Suscriptor digital

El progreso no se encuentra en Internet

Por Osvaldo F. Canziani Para La Nación
(0)
29 de marzo de 2000  

LA globalización, como tendencia dominante en la aldea humana, parece haber impactado duro en la Secretaría para la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Productiva. De acuerdo con la información periodística, originada en esa misma secretaría de Estado, ha surgido un conflicto en lo que haría al futuro de la ciencia y la informática en los estamentos oficiales. Este conflicto se desató a partir de una propuesta del doctor Dante Caputo de modificar la estructura de la secretaría a su cargo y darle al área científica un rango inferior al de la que manejaría el desarrollo de Internet.

Además, se comparan las condiciones de la ciencia y la tecnología en la Argentina con las correspondientes a los Estados Unidos, como si el ancestro de cada uno de estos países pudiera ser comparable. La verborragia de los políticos nativos hace más evidente aún la dicotomía entre ciencia y política, característica destacada de los países en vías de desarrollo. Ante el fracaso de sus acciones por hallar la solución para un desarrollo sostenible, no encuentran otra manera que la simple comparación con un gigante del aprovechamiento de los recursos materiales y humanos del mundo, para poner el futuro del conocimiento científico nacional en manos de una potencia que ya domina otros quehaceres de la vida argentina. Valga en este comentario el hecho comprobado del desprecio que muestran particularmente algunas instituciones y muchos científicos de países desarrollados por los esfuerzos de nuestros mal pagados especialistas. Ellos muchas veces no disponen siquiera de los fondos para cancelar los relativamente abultados cánones, con los que se tasan las publicaciones de artículos y trabajos en revistas de tirada internacional.

Por otro lado, está resultando bastante habitual la crítica al idioma, en general inglés, utilizado en los trabajos de especialistas argentinos, cuyas ideas, en varios casos observados, suelen ser utilizadas por quienes han realizado el referato de esos trabajos.

Quienes han pasado parte de sus vidas profesionales en países desarrollados, de ese Primer Mundo en el que algunos quieren ingresar urgentemente, saben que la pretensión de reemplazar la investigación y el desarrollo por la navegación en la Web es absolutamente errónea. Saben, también, de las falencias de la enseñanza y la ciencia en el país del Norte, donde, desde antiguo, se han reemplazado las carencias locales con la contratación y asimilación de científicos y tecnólogos de todo origen, entre los cuales los argentinos no son pocos. Claro está que la Argentina no puede adquirir capacidades como las que le son necesarias, debe desarrollarlas. Como país en vías de desarrollo, debe promover tecnologías y métodos de campo no disponibles en el mercado mundial. No le es posible, como dijo un ministro de Economía, comprar lo necesario para nuestro desarrollo. Sin entrar en detalles, es bien conocido que la excelencia no se vende en el mercado, debe ser desarrollada de manera progresiva y continua, puesto que sin ella sólo se puede adquirir basura científica y tecnología obsoleta. Que ejemplos los hay en el desarrollo político y económico de la Argentina.

Buenas bases

La Argentina no debe ni puede matar el sistema científico que creó Bernardo Houssay. Seguramente tiene que modificar los procedimientos con los que los diferentes gobiernos, particularmente aquellos de corte antidemocrático, viciaron el concepto inicial de unas ciencias básicas y aplicadas y una tecnología propia para el desarrollo. Además, no debe ni puede comparar el estado de desarrollo de sus potenciales, que en varias áreas han mostrado valores reconocidos en el mundo, con sistemas que cuentan no solamente con el apoyo oficial sino, y muy particularmente, con el de empresas privadas y fundaciones. Sabido es que esto último no ocurre en la Argentina, de allí la importancia de la tarea del Estado nacional.

El camino hacia un desarrollo apropiado de la ciencia nacional es largo; sin embargo, de su oportuna adopción depende el futuro del país. No pretendamos realizar en un período gubernamental aquello que requiere un pensado plan nacional de desarrollo científico y tecnológico, consensuado y llevado a ejecución entre todos los entes e individuos políticos y científicos. La ex Secretaría de Ciencia y Tecnología y el Conicet tienen buenas bases: limpiemos aquello que no sirve o no funciona, pero no destruyamos nuestro ancestro, simplemente para dar prioridad a un sistema informático que depende total y absolutamente de todo lo que provee la investigación y el desarrollo. Pretender que la Web nos proveerá de la información necesaria para el desarrollo nacional es como querer hacer nuestro alimento sin ingrediente alguno. Quede bien claro que la Argentina, frente a las demandas para su desarrollo sostenible, particularmente en las actuales circunstancias de un cambio global, no hallará nunca lo necesario, para su avance científico y tecnológico, el progreso y la salvaguarda de su comunidad, en Internet.

El autor es climatólogo. Copresidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?