El porvenir del Museo Rivadavia

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1 de noviembre de 2006  

El Museo Bernardino Rivadavia, uno de los pocos que cuentan con un edificio concebido para su función específica, construido de acuerdo con cánones arquitectónicos y conceptos museológicos vigentes en los comienzos del siglo XX, atraviesa un momento de deterioro alarmante que hace temer por el futuro de una de las instituciones más antiguas del país.

La falta de capacidad de gestión financiera e institucional puede vislumbrarse recorriendo sus salas. Los cambios recientes desdibujan su tradicional perfil, ahora coloreado decorativamente como si se tratara de un centro de compras.

Por ejemplo, la sala de aves, que debía ser reemplazada, según un proyecto de los ornitólogos del museo, por una sala de "sonidos de la naturaleza" especialmente equipada, ha sido desarmada y en su lugar ha quedado una estructura inconclusa –por falta de fondos–, por lo que permanece cerrada desde hace 22 meses y paralizada desde diciembre de 2005. Para realizar la obra, la Fundación Antorchas y una firma comercial donaron parte del presupuesto, estimado en 250.000 pesos. El resto, según lo convenido, debía haber sido aportado por el Conicet, a pesar de que se dispone de recursos que son el producto de las ventas de calcos de dinosaurios y de una exposición realizada en Holanda.

El reemplazo de la sala de animales marinos por un bar temático de dudosa estética es otro ejemplo de improvisación. La sala de geología ha sido cerrada y en ella se instaló un planetario de simple tecnología y reducidas dimensiones, adecuado para colegios primarios, aunque está lejos de poder ofrecer experiencias equiparables con las del planetario Galileo Galilei, de Palermo.

La desaparición de las salas de aves y de geología constituyen pérdidas en la oferta museológica, ya de por sí incompleta, obsoleta y desestructurada. El visitante, que no podrá informarse sobre aves, el mar o la gea, es inducido a observar dinosaurios y objetos naturales expuestos en un simple repositorio de animales y plantas, criterio ya superado en los países avanzados. En las salas del museo del parque Centenario faltan conceptos como ecología, ecosistemas, conservación de los recursos, evolución y extinción de especies, cambio climático y agujero de ozono. Tampoco es posible adquirir libros, pues el local de ventas fue cerrado por venta ilegal de fósiles. La biblioteca central, pese al esfuerzo de su escaso personal, permanece generalmente cerrada al público con un servicio interno reducido.

Cuando hace diez años el Conicet aceptó administrar el museo, sabía que el éxito de su gestión se mediría mediante la cantidad de visitantes. Sólo a título informativo, el Museo Nacional de Bellas Artes, con apenas 50 empleados, alcanzó en 2005 la cifra de 500.000 concurrentes, en tanto que el Bernardino Rivadavia, con una planta laboral tres veces superior, sólo atrae a 100.000 visitantes adultos que abonan entrada. En las vacaciones de invierno se vendieron 30.000 entradas, la misma cantidad vendida en el Jardín Zoológico porteño en sólo una jornada del mismo período.

A modo de referencia y como demostración del interés del público por concurrir a instituciones similares, vale mencionar que el Museo Británico de Ciencias Naturales recibe tres millones de visitantes anuales. Ello prueba que la gestión actual está lejos de tener éxito en su labor específica de difusión de las ciencias naturales, a pesar de los 3.500.000 pesos que consume en salarios.

No obstante las denuncias, efectuadas el año último y en este diario, sobre la gestión deficitaria de las autoridades del museo, nada ha cambiado. Por el contrario, incluso da la impresión de haber empeorado, dando muestras de incapacidad para aplicar políticas museológicas actualizadas. En Europa, el turismo cultural realizado sobre la base de visitas a museos atrae a millones de turistas, por lo cual sería hora de contar con un moderno museo de ciencias naturales que atrajese a los adultos y a los niños, y con nivel adecuado para interesar al turismo internacional y local.

En caso de que esa situación negativa no se modifique, el Museo Bernardino Rivadavia habrá dejado de contribuir científica y culturalmente al desarrollo de la sociedad . Sería menester, entonces, que las autoridades se abocasen de inmediato a buscar las metodologías más apropiadas para que ese reservorio recupere su mejor nivel.

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