El sonido de la historia peronista

La marchita, el escudo y el bombo (Planeta), de Ezequiel Adamovsky y Esteban Buch, recorre los emblemas del PJ y suma la sonoridad al retrato
Ezequiel Adamovsky
(0)
13 de noviembre de 2016  

Desde hace algunos años las ciencias sociales vienen llamando la atención sobre el hecho de que el comportamiento humano no puede comprenderse del todo partiendo de un interés exclusivo por la racionalidad de los individuos o por los condicionantes estructurales. Porque tanta importancia como esos aspectos tiene otro mucho menos atendido, que refiere a las maneras en las que los cuerpos se relacionan entre sí en tanto tales.

Personas, animales, objetos inanimados, la geografía: todos esos cuerpos materiales entran en vinculación cotidiana y se afectan mutuamente de modos que van más allá del registro consciente y del lenguaje. El "giro afectivo" de las ciencias sociales plantea justamente la pregunta por los efectos que tienen esas relaciones físicas sobre la vida social. Lo de "afectivo" entra aquí en su doble acepción: refiere a los modos en los que un cuerpo afecta a otro, pero también y por ello mismo, por las formas de afecto que pueden generar los cuerpos al vincularse físicamente.

La afinidad entre estas perspectivas y los estudios sobre el sonido es evidente, ya que el sonido mismo no es otra cosa que una relación material entre cuerpos que vibran y se afectan mutuamente de manera física. Un hombre golpea un parche de cuero, éste emite vibraciones que repercuten en el cuerpo y que el oído convierte en un impulso que el cerebro decodifica: he allí el sonido. Ya ha afectado a esos cuerpos. Luego, esa afectación podrá pasar por los tamices específicos de una cultura. Dependiendo de cómo interactúe con su entorno, podrá ser interpretado como un ruido o como una sonoridad musical, podrá causar temor o felicidad, podrá o no -como el bombo peronista- vincularse con identidades étnicas o políticas.

Por su capacidad de afectación los sonidos desempeñan una función central y cotidiana en la movilización de afectos. La música que usamos para relajarnos, las melodías que preferimos para crear el clima romántico de una cita, el ronroneo del gato disfrutando una caricia, la banda de sonido que incluye el director de un film para indicarnos qué personajes son temibles y con cuáles debemos identificarnos: en todo se evidencia la extraordinaria potencia de las vibraciones sonoras para construir "atmósferas afectivas" que condicionan los modos en los que los cuerpos se vinculan.

Su efectividad descansa no sólo en las evocaciones que despiertan en nosotros y que hemos adquirido como parte de nuestra cultura, sino también en sus propias cualidades acústicas y en el modo en que interactúan con las otras vibraciones del espacio. Bailamos música pop porque nos trae recuerdos de fiestas o porque la canción arenga "¡Mueva! ¡Mueva!", pero también porque su ritmo de base, transmitido en el vibrar de la bocina de los altoparlantes, marca un pulso más veloz que el de nuestro corazón y porque otros cuerpos han salido a la pista a bailar. Al vibrar y al moverse, unos cuerpos afectan a otros.

El de las fiestas es un buen ejemplo del modo en que las vibraciones sonoras pueden colaborar en la creación de atmósferas que faciliten la conexión y la movilización conjunta de los cuerpos. Cualquiera que haya observado trabajar a un buen DJ sabe que su talento radica en captar qué tipo de ritmos y qué artistas funcionarán para el grupo de personas que se reúnan ese día. Dar en la tecla no es todo: debe asegurarse que el sonido tenga la potencia, la distribución y la ecualización correcta para el espacio en el que toca. Si no hay un volumen envolvente no hay baile. Probando grabaciones, va construyendo un clima que seduce paulatinamente a los cuerpos para que se acerquen a la pista. La canción perfecta en el momento inadecuado no funciona. Una vez incitados, vendrá el momento del clímax de la fiesta y luego, a medida que la energía de los bailarines se vaya agotando, el tiempo de ir acompañando con música menos enérgica el ocaso del baile.

Allí donde el DJ tiene éxito, él y los sonidos que administró habrán contribuido a crear un "nosotros" unido por un afecto efímero, un colectivo de personas vibrando, moviéndose y gozando en sintonía. Ninguna de ellas decidió de manera individual y razonada formar ese colectivo; fueron las propias vibraciones del lugar -las de la música, pero también las de los cuerpos puestos en movimiento gracias a ellas- las que dieron a luz ese afecto momentáneo del que emergió el "nosotros" que ocupó la pista.

Y lo que vale para un colectivo efímero también vale para los de existencia más prolongada y efectos más permanentes. Incluso el sentido de pertenencia nacional ha sido analizado bajo esta luz, como un lazo cuya solidez se actualiza no sólo mediante los discursos y enseñanzas verbales, sino también de manera afectiva en celebraciones populares de diverso tipo (especialmente las deportivas), en las que los cuerpos del nosotros entran en sintonía.

Las vibraciones propagadas por los bombos en las manifestaciones pueden entenderse desde estos ejemplos, precisamente por su contribución a la creación de la atmósfera afectiva que acompañó el surgimiento del peronismo. El "nosotros peronista" emergió por supuesto conectado por intereses económicos, posiciones de clase, afinidades ideológicas, entidades sindicales, consignas, etcétera. Pero su potencia se asentó también en la fuerza emocional de esa unión, manifiesta no sólo en lo que respecta al vínculo con el líder, sino también en el que tejieron los peronistas entre sí y en su certeza de conformar el corazón latiente de un "Pueblo" amorosamente conectado.

El sonido envolvente del bombo, las vibraciones que su ritmo grave transmitió sobre los cuerpos, tuvieron un papel protagónico en el proceso por el cual se tejió ese afecto en primera instancia y en el apuntalamiento de su solidez a través del tiempo, en la repetición constante del ritual de marchar al compás de su llamada. No es casual entonces que se haya transformado en un una suerte de hito o ícono sonoro que identifica al propio peronismo tanto como la marcha o el escudo.ß

El autor es doctor en Historia, investigador del Conicet y docente en la Unsam y la UBA

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.