El susto es buen consejero

Por Germán Sopeña
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28 de octubre de 2000  

Algo cambió para mejor a medida que avanzó la semana. No sólo porque mejoraron los índices bursátiles o la cotización de los títulos, sino porque en distintos ámbitos empresariales ganó terreno la idea de que el susto de los mercados puede haber sido suficiente para que se trabaje de ahora en más dejando de lado los intereses estrictamente partidarios.

Jugó más a favor, probablemente, el encuentro sorpresa entre Raúl Alfonsín y Domingo Cavallo que los propios anuncios de José Luis Machinea del lunes último. O mejor dicho: esa reunión entre dos políticos aparentemente inconciliables fue el complemento necesario para que los anuncios de Machinea, orientados en el buen sentido, puedan tener un mejor efecto en una sociedad desconcertada y escéptica.

Sin embargo, conviene separar con cuidado cada hecho y sus consecuencias en un momento de alta sensibilidad política y económica. Primer detalle: los medios económicos y los mercados recibieron con beneplácito la reunión Alfonsín-Cavallo. No porque piensen que Cavallo ya tiene un pie en el Gobierno, sino porque captaron, sobre todo, que la gravedad del momento llevó al propio Alfonsín a dejar de lado eventuales prejuicios y admitir lo que resulta un hecho: que un aval de Cavallo es una ayuda importante para el Gobierno ante el mundo económico interno y externo.

Segundo detalle: que conviene no sobreactuar ni en un sentido ni en el otro. Ni es el momento de hablar ya de un Cavallo ministro ni es para que un ministro como Federico Storani ponga condiciones al propio Presidente aclarando que renuncia si llega Cavallo. Para los mercados y la lógica racional, lo importante es actuar con calma y frialdad.

Tercer detalle: a nadie le puede pasar inadvertido que el gran paso político adelante de esta semana fue el acuerdo entre la Alianza y el partido de Cavallo para que los legisladores de ambas orientaciones voten juntos el presupuesto. Es tan importante ese dato que, seguramente, hay que buscar allí una de las causas de fondo del renacimiento de las expectativas positivas en los mercados.

Cuarto detalle: aunque nadie sabe exactamente qué hablaron a solas Cavallo y Alfonsín, es bastante probable que hayan borrado en buena medida el malentendido surgido a raíz de las declaraciones de Alfonsín contra la convertibilidad. El ex presidente puede haberse sorprendido grandemente al oír de boca de Cavallo que el propio padre de la convertibilidad ya habla, en confidencia, de un futuro de tipo de cambio libre.

En reuniones muy privadas, Cavallo ha sostenido que avizora ya un mediano plazo en el cual se abandone el uno a uno para que la moneda flote libremente, pero con libre convertibilidad. "Para eso, primero hace falta llegar al equilibrio fiscal y tener asegurado un crecimiento sólido, que no obligue a endeudarse, como hasta ahora." Quizá nadie puede proponer una posconvertibilidad, salvo Domingo Cavallo. Y es factible imaginar que esa alternativa de fondo pueda ser el día de mañana la gran carta de un gobierno de la Alianza más afirmado.

Pero ese momento está lejos aún. Por ahora, lo que pasó esta semana permitió ganar tiempo, que es oxígeno puro en política. Sin embargo, la situación difícil no ha desaparecido. Y Machinea deberá enfrentar los próximos meses con todos sus ojos puestos en la tasa de crecimiento. Si ese indicador no se mueve, entonces sí habrá que hablar de otro escenario para un tal Cavallo.

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