El niño y el robot

Por Antonio M. Battro
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29 de octubre de 2000  

En los países más ricos se puede sentir la invasión de robots en la vida cotidiana. Se encuentran por todas partes, no necesariamente bajo formas humanoides o de ciencia ficción sino en artefactos automáticos incorporados, en particular, al trabajo, transporte, salud y entretenimiento, y ahora también a la educación. Me ocuparé de este ultimo aspecto.

Por una parte están los robots comerciales, los que han sido diseñado por adultos para el uso específico de niños y jóvenes, juguetes y juegos robotizados. Por otra, los sistemas constructivos para armar robots con las más variadas propiedades.

Se sabe que cada juguete tiene valor de uso en un período sumamente restringido en la vida del niño, que diferentes juguetes son apropiados para diferentes edades, etc. Entre adquirir un cachorro y un perro-robot puede haber conflictos de intereses.

En todo caso el cachorro crece y puede acompañar al niño y a su familia por muchos y felices años mientras que el robot, posiblemente quede abandonado en un rincón en poco tiempo, por más sofisticado que sea.

Esto se debe, entre otras cosas, a que los robots disponibles no evolucionan con el tiempo y que todo juguete, por definición, tiene un uso que crece hasta un máximo y luego se derrumba inexorablemente. Esto no impide, por supuesto, que un robot comercial pueda tener una aplicación interesante en la enseñanza y que ayude a aprender algo nuevo en ciertos casos. Lo importante es conocer sus limitaciones.

Otra cosa muy diferente sucede cuando es el propio niño quien aprende a armar su robot. Se trata aquí de desarrollar nuevas capacidades cognitivas en el proceso creativo de la construcción de un robot. Para ello se dispone hoy en el mercado de una gran variedad de dispositivos que pueden ser programados por computadora e incorporados a objetos de la vida cotidiana con el fin de realizar acciones en forma automática. Uno de los proyectos con robots más interesantes del Media Lab del MIT se llama manipulaciones digitales. El objetivo es incorporar "inteligencia" a los objetos.

Por ejemplo, una alumna quiso saber cuántos pájaros se acercaban a comer los alimentos que ella dejaba en su jardín, durante su ausencia. Construyó con ese propósito un elaborado sistema que detectaba automáticamente la presencia del pájaro y tomaba una foto instantánea. Todo funcionó a la perfección, salvo que las fotos que el robot obtenía eran de las ardillas que robaban el alimento a los pájaros...

Nos podemos imaginar miles de construcciones como ésta, con elementos sencillos, realizando las más variadas acciones, con sensores y motores elementales, programados por estudiantes que respondan a un interés real, que no sean meras simulaciones. Proyectos de robótica para realizar fuera y dentro de la escuela que demandarán un significativo tiempo de reflexión y de experimentación y que, ciertamente, ayudarán a desarrollar habilidades intelectuales y manuales muy necesarias en la era digital.

Los interesados en comunicarse vía correo electrónico con el autor, pueden hacerlo a la siguiente dirección:

( aprenderhoy@lanacion.com.ar)

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