El tabú de las armas nucleares, bajo la lupa

Algunos políticos japoneses consideran poner fin a medio siglo de pacifismo
Algunos políticos japoneses consideran poner fin a medio siglo de pacifismo
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30 de junio de 2002  

TOKIO.- Alarmados por el creciente poder de China y preocupados por la dudosa eficacia de las garantías de seguridad otorgadas por Estados Unidos, algunos de los políticos más poderosos de Japón han empezado a considerar el poner fin a la política pacifista de medio siglo de antigüedad y adquirir armas nucleares. En comentarios que dejaron perplejos a muchos en esta ciudad, el jefe de asesores del primer ministro Junichiro Koizumi les dijo a los reporteros la semana última que muy pronto podrían ser revisados lo que Japón denomina sus tres principios no nucleares.

"Los principios son como la Constitución -fue citado Yasuo Fukuda, el principal secretario del gabinete-. Sin embargo, ante los llamados a reformar la Constitución, también es posible que se reformen los principios."

El gobierno de Koizumi estaba particularmente desazonado por lo inoportuno de la controversia. Los primeros reportajes sobre los comentarios de Fukuda aparecieron cuando Koizumi se encontraba en Corea del Sur para las ceremonias de apertura de la Copa Mundial de Fútbol, en la que Japón es coanfritrión, al mismo tiempo que el ministro de Relaciones Exteriores japonés hacía un llamado a India y Paquistán para que se comprometieran a no usar armas nucleares en su conflicto. Inicialmente y en medio de una oleada de críticas, el gobierno de Koizumi negó que se hubiesen hecho tales comentarios. Después, esta semana, Fokuda admitió tardíamente haberlos hecho e insistió, no obstante, que sus comentarios no tenían la intención de enviar señales de un cambio de política. Koizumi fue aún más lejos al decir que su gobierno no tiene la intención de obtener armas nucleares. Los comentarios de Fukuda fueron hechos apenas una semana después de que otro alto funcionario, el subsecretario del gabinete Shinzo Abe, dijera públicamente que Japón podría dentro de la legalidad poseer armas nucleares, siempre y cuando fueran "pequeñas". En consecuencia, las palabras de Fukuda se convirtieron en algo más que una metida de pata para muchos analistas políticos.

En uno de sus muchos intentos por explicar aquellos comentarios, Fukuda, uno de los personajes políticos japoneses más sensatos y con los pies en la tierra, dijo que sólo trataba de que los "jóvenes periodistas" pensaran en forma diferente sobre el futuro de su país. A pesar de la negación de un cambio inminente, expresiones como éstas indican que se está desarrollando un importante cambio en la forma de concebir la seguridad japonesa.

El pacifismo oficial de Japón es más que una simple política. Desde la derrota del país en la Segunda Guerra Mundial, tras los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki -la única ocasión en que han sido usadas armas atómicas en un conflicto bélico-, fue un elemento integral de la identidad nacional. Los tres principios no nucleares -nunca poseer, producir o permitir la existencia de armas nucleares en territorio japonés- fueron ratificados abrumadoramente con un voto parlamentario en 1971, lo que reflejó el firme consenso nacional sobre el tema.

Los principios complementan la Constitución explícitamente pacifista, la que no hace referencia directamente a las armas nucleares. No obstante, los comentarios hechos por funcionarios del gobierno de Koizumi se producen con el telón de fondo de otras declaraciones recientes que muestran un desgaste en el apoyo al pacifismo, al menos entre la clase política. Apenas hace un mes, un influyente líder de oposición, Ichiro Ozawa, prácticamente pronosticó que Japón tendría armas nucleares. "Si China se llega a creer que es muy importante, la respuesta del pueblo japonés será la histeria -dijo-. Tenemos suficiente plutonio en nuestras plantas eléctricas nucleares, así es que es posible que nosotros produzcamos entre tres y cuatro mil cabezas nucleares." Ozawa fue presionado para retractarse de sus comentarios. Pero entonces, según el periódico Tokio Shimbun, el alcalde de esta ciudad, Shintaro Ishihara, llamó a Fukuda para felicitarlo por sus comentarios sobre las armas nucleares. Ishihara, un nacionalista y uno de los políticos más populares de Japón, es percibido como un posible sucesor de Koizumi. Todo esto se dio como un contraste revelador respecto de la última vez que un político prominente consideró tal idea. En octubre de 1999, Shingo Nishimura, entonces el nuevo viceministro de Defensa en el gabinete del primer ministro Keizo Obuchi, dijo en una entrevista que Japón quedaba expuesto a ser "violado" por China al no considerar la posibilidad de tener armamento nuclear. El alud de críticas que se produjo después se volvio tan estridente que Nishimura se vio obligado a renunciar. "Lo que estamos viendo es un cambio excesivamente acelerado después del 11 de septiembre", dijo Robyn Lim, una profesora de relaciones internacionales de la Universidad Nanzan en Nagoya. "Japón ha observado cuán hábil ha sido la diplomacia de Putin al decidir que Rusia cooperará con Estados Unidos con la defensa de misiles y que los efectos de esta decisión se dejarán sentir aquí a través de China. China se fortalecerá aún más rápidamente de lo que los japoneses podrían haberlo hecho. Entonces uno se tiene que preguntar -dijo ella-: ¿por cuánto tiempo más tendrá Japón que seguir siendo la única potencia no nuclear entre los principales países de la región?" Koizumi, de inclinaciones nacionalistas, llegó al cargo apenas hace poco más de un año tras haber prometido reformas económicas drásticas, las que, en gran medida, no ha cumplido, lo que le ha valido que tenga niveles de popularidad desfavorables. Sin embargo, ha usado la alarma surgida a partir de los ataques del 11 de septiembre, así como las opiniones inclinadas hacia una línea dura, cada vez más generalizadas entre los políticos japoneses, para impulsar grandes cambios en la posición sobre la defensa de Japón. Los vecinos de Japón siempre han considerado su status no nuclear con escepticismo. Japón gasta grandes cantidades en energía nuclear y promueve programas de enriquecimiento del combustible nuclear que han producido grandes reservas de uranio adecuado para usarse en armamento. Entre tanto, con el programa espacial, Japón ha desarrollado cohetes que podrían ser convertidos en lanzadores de misiles con gran rapidez. La maestría en estas dos tecnologías ya ha convertido a Japón en una "potencia nuclear virtual" ante los ojos de los expertos en control de armas. Desde hace mucho tiempo, los conservadores japoneses se han sentido frustrados a causa de una Constitución que fue redactada por Estados Unidos durante la ocupación de la posguerra, de 1945 a 1952. La Constitución prohíbe que Japón tenga un ejército o que use la fuerza para arreglar controversias. La revisión de este artículo requeriría de dos terceras partes de los votos en ambas Cámaras del Parlamento. Tal respaldo sería difícil de lograr porque el pacifismo sigue teniendo mucho apoyo popular. En lugar de tratar de revisar la Constitución, Koizumi simplemente ha decidido reinterpretarla en forma liberal. Con poca oposición y por primera vez en el período de la posguerra, envió buques de combate al océano Indico en apoyo a la campaña estadounidense en Afganistán. Este mes está impulsando un proyecto de ley en el Parlamento que le daría a las fuerzas armadas de Japón poderes más amplios en caso de emergencia. "Durante la década del noventa tuvimos cambios casi continuamente en el gabinete y se podría describir al proceso como uno de desvío del rumbo o que es arrastrado por la corriente -dijo Yasuhiro Nakasone, un ex primer ministro que ha apoyado una posición defensiva más asertiva para Japón-. Lo que ha estado haciendo el gabinete de Koizumi es tratar de recuperar el terreno perdido." Corea del Norte, un aliado de China, fue el primero en desencadenar revaluaciones de las necesidades defensivas de Japón cuando realizó pruebas de lanzamiento de misiles balísticos sobre ese país en 1998. Ese lanzamiento de misiles también sirvió para renovar las dudas sobre las garantías estadounidenses respecto de la seguridad japonesa establecidas en un antiguo tratado de defensa mutua. Los japoneses se quejaron amargamente de que Washington no compartió su información de inteligencia de reconocimiento y no le advirtió al país del lanzamiento que realizó Corea del Norte. En respuesta, Japón aceleró el desarrollo de su propio programa de satélite de espionaje, de costo muy elevado, y los políticos empezaron a discutir la necesidad de algo que fuera más allá de las garantías estadounidenses para la defensa de su país. "Simplemente ponga, dudamos que Estados Unidos sacrificara a Los Angeles por Tokio", dijo Taro Kono, un miembro del Parlamento. Kono no apoya el armamento nuclear, pero él es uno de quienes integran el creciente número de jóvenes políticos liberales democráticos que están en favor de las reformas constitucionales que le permitan a Japón defenderse con armas convencionales. Funcionarios del gobierno de Bush dijeron que todavía no ven ningún cambio sustancial en Japón. "No vemos ningún cambio en la política de Japón -dijo Sean McCormack, un vocero del Consejo de Seguridad Nacional-. Nunca había sido más firme la alianza Estados Unidos-Japón."

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