El Sur y el Norte

Por Norberto H. García Rozada
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24 de octubre de 2000  

"¡El Sur también existe!", exclamaron algunos Pérez, tras enterarse de que había sido puesta en funciones la Corporación del Sur. "¡El Sur ya existía... y desde antes que el Norte!", les replicaron otras voces, emitidas por Pérez no menos Pérez que los anteriores.

Para los primeros, Buenos Aires está dividida en dos porciones. Casi como si hubiese dos ciudades: una, próspera y moderna, al Norte; otra, postergada y hasta, si se quiere, retrasada, al Sur. Para los segundos, la ciudad es una sola, y aunque admiten que por idiosincrasia el Norte y el Sur tienen fisonomías diferentes, también sostienen que la mayor parte de los inconvenientes que afectan a la metrópoli son comunes a ambas zonas.

Quienes defienden ese último punto de vista -a pesar, incluso, de las comprobaciones estadísticas que demostrarían lo contrario- son los Pérez que miran con cierta desconfianza las atribuciones y facultades otorgadas a la flamante corporación.

Uno de ellos, buen conocedor del paño por su doble condición de vecino y arquitecto, juzgó sin vueltas que los proyectos en danza responden al particular criterio de quienes analizan el Sur mirándolo desde el Norte. Otros temen que por mucho que la iniciativa pudiese haber sido concebida con buena voluntad, en la práctica vaya a terminar por ser nada más que una gigantesca operación inmobiliaria.

Sospecha que se alimenta -alegan- del hecho de que la corporación, facultada por ley para ejercer jurisdicción sobre un tercio del territorio metropolitano (comienza en la Costanera Sur, sigue por una porción de San Telmo y termina en el sur de Flores, Floresta y Mataderos, y en las villas Soldati, Lugano y Riachuelo) podrá recibir en fideicomiso todos los inmuebles de dominio privado de la ciudad situados dentro de esa generosa concesión. Dispondrá de ellos según le parezca, no estará sometida al control de la Legislatura y, llegado el caso, hasta el 49% de su capital podrá ser transferido a inversores privados, que, es de suponer, antepondrán sus legítimos intereses a cualquier otra finalidad altruista.

***

En el Sur hay lugares cálidos e irrenunciables. Sólo por citar algunos, el entorno del parque Fray Luis Beltrán (Pereyra), en Barracas; la zona residencial del parque Chacabuco; los alrededores del Instituto Bernasconi, en Parque de los Patricios; el barrio Varela, en Flores, y las inmediaciones de la antigua estación Villa Lugano. Los que no los conocían suelen enamorarse de ellos a primera vista.

Sus respectivos vecindarios pretenden que no les perturben su apacible y confiable calidad de vida. "Que nos la preserven -razonan-, sí, pero que no se les ocurra cambiarla."

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