El tira y afloja presidencial

Martín Dinatale
Martín Dinatale LA NACION
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27 de febrero de 2004  

El presidente Néstor Kirchner caminó en los últimos días por un estrecho desfiladero en el que deambula entre las negociaciones con los países desarrollados y el peligroso juego de un discurso de corte aislacionista para la Argentina.

La dura respuesta de Kirchner al jefe del gobierno español, José María Aznar, cargada de ironía y aspereza, sumada a los gestos de simpatía lanzados a Cuba en la visita del canciller de ese país y el viaje a Venezuela para reunirse con uno de los enemigos de Washington, como es Hugo Chávez, no hicieron más que prender una luz de alerta en Estados Unidos y en Europa.

El caso de España es extraño. Aznar destacó con crudeza que la Argentina debía ayudarse a sí misma para salir de la crisis y añadió que no sería bueno que se quedara al margen de los sistemas financieros internacionales. Quizá no haya demasiados justificativos de parte del jefe de gobierno español para semejantes palabras si se tiene en cuenta que en el último viaje de Kirchner a Madrid hubo afinidad entre ambos mandatarios.

Es probable, según comentaron algunos hombres de la Casa Rosada, que los dichos de Aznar respondan más a una presión ejercida por los acreedores privados al grupo de los siete países más desarrollados del mundo. También es factible, al entender de economistas ortodoxos, que Aznar haya adelantado una respuesta del G-7 con vistas a la quita del 75% de la deuda que reclama Kirchner.

De todas maneras, no había justificativo alguno de parte de Kirchner para responder con tal ironía y aspereza, dos cualidades que distan del lenguaje de la diplomacia. "El país se ayuda solo defendiendo sus intereses", dijo el presidente a Aznar. Una respuesta de Kirchner auténtico: es decir, el reiterado ejercicio del tira y afloja.

* * *

Bajo este mismo juego, Kirchner viajó a Venezuela para comprometer a Chávez y al G-15, conformado por países emergentes, para que lo apoyen en su cruzada contra los acreedores y el FMI.

"Está jugando con fuego", dijo en reserva un legislador del PJ que conoce de relaciones diplomáticas y el pensamiento norteamericano. Recordaba así la promesa que hizo el presidente argentino a Bush en México, en enero último, de "contener" el discurso de Chávez, con la ayuda de Lula.

Es posible que el encuentro del canciller cubano Pérez Roque con Kirchner no desvele a Estados Unidos, aunque sí molesta a Washington el voto de abstención de la Argentina sobre Cuba en laONU.

A estas alturas de los hechos cabe preguntarse: ¿hasta qué punto las palabras de la diplomacia influirán en las negociaciones de la deuda? O, a la inversa: ¿es factible que un uso desmedido de los gestos interfiera en un acuerdo con el FMI o el G-7?

Para la Cancillería la respuesta definitiva es "no". Hombres cercanos a Bielsa creen que los gestos hacia Cuba, Aznar o Chávez corren por cuerdas separadas de la negociación de la deuda. Es más, explican que por ese mismo motivo la Cancillería nunca se sentó en la mesa de negociaciones con Lavagna.

Sólo el paso de las horas dirá hasta qué punto la diplomacia no influye en la economía. En definitiva: si la política oficial del tira y afloja brinda resultados favorables o no para la Argentina.

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