El presidente bombero

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30 de mayo de 2003  

En su primera semana en el Gobierno, los principales pasos de Néstor Kirchner parecieron dirigidos a demostrar que está lejos de ser un presidente débil y que es un verdadero ejecutivo, que no siente vergüenza por el hecho de que lo comparen con un bombero.

Sus primeros actos también exhibieron el afán del primer mandatario por construir su esquema de poder, que buscará concentrar y compartir lo menos posible.

Tras el descabezamiento de la cúpula de las Fuerzas Armadas, de algo podemos estar tranquilos. Pese a las críticas que mereció en ámbitos castrenses el pase a retiro de medio centenar de generales, almirantes y brigadieres, los militares se muestran absolutamente comprometidos con la Constitución. No cabe esperar hoy, a diferencia de épocas lejanas, sublevaciones o planteos desde las Fuerzas Armadas.

Varias hipótesis se han tejido alrededor de la decisión presidencial sobre el cambio de mandos. Se señaló que Kirchner buscó desplazar a un grupo de oficiales vinculado con un presunto lobby sobre la Corte Suprema de Justicia para que no se declarara la inconstitucionalidad de las leyes de punto final y de obediencia debida. Se escuchó también en fuentes militares que al jefe del Estado le inquietaba el hecho de que, mayoritariamente, los hombres de armas hayan votado por Ricardo López Murphy y Carlos Menem en las recientes elecciones. Por último, diversos analistas interpretaron que todo respondió al deseo de Kirchner de colocar al frente del Ejército a un militar de su estrecha confianza, como el general Roberto Bendini, que fue comandante de la XI Brigada Mecanizada de Río Gallegos.

Otra corriente de opinión da cuenta de que la gran razón de Kirchner guarda menos relación con cuestiones militares que con la necesidad de dar una clara señal de que no es un presidente débil.

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Es probable que las próximas muestras de poder se dirijan hacia la Policía Federal, la SIDE y, con más sigilo, la Corte.

En tal sentido, el analista de opinión pública Carlos Fara ha señalado que, como el Presidente está construyendo poder, "es factible que en sus primeros tiempos veamos a un hombre preocupado por golpear fuerte de entrada, a un Kirchner jacobino , que más adelante dé paso a un Kirchner conservador del esquema de poder por él creado".

Su colega Jorge Giacobbe cree que los primeros actos del primer mandatario han corrido en tres direcciones: "Primero, demostrar que manda, como cuando removió a la cúpula militar; segundo, que actúa y arregla, como cuando viajó a Entre Ríos para solucionar el conflicto docente; tercero, que no depende de nadie, lo cual queda evidenciado por la minuciosidad con que analizó nombramientos de tercer nivel en la administración".

Los primeros pasos de Kirchner han mostrado también un intento por cambiar una tradición sobre la forma de ejercer el poder. Estamos ante un presidente hiperactivo que trabaja sobre cuestiones de actualidad. Sus viajes a Entre Ríos y Formosa constituyen un mensaje a sus funcionarios: los quiere ver en la línea de fuego y no refugiados en sus cómodos despachos.

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