El mundo, contra el racismo

Por Mary Robinson Para La Nación
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25 de marzo de 2000  

GINEBRA

EL surgimiento en Europa de una extrema derecha nostálgica de un pasado nazi, los recientes ataques a inmigrantes en el sur de España, actitudes antiextranjeras en varios de los países más desarrollados de çfrica, racismo institucionalizado en algunas fuerzas policíacas y sistemas carcelarios. Este listado desagradable y, lamentablemente incompleto, señala una realidad ineludible: el fanatismo y los prejuicios están vivos y activos.

Enfrentar el racismo y la xenofobia debe ser una de nuestras principales prioridades.

Es evidente que la afirmación contenida en el artículo primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos _"Todas las personas nacen libres y con iguales derechos y dignidad"_ no ha logrado convertirse en una realidad. El lugar de nacimiento y el status social heredado determinan a menudo los derechos que uno puede efectivamente reivindicar y la dignidad de la que se disfruta. Se han establecido normas internacionales para prevenir y eliminar la discriminación, pero las realidades sociales y políticas socavan la promesa de una legislación para los derechos humanos.

En septiembre del año próximo, los gobiernos y representantes de la sociedad civil debatirán estas deficiencias en la Conferencia Mundial contra el Racismo, que se reunirá en Sudáfrica. Se revisarán allí las acciones emprendidas para combatir la discriminación desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando la repulsa contra el racismo y la xenofobia condujo a la mayor parte de la humanidad a unir sus esfuerzos y crear las Naciones Unidas y a aprobar la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Cincuenta años después

Una inevitable conclusión a la que llegarán los participantes de la conferencia de Sudáfrica es que, cincuenta años después de aquel tiempo de esperanzas, el racismo y la xenofobia están en ascenso nuevamente. En la última década, solamente, hemos visto actos de genocidio en Ruanda y "limpieza étnica" en la antigua Yugoslavia. Y actualmente continúan ardiendo a fuego lento numerosas crisis que desafían los principios del trato igualitario:

  • Los pueblos indígenas han sido marginados y obligados a habitar las partes más inhóspitas de sus territorios. Su derecho a tierras y recursos naturales no es reconocido. Organismos de derechos humanos de las Naciones Unidas están elaborando normas para protegerlos y remediar las violaciones, pero hay un largo camino que recorrer antes de que los integrantes de estos grupos puedan alcanzar la igualdad de hecho.
  • Los trabajadores migrantes están frecuentemente sujetos a explotación y xenofobia. Son bienvenidos cuando hay escasez de mano de obra, pero son los primeros en ser despedidos cuando surge el desempleo. El instrumento internacional presentado para asegurar sus derechos, la Convención para la Protección de Todos los Trabajadores Migrantes y Sus Familiares, no ha sido ratificado por un solo país industrializado y, por tanto, no ha entrado en vigencia. Los trabajadores indocumentados, sometidos al tráfico humano ilícito o atraídos a otro país con promesas falsas, son los más adversamente afectados por su estado ilegal. Muchas mujeres terminan en la prostitución forzada, sin atreverse a denunciar a sus explotadores porque al hacerlo corren el riesgo de ser devueltas a su país de origen para enfrentar la humillación, la vergüenza o algo peor.
  • Las extendidas violaciones a los derechos humanos han causado un flujo masivo de refugiados. Mucha de la violencia y de los conflictos armados de los últimos años se podrían haber evitado de haberse tomado acciones a tiempo a nivel nacional para frenar la discriminación y dar respuesta a los reclamos sustentados. La comunidad internacional debe aceptar que algunos grupos, absolutamente vulnerables, pueden enfrentar condiciones que no permiten otra opción que la de huir, y que debería ofrecer apoyo en caso de producirse tal situación.
  • El derecho de acudir al asilo se ha tornado cada vez más difícil debido a la implementación de políticas de no admisión ejercidas por la mayoría de los países industrializados. Requisitos para visas, sanciones contra aerolíneas, aislamiento de los solicitantes y procesamiento de solicitudes de asilo en el extranjero han resultado en un descenso significativo del número de solicitantes. Como resultado, muchos eventuales peticionantes de refugio son impedidos de escapar de la persecución en sus propios países.
  • La comunidad de los gitanos está sujeta a la discriminación social en muchos países. Europa, en particular, se encuentra a la deriva respecto de cómo manejar este asunto. Los esfuerzos paternalistas, dirigidos a asimilarlos en las culturas occidentales, aunque bienintencionados, han fracasado, y los Estados de Europa enfrentan la delicada tarea de asegurar condiciones con las cuales los gitanos pueden retener su identidad y dignidad sin ser sujetos de discriminación.
  • Derechos humanos para todos

  • El discurso del odio está en aumento. Los racistas han descubierto una nueva herramienta para difundir sus prejuicios virulentos y destructivos. El discurso del odio puede diseminarse por Internet a un costo relativamente bajo y, en algunos países, sin riesgo de consecuencias penales. En Europa existe una preocupación particular por esta nueva modalidad de propaganda racista, y se han emprendido esfuerzos para controlarla. Sin embargo, los racistas ahora pueden sembrar su prédica de odio desde sitios en los Estados Unidos, protegidos por las disposiciones contenidas en la Primera Enmienda de la Constitución de ese país.
  • El mundo estará esperando que los delegados que se reunirán en Sudáfrica el próximo año vayan más allá de las habituales y predecibles declaraciones de condena del racismo. La conferencia mundial tendrá que agrupar y renovar un compromiso colectivo para implementar lo prometido en los primeros años de la posguerra. La culminación debe ser un plan de acción práctico que cumpla en promover y fomentar el respeto universal de los derechos humanos para todos, sin distinción de raza, color, género u origen étnico o nacional. © La Nación

    La autora es alta comisionada de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos y secretaria general designada de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia (Sudáfrica, 2001).

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