El reloj interno y el aprendizaje

Por Antonio M. Battro
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26 de marzo de 2000  

Todos tenemos momentos del día con mayor lucidez que otros. Existen, además marcadas diferencias individuales: los llamados "búhos" prefieren las horas de la noche, las "alondras", las matutinas.

Tenemos perfiles "cronobiológicos" bien diferenciados y existen tests para medirlos. Ahora sabemos que cada una de nuestras células tiene su propio reloj, cuyas oscilaciones son cercanas a las 24 horas, por eso llamamos "circadianos" a estos ritmos biológicos. El cerebro, por su parte, posee neuronas especializadas en sincronizar todos estos relojes biológicos y la glándula pineal segrega por la noche una hormona, la melatonina, que envía señales horarias a todo el cuerpo.

De esa manera el organismo ha logrado adaptarse al movimiento giratorio de la Tierra sobre su eje y a su traslación alrededor del sol. En muchos casos se han detectado también cambios emocionales y depresiones ligadas a las estaciones. En definitiva, los delicados mecanismos cronométricos son el producto de una evolución de millones de años y conviene tenerlos en cuenta para aprovechar mejor nuestras capacidades intelectuales.

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El tema merece peculiar atención cuando se trata del horario escolar porque los ritmos cronobiológicos y los del aprendizaje están íntimamente acoplados. Hay muchos estudios sobre el tema en relación con el rendimiento escolar. La duración de la jornada escolar varía según los países y las latitudes.

Es común que muchos niños lleguen casi dormidos a la escuela por la mañana. La necesidad de sueño varía con la edad. Cuando se ha dormido poco o mal el aprendizaje sufre las consecuencias de una privación de sueño que afecta a todo el organismo, y muy especialmente al cerebro. Los ritmos cronobiológicos deben ser respetados. En algunos países se han estudiado los efectos negativos de la fatiga escolar sobre el aprendizaje y se han modificado los horarios para optimizar el rendimiento del alumno.

Algunos privilegian una jornada extensa y muy cargada pero conceden largas vacaciones, otros prefieren acortar las vacaciones y brindar menos horas de clase por día. En Francia, por ejemplo, se han realizado campañas para mejorar la calidad del sueño en niños de edad pre-escolar. Pero el problema es muy complejo pues no sólo intervienen los condicionamientos biológicos sino también los sociales, económicos, culturales y geográficos.

Un programa integral deberá tener en cuenta los intereses y necesidades de muchos, comenzando por los propios alumnos, el horario de trabajo de los padres, las vacaciones, que podrían estar mejor distribuidas durante el año, el calendario docente, el aprovechamiento del tiempo libre y el ejercicio físico.

En todo caso, la cronobiología puede hacer un aporte sustancial para mejorar el rendimiento intelectual y el bienestar de toda la comunidad educativa. Los niños resultarán beneficiados y el aprendizaje será más eficiente.

Los interesados en comunicarse vía correo electrónico con el autor, pueden hacerlo a la siguiente dirección:

( aprenderhoy@lanacion.com.ar)

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