El poeta que se adelantó a la época

Fernando García
Fernando García PARA LA NACION
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7 de septiembre de 2019  

"Los Estados Unidos y la Alemania nazi son lo mismo". A Walt Curtis le pareció que las cosas se estaban poniendo así de feas en los primeros meses de 1976 cuando la Migra salía de cacería en Portland, Oregon, y devolvía a territorio mexicano a sus amigos y amantes, chamacos sobreviviendo entre las cosechas de fruta y una bohemia marginal, lumpen. Acaso su descripción de entonces desbordase desesperación y estuviera más cerca del futuro que del presente. En agosto de 2019 veintidós personas de origen hispano fueron masacradas en El Paso, Texas, por un suprematista blanco llamado Patrick Crusius que actuó bajo la convicción de estar evitando una invasión. Su acto criminal no pudo dejar de verse como una consecuencia de la política oficial de odio hacia los inmigrantes mexicanos expresada por Trump y su ominoso símbolo: un muro para aislar la frontera. Aquello que escribió Curtis se lee por primera vez en español justo ahora en la edición (de ajustada traducción) de Mala noche , una nouvelle que viene a contradecir la época. La política de este libro de culto sobre el que Gus Van Sant realizó su primer película ( Mala noche , 1985) es de amor incondicional hacia los inmigrantes mexicanos. Amor con todos los sentidos y el cuerpo: homoerótico y transcultural.

En una suerte de diario íntimo con resonancias de ensayo etnográfico silvestre, Curtis cuenta seis meses entre 1975 y 1976 en los que, mientras trabajaba como cajero de un almacén en el centro de Portland, conoció a una serie de chicos mexicanos a los que asistía con comida y dinero. De algunos terminaría enamorado y eventualmente tendría sexo con él. Esta circunstancia es central y al mismo tiempo secundaria en un texto que ilumina la frontera entre México y Estados Unidos desde un foco literalmente visceral. Acá sí que hay relaciones carnales. Pero Curtis y sus chamacos encendidos, pillos, representan algo que los excede. En el fondo se trata del encuentro íntimo de dos mundos separados por el lenguaje, la raza y el desarrollo. Johnny, Pepper, Raúl (a quienes el autor dedica el libro) se meten entre las sábanas de un sueño americano apenas repuesto de la pesadilla de Vietnam que atraviesa la resaca de la contracultura.

Curtis, poeta que se sitúa a si mismo entre Allen Ginsberg y Charles Bukowski, expresa esa voz, ese tono generacional de los Estados Unidos entre Nixon y Carter. Su escritura tiene el vértigo de la huella fresca ("observaciones sin matices, en blanco y negro, de los aprietos y los trances de ser un inmigrante latinoamericano ilegal", como lo pone Van Sant en la introducción) que se expresa con el ritmo de un beatnik tardío que ha asimilado la electrificada conciencia de la cultura pop. Su lengua de neón es pródiga en descripciones relampagueantes y minucias escatólogicas y hasta se apropia del discurso de época recurriendo al collage: noticias policiales entremezcladas con sus aventuras. Es un contraste notorio. Donde la prensa señala en el migrante a un potencial delincuente, el street poet, el almacenero bisexual blanco y calvo escudriña una compañía erótica.

Mala noche se editó por primera vez en 1977 como un chapbook de circulación limitada, un secreto a voces en el circuito literario de Portland. La edición argentina corresponde a la segunda vida del texto cuando lo publicó BridgeCity Books en 1997 con agregados del autor, la introducción de Van Sant y una semblanza de la película. Los desgraciados sucesos de El Paso, Texas, convierten al libro en 2019 en una inesperada pieza disidente. Carta de amor que no se corresponde con el odio como política de Estado.

Mala noche

Por Walter Curtis

Caja Negra. Trad.: Cristian De Nápoli. Caja Negra. 222 págs./ $ 540

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