El no de Suiza y sus efectos

Juana Libedinsky
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25 de abril de 2004  

Flims es la "hermana pobre" de St. Moritz. Si bien están a escasos kilómetros una de la otra, uno no se encuentra aquí con Joan Collins caminando por sus calles envuelta en visón ni con Roger Moore tomando cocktails en sus bares de montaña.

En cambio, esta ciudad suiza es el paraíso de los adolescentes snowboarders con aros en la nariz y los jubilados con camperas compradas durante el flower power de los sesenta y que no renovaron desde entonces.

Pese a todo esto, su pequeño centro comercial es pura ebullición, los hoteles no dan abasto aun a fin de la temporada invernal y las industrias locales son verdaderas máquinas de facturar. No es una sorpresa: toda Suiza acaba de salir, una vez más, a la cabeza del ranking de competitividad europeo, con Noruega bastante cerca.

Curiosamente, estas dos naciones no forman, ni formarán parte en un futuro próximo, de la Unión Europea. Para los analistas eso significa que la UE ya está fallando en su apuesta de convertirse en la economía más competitiva del mundo para 2010. El secreto de la competitividad suiza, según el estudio, se basa en que dominan el ranking en dos áreas clave: educación superior e inversión en investigación y desarrollo dentro de las empresas. Hasta que el resto de Europa se les ponga a la par, los suizos saben que podrán seguir deslizándose por las montañas y la vida laboral solos, pero muy tranquilos.

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