El mundo ya no será el mismo

Ariel Torres
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27 de diciembre de 2009  

Imagínese un hombre que cumple 50 años. Ha nacido en abril de 1453, poco antes de la caída de Constantinopla. Un anciano para su época, mira hacia atrás y ve algo inédito en la historia humana. Ve libros. Libros por doquier.

Nueve millones de volúmenes se han impreso en Europa en el último medio siglo, desde que Johannes Gutenberg publicara su Biblia en 42 líneas en 1455. A este cincuentón, casi seguramente analfabeto, hijo de una Edad Media que ya no volverá, le toca vivir una revolución global, un cambio de paradigma que visita a la humanidad con menos frecuencia que los cataclismos estelares, pero cuando lo hace nada vuelve a ser igual.

El libro para las masas ha disparado la civilización en una dirección inesperada al liberar el flujo de información de la estricta vigilancia de los poderes de turno, al darle a cada persona un privilegio que hasta entonces era impensable e impensado. Un privilegio que hoy disfruta la mayoría de los niños de seis años en el mundo industrializado: leer y escribir.

Ahora otro hombre cumple cincuenta años. Pero es el año 2010. Mira hacia atrás, ¿y qué ve? Ve computadoras por doquier, miles de millones de máquinas de todas clases y formatos que, además, están conectadas a una red global que le permite a casi un tercio de la humanidad comunicar sus ideas y opiniones sin límite y a costos ínfimos. A este cincuentón quizás le está costando adaptarse a los cambios, pero hay algo que la historia le ha enseñado: el mundo ya no será el mismo ahora que 1670 millones de personas tienen acceso a Internet, ahora que el poder de cómputo (el leer y escribir de los tiempos modernos) está en manos de casi cualquier persona en el mundo libre, ahora que para llegar a audiencias masivas no hace falta comprarse un canal de televisión sino pagar 50 centavos de dólar la hora de locutorio.

Si el libro hizo que el costo del acceso a la información se desplomara, la PC, el celular e Internet pusieron al alcance de casi todo el mundo dos fuegos no menos prometeicos: el poder de cómputo y el broadcasting.

En tiempos así no es una profesión, una actividad, un oficio o una técnica las que se ven afectadas. No cambia una página en la partitura de la sinfonía social. Cambia la sinfonía entera. Ni siquiera es una simple transcripción. Es una sinfonía completamente nueva.

Señales no faltan. Ahí está la Wikipedia, con sus 14 millones de artículos en 236 idiomas a costo cero. O Facebook, la red social fundada en 2004 (ayer nomás) y que ya ha cosechado 350 millones de suscriptores. Hasta la página tradicional se abre paso y promete florecer de nuevo y mejor en esta era, con la digitalización de libros que lleva a cabo Google y los dispositivos electrónicos capaces de almacenar miles de volúmenes.

Desde la revolución del libro han pasado 500 años en los que pasamos del feudo a la democracia moderna, del escorbuto y la Tierra plana a la terapia genética y el Hubble.

Los cambios que estamos viviendo hoy no serán menos profundos cuando la historia los examine.

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