El voto negativo nos califica

Alfredo Leuco
Alfredo Leuco MEDIO:
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6 de octubre de 2001  

Todo acto electoral es una mirada y una radiografía de la oferta política. Pero también de la demanda. Los resultados de una votación hablan de los candidatos, pero también hablan acerca de la sociedad que fue o no fue a las urnas. Sobre su madurez, sobre su grado de compromiso o de anomia.

Hay que ser muy cuidadoso para que el justificado y comprensible derecho a rechazar a "los políticos corruptos e ineficientes" no se convierta para muchos ciudadanos en un atajo para no hacerse cargo de sus deberes. Ojo con el pensamiento facilista que pone la causa de todos nuestros problemas "fuera" de la sociedad y estigmatiza a un sector. La culpa es de "los políticos", se repite con un alto grado de generalización que discrimina, y con el fuerte impulso de muchos viejos y nuevos autoritarios a los que siempre les conviene industrializar las quejas contra la democracia porque es un terreno en el que no se mueven con comodidad.

No hay demasiados antecedentes históricos de sociedades maravillosas, eficientes, honestas, valientes y solidarias que arrojen como resultado representantes políticos desastrosos, incapaces, ladrones, cobardes e insolidarios. En realidad, la experiencia enseña que la cosa es al revés. La clase política suele ser bastante representativa, en sus miserias y sus grandezas, de la clase de gente que somos. Los hombres que se dedican a la política no llegaron de Saturno ni fueron paridos por otras madres. Nacieron en estas pampas y fueron educados, o mal educados, si se prefiere, por los mismos paradigmas y dicotomías que todos los argentinos.

Me resulta por lo menos sospechoso que haya tantos individuos que se crean perfectos y que no encuentren quien represente tanta perfección en ningún candidato. Suelo desconfiar de aquellos que se colocan al margen de los problemas comunitarios y levantan el dedito acusador diciendo: "¡Son ellos los culpables de todos nuestros males! Son ellos, los políticos. Yo no tengo nada que ver. ¿Yo? Argentino".

Tuvimos resultados sociales y culturales desastrosos por esa actitud (¿argentina?) de lavarse las manos, del "no te metás". Este país se deglutió un genocidio mirando hacia otro lado durante mucho tiempo, entre otras cosas por ese individualismo egoísta que proclama el "salvate solo". El ponciopilatismo es muy cómodo, pero engendra dinosaurios sociales. ¿No habrá llegado la hora de preguntarnos qué hemos hecho para merecer esto? ¿O vamos a creer que un grupo de malos políticos surge por generación espontánea o es producto de un desastre natural como un terremoto? Yo sé que el pescado se pudre por la cabeza y que las señales que se enviaron desde lo más alto del poder en la última década fueron decadentes, cargadas de corrupción e impunidad. Pero la verdad es que no hay políticos mediocres en un país de habitantes geniales.

Empezar por refundarnos

Soy periodista y por lo tanto milito entre los que creen que la mirada crítica es la única que nos va a salvar. Y creo que una gran parte de los políticos y funcionarios merece esa actitud crítica por haber utilizado la política en su propio beneficio. Pero también creo en la autocrítica. En mirar la viga en nuestro propio ojo. La bronca y la desilusión deben ser canalizadas para producir transformaciones en los partidos y en la calidad de las instituciones. Nunca para potenciar un círculo vicioso lastimoso que no ofrece otra salida que Ezeiza. Si queremos democracia duradera, necesitamos participación infinita.

Por suerte, no hay en el banco de suplentes un golpe de Estado haciendo precalentamiento. Pero hay un agujero negro llamado descomposición social, que puede ser la madre de todo tipo de calamidades, como el surgimiento de dictadorzuelos mesiánicos que se proclamen a sí mismos salvadores de la patria y otra vez violen la libertad.

No ir a votar o anular con premeditación y alevosía un sufragio es un acto de destrucción. Construir nuevos políticos no es tan fácil ni fugaz. Demanda mucho más sacrificio y generosidad y tenemos que empezar por refundarnos a nosotros mismos, a nuestra familia, nuestro barrio y nuestra comunidad con otros valores humanitarios que sirvan de cimientos. La democracia sólo se cura con más democracia.

Para el final vuelvo al concepto del comienzo. El voto negativo es negativo, valga la perogrullada. El voto negativo califica a los candidatos, pero también califica al que lo emite.

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