El prematuro agotamiento del cristinismo

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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27 de mayo de 2012  

El hecho de que un tercio del discurso pronunciado anteayer en Bariloche por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner con motivo del 25 de Mayo estuviera referido a justificar su controvertido viaje a Angola fue una señal de debilidad. Las explicaciones oficiales sobre la importancia para la Argentina de un país gobernado desde hace 32 años por la misma persona y con antecedentes no muy lejanos de violaciones de los derechos humanos demostraron que la primera mandataria debió, al menos esta vez, resignarse a que el periodismo crítico le marcara la agenda.

Los testimonios periodísticos de la visita presidencial a Angola difundidos una semana atrás en el programa de Jorge Lanata, que sumó 20 puntos de rating, podrían tener un efecto perjudicial en la imagen de la jefa del Estado en la opinión pública. La negativa repercusión del singular mensaje de la Presidenta a los empresarios argentinos que integraron la comitiva, con Guillermo Moreno oficiando de apuntador, y la deslumbrante imitación que de Cristina Kirchner realizó la actriz Fátima Flórez impactaron en el entorno presidencial.

Un ex funcionario del gobierno de Néstor Kirchner corroboró la fobia que éste sentía frente a los imitadores. Estaba justificada por el convencimiento del ex presidente de que Fernando de la Rúa había caído en desgracia a partir de las satíricas imitaciones que lo pintaban como un hombre lento, torpe e irresoluto.

El éxito de la imposición del relato oficial precisa, en el imaginario de quienes hoy ocupan la Casa Rosada, no sólo de un multimedio oficial, sino también de la anulación del periodismo crítico. Lo puso de manifiesto días atrás Beatriz Paglieri, secretaria de Comercio Exterior y mano derecha de Moreno, cuando le porfió al periodista de Radio Nacional Eduardo Anguita que "no había fuga de dólares", pese a que en 2011 la salida de capitales rondó los 22.000 millones de dólares. Lo revela también el discurso oficial, que señala que el dólar blue no existe y que, indirectamente, propicia el ideal de la Venezuela de Hugo Chávez, donde los medios de comunicación no difunden la cotización del dólar paralelo, que duplica al oficial, por una razón tan sencilla como impropia de una democracia: les está prohibido darla a conocer, bajo amenaza de recibir severas multas, que podrían llegar hasta la cancelación de la licencia.

Las restricciones al comercio exterior y a la compra de moneda extranjera vienen acompañadas de un cercenamiento cada vez más amplio de las libertades, que parece haber llegado para quedarse. Los derechos a disponer de la propiedad, a comerciar o ejercer industria lícita y a salir del país están siendo dañados por normas que ni siquiera respetan el principio de legalidad. La AFIP carece de facultades para regular el mercado cambiario.

La profundización del modelo kirchnerista ha conducido a un estrangulamiento progresivo de la iniciativa privada y, a estas alturas, no puede descartarse que conlleve nuevos intentos de restringir la libertad de prensa. Las precisiones del titular de la Unidad de Información Financiera (UIF), José Sbattella, vinculadas con la teoría de un golpe de mercado y con la posibilidad de que la flamante ley antiterrorista pueda alcanzar a los medios periodísticos fueron, a fines del año pasado, una primera advertencia.

Detrás de la radicalización del gobierno nacional se advierte un prematuro agotamiento del modelo cristinista, cuyo principal indicador, aunque no el único, es la actual crisis cambiaria. El modelo que rigió desde la llegada de Néstor Kirchner al poder, en 2003, al menos hasta 2006, se caracterizó por un tipo de cambio alto, que favoreció la competitividad; una inflación baja y superávit tanto fiscal como comercial. El modelo cristinista, en cambio, se caracterizó por el atraso cambiario, la elevada inflación y el progresivo deterioro de las cuentas públicas, y hoy hace agua.

Si algo detesta Cristina Kirchner es que se le reproche su apartamiento del modelo económico que, al menos hasta poco después de la ida de Roberto Lavagna del Ministerio de Economía, siguiera su esposo. Por algo, en su discurso de anteayer en Bariloche, la jefa del Estado se preocupó por aclarar: "Fueron dos gobiernos, pero es un solo proyecto, y esto quiero que lo tengan muy en claro".

Pero la nueva fase kirchnerista, teñida por la impronta cristinista, está encontrando sus propios límites:

  • El déficit fiscal. En abril, hubo un superávit fiscal primario de 1061 millones de pesos –un 46% menos que en igual mes de 2011–, pero si se descuentan los pagos de la deuda pública, se pasa a tener un déficit de 1863,3 millones –contra 411 millones de un año atrás– y si se deducen además los aportes de la Anses (1499,8 millones), del Banco Central (187,4 millones), del PAMI (158 millones) y de otras áreas (22,5 millones), el déficit total mensual pasa a ser de 3731 millones de pesos.
  • Los problemas financieros de un buen número de provincias, que ya manifiestan dificultades para afrontar el pago de sueldos públicos; entre ellas, dos emblemáticas, como Buenos Aires y Santa Cruz.
  • La crisis del capitalismo de amigos y la "subsidiocracia", como lo demuestran las experiencias de YPF y de TBA, con los ecos de la tragedia ferroviaria de Once.
  • La explosión del miedo a la moneda nacional, medido por la corrida hacia un bien como el dólar, que la sociedad percibía como barato, merced a la inflación, y ahora como escaso, merced a las trabas cambiarias en el mercado oficial.
  • El incipiente proceso de alejamiento de algunos intelectuales de las filas kirchneristas.
  • Las derivaciones del caso Ciccone y la comprometida situación del vicepresidente Amado Boudou, de quien la Presidenta podría considerarse rehén. En fuentes oficialistas, se consignó que las amplias e infrecuentes facilidades de pago otorgadas por la AFIP para la millonaria deuda que debían afrontar los nuevos dueños de la imprenta tenían el aval de Cristina Kirchner. Como Boudou no lo desconocería, se ocupó especialmente de endosarle la responsabilidad al titular de ese organismo, Ricardo Echegaray, cuando prendió el ventilador en su recordada conferencia sin preguntas, ofrecida pocas horas después del allanamiento del departamento de su propiedad en Puerto Madero.


  • El virtual agotamiento del modelo cristinista no significa necesariamente que estemos cerca del fin de un ciclo. El kirchnerismo logró remontar una situación peor, como la derrota electoral de 2009 y el fuerte descenso de la imagen presidencial de entonces. También la Presidenta se sobrepuso al fallecimiento de Néstor Kirchner, demostrando que posee los genes de un verdadero "animal político". Al mismo tiempo, no pocos economistas admiten que aún puede evitarse un proceso de caída que desemboque en una disminución significativa del nivel de empleo y en un desbocamiento mayor del mercado cambiario.

    Si la incertidumbre en materia económica es grande, no es menor la que depara la oposición. Hay, no obstante, un panorama más claro desde el sinceramiento de Daniel Scioli acerca de sus ambiciones presidencialistas –su mujer, Karina Rabolini, está siendo testeada como potencial candidata a diputada para las elecciones de 2013– y también a partir del empeño de la Presidenta por colocar a Mauricio Macri como su contrincante preferido.

    La confusión, igualmente, retorna al oficialismo cuando se deja trascender que dirigentes kirchneristas que no militan en La Cámpora tratan de desalentar cualquier conflicto entre la jefa del Estado y el gobernador bonaerense con un particular propósito: creen que no debería descartarse para 2015 una fórmula presidencial Scioli-Alicia Kirchner.

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