El retiro de tropas españolas de Irak

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26 de abril de 2004  

El nuevo primer ministro de España, José Luis Rodríguez Zapatero, confirmó, 24 horas después de asumir su cargo, que las fuerzas de su país abandonarán "lo antes posible" la coalición que ocupa militarmente Irak.

Se trata de unos 1300 soldados, apenas el uno por ciento del total de las fuerzas norteamericanas en Irak. España, al mismo nivel que Holanda, era hasta ahora el sexto contribuyente de tropas de la coalición. Pero su participación tuvo, además, un importante simbolismo. Particularmente, cuando las tropas hispanas operaron en las cercanías de la convulsionada ciudad santa de Najaf, cosechando la admiración de todos por su coraje y profesionalidad.

La decisión de Rodríguez Zapatero, por anticipada, no generó sorpresas. Sí, en cambio, una cuota importante de decepción en los hasta ayer aliados militares de España. Hasta el propio John Kerry lamentó públicamente el retiro de España de Irak y exhortó al gobierno de George W. Bush a encontrar nuevos aliados.

Para algunos, la actitud española, en especial luego de los atentados del 11 de marzo, supone algo así como capitular frente al terrorismo. Particularmente para un país que, en función de convivir con la violencia de ETA, debería rechazarlo de cuajo.

Habrá ahora seguramente varios "efectos Zapatero". En primer lugar, es posible que algunos otros imiten el ejemplo de España. Honduras y la República Dominicana seguirían sus pasos. Otros, como Italia, eligieron no dar paso alguno hacia atrás y mantener los compromisos asumidos al tiempo de sumarse a la coalición. Los norteamericanos, ante lo ocurrido, acaban de decidir el envío de más fuerzas militares a Irak. En segundo término, la relación privilegiada de España con los Estados Unidos dejaría de serlo. Por último, la "volte-face" española la conducirá a acercarse, en política exterior, bastante más a Alemania y a Francia que a Gran Bretaña o los Estados Unidos.

La gran lección, sin embargo, parece ser otra. Fuera de la legitimidad que, respecto del uso de la fuerza dentro del sistema de seguridad colectiva, confieren las Naciones Unidas, la dispersión de aliados frente al terrorismo es siempre un gran riesgo.

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