El Mundial como cuestión de Estado

Al comprar los derechos de TV, el Gobierno integró la transmisión de los partidos a la estrategia propagandística de Fútbol para Todos
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17 de junio de 2014  

La entrada en escena del Mundial de Brasil, como sucede cada cuatro años por estas latitudes, relega a un plano secundario en la agenda mediática cualquier otra cuestión de índole política, económica, social o cultural que se atreva a entrometerse en el camino de la selección. No es novedosa la fiebre mundialista en la Argentina. Ni siquiera se cuestiona que exista. Aun cuando este Mundial todavía en pañales ha demorado más que otras veces en acaparar espacio en los medios. Tal vez, las andanzas judiciales del vicepresidente Boudou , el incierto destino del fiscal Campagnoli o el acuerdo del Gobierno con el Club de París , entre otros temas, hayan postergado un rato lo inevitable: que el destino de Messi y compañía se convierta en una cuestión de Estado.

Lugar común en otras oportunidades, esa frase adquiere un significado especial en tiempos en los que la política y el fútbol caminan a la par. El fastuoso anuncio de la lista preliminar de 30 jugadores realizado el 13 de mayo en los estudios de Canal 7 con la presencia del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich , ratificó que en la Casa Rosada también juegan su propio Mundial. Al adquirir los derechos televisivos del certamen pagándole un cachet de 18 millones de dólares a Torneos y Competencias, el kirchnerismo se aseguró la continuidad de una estrategia propagandística que lleva cuatro años y que le resultó exitosa políticamente aunque representó un gasto millonario irrecuperable.

Fue en el entretiempo de un Independiente-Racing, a principios de 2010, cuando Néstor Kirchner decidió bajarle el pulgar al ingreso de auspiciantes privados al programa que seis meses antes había inaugurado su esposa, Cristina , desde la Presidencia. El ex presidente estalló de bronca cuando advirtió que se le estaba dando espacio sin retribución monetaria a cambio, por ejemplo, al gobernador bonaerense Daniel Scioli Desde ese momento, y hasta el reciente torneo Final que coronó a River, en cada impasse de los partidos sólo hubo publicidad oficial, una poderosa herramienta política con la que el Gobierno resaltó los logros de gestión y, por ejemplo, reforzó la estrategia de campaña en las últimas tres elecciones.

La decisión de Kirchner se contradijo con el discurso inicial de Cristina, el 20 de agosto de 2009, cuando aseguró que el Fútbol para Todos iba a generar ingresos propios y que el excedente se destinaría a la promoción de los deportes olímpicos. Eso nunca ocurrió. A casi cinco años de su inicio, el programa demandó gastos del Estado por 6127 millones de pesos, girados por la Jefatura de Gabinete, sin contar los gastos operativos y de logística.

Fútbol para Todos entró en escena a mediados de 2009, en plena crisis económica global, con los clubes adeudando cifras millonarias a sus futbolistas y el mercado europeo frenado, casi sin liquidez para realizar las masivas contrataciones de años anteriores. Futbolistas Argentinos Agremiados intervino, convocó a una huelga y el comienzo del torneo Apertura se retrasó. Contra reloj, la AFA debió buscar soluciones y, repentinamente, se abrió una puerta inesperada con una oferta irresistible. El Estado pagaba 600 millones de pesos para hacerse cargo de los derechos de televisación del campeonato de primera división.

Las negociaciones entre el presidente de la AFA, Julio Grondona, y el Gobierno fueron tan vertiginosas como la ruptura del contrato con Televisión Satelital Codificada (TSC), la empresa que integraban Clarín y TyC (Torneos y Competencias), dueña de los derechos desde 1991. Acompañado por José Beraldi y José María Aguilar, dos peso pesados en Boca y River entonces, "don Julio" se reunió con directivos de Torneos y pidió 500 millones para el nuevo contrato, más del doble de los 241 millones que se pagaban hasta ese año. La negativa fue tajante, y Grondona se despidió del encuentro con una advertencia: "El que avisa no traiciona".

Apenas cuatro días pasaron entre la visita de "don Julio" al edificio de San Juan y 9 de Julio y la que realizó a la quinta de Olivos para ver a la presidenta Cristina Kirchner. "¿Cuánto necesitás?", le preguntó Cristina a "don Julio". "Quinientos millones", respondió el titular de la AFA. "Perfecto, te vamos a ofrecer 600, pero no nos uses para renegociar con Clarín", cerró la Presidenta.

El diálogo, breve pero definitivo, motivó una reflexión de Grondona que aún recuerdan en su círculo íntimo: "Menos mal que apareció esta mujer, porque si estaba el boludo del marido no hubiéramos llegado a un acuerdo". Las diferencias entre Kirchner y el dirigente de FIFA eran evidentes. Por eso, el ex presidente miró la negociación desde afuera, hasta el punto de no haber asistido a la inauguración en Ezeiza.

Sin embargo, nunca antes la AFA mantuvo con un gobierno una sociedad tan aceitada como la que construyó con el kirchnerismo en los últimos cinco años. Mirado con recelo en un principio, tal vez por su vinculación con la dictadura de finales de los años 70, Grondona terminó siendo un aliado necesario de la Casa Rosada.

Ya transcurrieron cinco años de continuo envío de dinero por parte del Estado a la entidad, que lo reparte entre los clubes discrecionalmente. Después de aquella primera transferencia de 600 millones, los fondos fueron creciendo paulatinamente hasta llegar a los 1410 millones estipulados en el presupuesto 2014. Esto representa un sideral aumento del 135% y lleva el gasto de Fútbol para Todos a casi 4 millones por día durante este año.

Los ingresos, en cambio, son nulos, en un producto que registró picos de rating de 30 puntos en superclásicos y en el que el precio del segundo de publicidad debería ser muy caro. Si no existen estimaciones respecto del valor de la tarifa es porque el Gobierno cubre el espacio con propaganda propia.

A principios de este año, el posible desembarco de Marcelo Tinelli y su productora Ideas del Sur para hacerse cargo de las transmisiones vislumbró un cambio en ese sentido. Capitanich mantuvo varias reuniones con el afamado conductor y empresario, y estaba todo listo para que, de a poco, el Fútbol para Todos fuera incorporando anuncios de privados. Pero hubo una llamada de última hora que terminó con toda posibilidad. "Sáquenlo a Tinelli, que se cree más importante que yo", le habría ordenado Cristina a Grondona.

Dicho y hecho. Con la misma producción que en los otros nueve torneos televisados, el certamen final que ganó River fue una plataforma ideal de campaña del kirchnerismo. Porque, como dijo Kirchner y recordó Hebe de Bonafini, "el Fútbol para Todos no se hizo para hacer plata, sino para hacer política". Esa frase, más que nunca, lo convierte en una cuestión de Estado. Como el Mundial que acaba de comenzar en Brasil.

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