Celebrar al teatro, aún más durante estos días

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30 de junio de 2020  • 00:03

Siempre quise verla, pero por una razón u otra, se me escapaba. Me perdí la puesta de Copenhague que, con dirección de Carlos Gandolfo, se realizó en 2002 en el Teatro San Martín . Me perdí también la que el año pasado dirigió Mariano Dossena en el Centro Cultural de la Cooperación . En ambos casos, me interesaban las apuestas escénicas, los actores y actrices. Pero sobre todo la historia que inspiró al dramaturgo británico Michael Frayn, autor de la obra: la visita que en 1941 realizó el físico alemán Werner Heisenberg al físico danés Niels Bohr. Habían sido colegas; Heisenberg, de hecho, fue uno de los alumnos más brillantes de Böhr. Pero irrumpió la lógica desquiciada de la guerra y ambos quedaron en trincheras opuestas. Heisenberg siguió trabajando en Alemania; Bohr padeció la ocupación de Dinamarca y la amenaza de algo aún peor, dado que su madre era judía. Nunca se supo qué hablaron los dos hombres durante aquella breve jornada. Ambos pertenecían al selecto grupo de eminencias que venía indagando en los secretos de la estructura del átomo. Sabían que sus conocimientos eran imprescindibles para cualquiera de los bandos que apostase al desarrollo de un arma atómica.

Una pregunta está en el origen de Copenhague : ¿qué fue lo que impulsó a Heisenberg a dejar la relativa comodidad de Berlín, desplazarse hasta zona ocupada y tener un breve intercambio con un colega al que no veía desde hace tiempo y el cual, muy probablemente, no tuviera más que sentimientos hostiles hacia Alemania y todo lo que viniera de ella? La respuesta de Frayn es una obra donde imagina un diálogo ríspido, doloroso. Y hace algunas semanas pude finalmente verlo, gracias a los 60 años del Teatro San Martín y la iniciativa de subir versiones grabadas de algunas de sus grandes producciones a la plataforma Cultura en casa ( https://www.buenosaires.gob.ar/culturaencasa ) y a la página web del teatro ( https://complejoteatral.gob.ar/teatro-san-martin ). Asistí, entonces, a una discusión memorable ya no sobre los límites de la ciencia, sino sobre el modo crucial en que la ética, el gesto político y la pasión atraviesan todas y cada una de las expresiones del quehacer humano.

Algo que también aparece, aunque desde un recorte diferente, en Galileo Galilei , la puesta que Jaime Kogan hizo en 1984 a partir de la obra de Bertold Brecht, y que el San Martín liberó este sábado para la visualización online.

Aquí, otra vez, la ciencia, la tensión política, la discusión ética. Nuevamente la recreación de un hecho histórico, en este caso considerablemente lejano. Pero con Galileo Galilei , en mi caso, hubo otra cuestión. Ya no se trató de saldar un deuda, sino de celebrar aquello que, hace 36 años, me hizo ser parte de algo más grande. "Una de las puestas más exitosas del Teatro San Martín", dice la ficha técnica, y aclara que casi 200.000 espectadores asistieron a ella. "Se acerca una nueva época en la que vivir será un placer", dice, en una de las primeras escenas, el Galileo que interpretaba Walter Santa Ana, enorme, ingenuo, radiante.Intento recordar lo que habrá sido escuchar esa frase en la sala colmada de un teatro, a poco de recuperadas la democracia. Para quienes aún éramos chicos cuando vimos esa obra, el impulso democrático siempre tendrá algo del Galileo de Brecht (o del Danton que Andrzej Wajda recreó por esos años):un impulso profundamente humano, imperfecto, corpóreo, vital.

El la obra, los enemigos de Galileo dicen, con suspicacia, que es un ser sensual.Porque el matemático se apasiona tanto con los cálculos astronómicos como disfruta de la comida y el vino. Porque le aterroriza el dolor físico. Porque no quiere ser héroe. Galileo es un humanista que sacó al hombre del centro del universo. La razón que proclama está hincada en la tierra, cerca del sudor y la carne, lejos de la impoluta transparencia de las esferas.

Algo en él me hace pensar en el Heisenberg de Fryn; seguramente sea la fragilidad, la genialidad, la conciencia dolorosa de que el mundo, allá afuera, es algo que los sobrepasa.

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