadura militar argentina. ¿Cuál es su recuerdo?

-Lo recuerdo con mucha claridad. En mi mente, la situación en la Argentina y en Chile estaban vinculadas. Mandé a Patricia Derián, que era mi representante especial, para que exigiera a los dictadores que cumplieran con las normas básicas de respeto a los derechos humanos.

-¿Y en los organismos internacionales?

-Usamos al máximo posible nuestra influencia en círculos internacionales, en discursos públicos ante la OEA y, en ocasiones, en las Naciones Unidas. También en el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) Desalentamos préstamos que los dictadores utilizaban para comprar armas, muchas de las cuales usaban en contra de sus propios ciudadanos. Recurrimos a ese tipo de influencias, las que se pueden ejercer desde Washington, al máximo.

-También prohibió la venta de armas y suspendió la ayuda económica a la Argentina.

-Fijamos una política que en esencia sigue siendo la misma hoy: no vender armas avanzadas en países de América latina, con un par de excepciones, unas ventas a Venezuela, y el esfuerzo reciente por parte de Chile por adquirir aviones F-16.

-Los familiares de desaparecidos piden la desclasificación de los documentos del gobierno de los Estados Unidos sobre la dictadura argentina, ¿cree que puede haber información valiosa?

-Creo que sí. Nuestras afirmaciones ayudaron mucho en aquella época. Eran acertadas, aunque lo que hacíamos era revelar a la comunidad internacional cosas que conocían mucho mejor los familiares, por eso marchaban las madres, cuyos chicos habían sido asesinados y sus cuerpos lanzados al océano. Siempre es importante y útil que la comunidad internacional publicite con un perfil muy alto los casos de abusos de derechos humanos.

-Dos décadas después del fin de su gobierno, Augusto Pinochet retiene poder como senador vitalicio, aunque ahora le quitaron los fueros, ¿qué opina?

-Es el dilema más difícil para un activista de los derechos humanos: ¿Le damos impunidad a los perpetradores de crímenes terribles para conseguir su apoyo para establecer un sistema demócratico? En el mundo entero, no sólo en América latina, la decisión ha sido por lo general dejar libres de la amenaza de ir a la cárcel a los líderes militares, o a los del apartheid en Sudáfrica, a cambio de que dieran un paso al costado. En una transición pacífica a la democracia, parece una decisión casi inevitable, aunque es desagradable. En otros casos hubo negociaciones con efectos adversos que aún perduran.

-Se refiere a Chile...

-Ahí estamos frente a un acuerdo que le da un puesto vitalicio a Pinochet y a otros en el Senado, y un porcentaje determinado de las exportaciones que las fuerzas armadas chilenas pueden utilizar sin control civil. Es una cuestión muy difícil que también ocurrió en El Salvador, Guatemala, Paraguay, Sudáfrica y en otros países del mundo. Es fácil, en teoría, condenar esto, y decir que cualquiera que haya sido responsable de la desparición de un chico, o de la ejecución de una persona inocente por objetivos políticos, deber ser castigado. Eso es fácil de decir. Pero en la realidad, ese criminal por lo general está aún en el poder, y sólo aceptará dejarlo dentro de ciertas condiciones.

-¿Estuvo de acuerdo con la detención de Pinochet en Londres, y a pedido de un juez español?

-Me pareció un acto sin precedente, que levanta preocupaciones para mucha gente. ¿Qué pasaría si George Bush viaja al Medio Oriente y en diez años le dicen que es un criminal porque hay gente inocente que murió en esa guerra? ¿O si Bill Clinton viaja más adelante a Kosovo, lo arrestan y lo condenan? Es obvio que Pinochet no está en la misma categoría que Bush o Clinton, pero el principio es lo que resulta preocupante. Creo que el regreso de Pinochet a Chile para ser juzgado en su propio país fue lo mejor. La decisión de perseguir los crímenes cometidos durante dictaduras militares debe ser tomada para cada país, no puede recaer sobre extranjeros.

-Con la aprobación del Plan Colombia, algunos críticos dicen que los Estados Unidos, al igual que en El Salvador, le darán ayuda a las fuerzas armadas que son responsables por violaciones serias a los derechos humanos. ¿Está de acuerdo?

-Con la excusa de que sus oponentes eran comunistas, los Estados Unidos les han dado en el pasado apoyo militar y económico a dictaduras militares, de eso no hay duda. En el caso de Colombia, yo apoyo el plan de ayuda, pero no apruebo, sin embargo, el waiver (perdón) que le dieron por este año a las condiciones que debían cumplir en términos de derechos humanos. Tenemos que respetar los requisitos que impuso el Congreso para impedir que esta plata sea utilizada por fuerzas cómplices de la milicia que viola derechos humanos.

-¿Es posible que los Estados Unidos envíen tropas a Colombia?

-Una intervención es posible, pero no es probable. Sería una decisión muy impopular para cualquier presidente, aun en el caso de que sea a pedido de Colombia.

-¿Puede tener éxito el Plan Colombia aun cuando es resistido por los países vecinos?

-Nadie sabe si el Plan Colombia será exitoso. Creo que al final tendrá que haber negociaciones de buena fe entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno. El Carter Center ya ofreció sus servicios, en caso de que ambas partes pidan ayuda. El acuerdo resultaría extremedamente difícil por la enorme riqueza que genera el narcotráfico. Pero no creo que se pueda alcanzar un acuerdo permanente basado en helicópteros o en el número de armas que tiene cada cada parte.

-¿No es una intervención en los asuntos internos de Colombia?

-De acuerdo con algunas definiciones, el Plan Colombia es una intervención, pero al mismo tiempo es una intervención que fue requerida por el presidente de Colombia. Yo personalmente creo que, en términos generales, el Plan Colombia es aceptable.

-El Centro Carter tuvo una misión en el Perú y fue muy crítico de la reelección de Fujimori, ¿cree que ahora entregará el poder?

-Presumo que el año que viene veremos una elección aceptable en el Perú, y mi esperanza es que el Centro Carter sea invitado una vez más, para dar garantías de transparencia. La decisión de Fujimori de mantenerse en el poder me resulta perturbadora. Si no actúa de buena fe para permitir elecciones libres, será condenado de manera muy severa por su gente y por la comunidad internacional. También lo sería si elige a un candidato y lo promueve con métodos que harían injusta la elección para los demás. Pero creo que intentará evitar eso.

-¿Qué opina de Vladimiro Montesinos, de su relación con los Estados Unidos y de las gestiones para su exilio en Panamá?

-Manuel Noriega también fue un gran aliado de los Estados Unidos, durante la administración Reagan. Cuando hizo una alianza con los sandinistas, ahí fue cuando cayó en desgracia, y eso llevaría al final de cuentas a la invasión. Cometimos muchos errores, y aún nos queda mucho por aprender para defender los derechos humanos no sólo en el exterior, también aquí.

-La CIA admitió que tuvo vínculos con la DINA, la policía secreta del régimen de Pinochet. La conexión con Manuel Contreras, que cumple condena por el asesinato de Orlando Letelier, que ocurrió en Washington, es vista por la familia Letelier como prueba de que los Estados Unidos tuvieron algún grado de responsabilidad. ¿Puede ser?

-No estoy familiarizado con todas las pruebas, y sé que mi voz puede ser utilizada para intentar afectar el resultado de un caso legal. Prefiero no responder. Pero diré que, en 1976, el senador Frank Church investigó las actividades ilegales de la CIA, como los intentos para asesinar a Fidel CastroÉ Son hechos deplorables y criminales. Durante mi gobierno se aprobaron directivas muy estrictas que prohíben cualquier tipo de actividad ilegal por parte de la CIA. Luego, como ustedes, hubo hasta admisiones de que la CIA había orquestado parte de la guerra de los contras en Nicaragua. Ahora hay mayor control, pero con tantas operaciones de la CIA en el mundo dudo que se cumplan todas las normas.

-¿Cómo evalúa la situación de los derechos humanos en los Estados Unidos?

-Aún tenemos violaciones a los derechos humanos. Mi mujer (Rosalynn Carter) acaba de iniciar una campaña, con todo mi apoyo, en contra de las ejecuciones de chicos y de personas con problemas mentales que son condenados a muerte. El sistema judicial no les da a las minorías y a los que no tienen dinero para contratar abogados medios para defenderse de manera justa. Los Estados Unidos también tienen un largo camino por recorrer.

-¿Los problemas sociales no hacen peligrar las democracias?

-La democracia, aunque es preciosa, nunca es permanente. Uno de los grandes riesgos para un gobierno democrático es no cumplir con las demandas básicas de la gente. El Carter Center quiere establecer ciertas pautas que debería cumplir una democracia, para poder comparar la situación entre diversos países. A pesar de los grandes progresos, el objetivo de esta conferencia es enfatizar la fragilidad de las democracias.

-El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sostiene que la democracia representativa ya no sirve, ¿está de acuerdo?

-Es cierto que en Venezuela los dos grandes partidos tradicionales habían perdido todo contacto con la gente, y estaban sujetos a la corrupción. Chávez prometió cambios y los votantes lo identificaron con la reforma total. Para mi sorpresa, cumplió con muchas de sus promesas. Dice que quiere mejorar la distribución del ingreso entre la oligarquía y el pueblo, y en eso le tomo la palabra. Pero su concepto de democracia es muy diferente del que defendemos en el Centro Carter. Hay demasiada concentración de poder en la presidencia, y tiene una gran dependencia de su actual popularidad. Yo creo en la democracia basada en instituciones fuertes ¿Qué pasará en dos o tres años si hay una crisis económica que reduzca su popularidad?

-El Centro Carter fue observador en elecciones en el Perú, Venezuela y también en México. Ahora esos países, salvo México, cuestionan en la OEA a las misiones de observadores, dicen que son injerencias indebidas en sus asuntos internos.

-En el pasado, los Estados Unidos hemos sido culpables de intervención directa en cuestiones internas de otros países, para defender a dictadores o a corporaciones norteamericanas. Tenemos antecedentes en Chile y en la Argenitna, y en muchos otros países. Sin embargo, creo que hemos aprendido mucho, y en el Centro Carter no vamos a un país a menos que nos inviten. Pero el país que se niega a invitar observadores en una elección cuestionada o muy ajustada tiene algo para esconder, eso crea desconfianza. Lo mismo sucede con las misiones de la OEA. Aunque fui presidente de los Estados Unidos, yo voy a los países sin ninguna autoridad. No quiero tener ninguna autoridad.

-¿Qué opina del sistema electoral norteamericano?

-En los Estados Unidos aún tenemos serios problemas vinculados con el financiamiento de las campañas políticas. Hoy día, nadie puede aspirar a ser presidente a menos que tenga acceso a grandes sumas de dinero o sea candidato de alguno de los dos grandes partidos. Esto no era así en mi época. Eso es un serio defecto del proceso norteamericano, y yo no iría a un país extranjero como observador a menos que todos los candidatos tengan un acceso relativamente parejo a los medios de comunicación. Esto no se cumple en los Estados Unidos. Tenemos nuestros problemas también.

-Venezuela y el Perú, entre otros, también sostienen que la resolución 1080, que permite suspender a un miembro de la OEA cuando se produce un quiebre del sistema institucional, sólo se puede aplicar ante un golpe de Estado, ¿está de acuerdo?

-La 1080 llama a la OEA a tomar una acción cuando la democracia es alterada de manera evidente como, por ejemplo, ante el cierre del Congreso. Pero hay algunos países, como México en el pasado y Venezuela hoy, que no quieren que la OEA tenga ninguna autoridad para condenar a los países, sin importar qué suceda. Creo que debemos trazar una distinción responsable entre una intrusión no querida y una intrusión que está diseñada para preservar la Constitución y las leyes del país. Intervención no, pero ayuda sí.

El pacificador

La presidencia inconclusa es el título de la principal biografía de James Carter. En el prólogo, el autor Douglas Brinkley cuenta que ya tenía más de doce capítulos listos cuando advirtió que tenía que hacer algo distinto. En lugar de una biografía tradicional, Brinkley decidió escribir sobre Carter a partir del día que dejó la Casa Blanca. Por lo general, un ex presidente de los Estados Unidos crea su biblioteca, escribe sus memorias, da conferencias, puede hacer negocios, y tiene un lugar de prestigio, pero se mantiene en un segundo plano. El caso de Carter fue diferente. En 1994, las revistas Time y Newsweek le dedicaron la portada a Carter, El pacificador incansable.

Brinkley percibió que "la gente estaba mucho más interesada en la resurrección política que había transformado a un perdedor de los años 80 en un distinguido líder del mundo por la paz". Dejó de lado su proyecto original, que era escribir sobre cómo el político demócrata había llegado a la presidencia. Carter "sabía que quería hacer algo más que construir una librería-museo en tributo a su mandato. Lo que realmente quería era terminar el trabajo inconcluso de su presidencia", escribió Brinkley. La defensa de la democracia y de los derechos humanos, los dos temas que moldearon su legado en la Casa Blanca, siguen siendo las dos causas que definen el trabajo de Carter, a quien muchos llaman -algunos con cierta ironía, pero la mayoría con real admiración- "el más grande ex presidente de los Estados Unidos".

Perfil

  • A James Carter le gusta definirse con las siguientes palabras: "Soy sureño y norteamericano, agricultor y marido, cristiano, político y ex gobernador, físico nuclear y oficial de la Marina, y entre otras cosas, amant e de las canciones de Bob Dylan".
  • Nació en Plains, Estado de Georgia, el 1º de octubre de 1924, en el seno de una familia de cultivadores de maní.
  • Se graduó en la Academia Naval de los Estados Unidos y realizó luego estudios de posgrado en Física Nuclear en el Union College.
  • Está casado con Rosalynn Carter -nacida en su mismo pueblo-, con la que tiene cuatro hijos.
  • En 1971 fue elegido gobernador demócrata de su Estado natal.
  • En 1977 ganó las elecciones nacionales y se convirtió en el 39º presidente de los Estados Unidos. Su gestión tuvo un alto perfil internacional, con algunos sonoros traspiés, y se destacó por el hincapié puesto en los dere chos humanos.
  • Perdió la reelección en 1981 a manos del republicano Ronald Reagan.
  • En septiembre de 1978 logró en Camp David la firma de un histórico acuerdo de paz entre Israel y Egipto.
  • Tras dejar la presidencia, creó la Fundación Carter con el fin de promover programas de paz, de lucha contra la pobreza y en defensa de los derechos humanos. La fundación adquirió fama gracias a sus supervisiones de comicios en distintos países del mundo.
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