Elecciones no tan generales

Enrique Pinti
Enrique Pinti PARA LA NACION
Los seres humanos no tenemos otro remedio que quedarnos con lo que menos perjudique nuestra individualidad más estrecha y egoísta
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31 de julio de 2015  • 00:31

La violencia no da tregua y en un mundo convulsionado por enfrentamientos de toda índole y crisis de diverso origen podemos observar estos fenómenos explotando cotidianamente en países de características diferentes, variadas etnias y costumbres de muy distintas raíces.

Hay cantidad pavorosa de robos, atracos, violaciones sexuales, asesinatos políticos, homicidios por celos, accidentes viales provocados por imprudencia, alcoholismo, ajuste de cuentas de bandas de narcos, mafias deportivas, justicia sobornada por redes delictivas, gobiernos cómplices en las peores corrupciones, descontrol en la venta de armas, justicieros por mano propia, linchamientos, violentas represiones a supuestos o reales delincuentes teñidas de racismos, cárceles de países desarrollados repletas mayoritariamente de personas de raza negra o pertenecientes a países sub desarrollados cuya precaria situación social y económica los hace convertirse en inmigrantes indocumentados, terrorismos con máscaras religiosas que esconden viejas revanchas por abusos y saqueos cometidos siete u ocho siglos atrás y demás desgracias esparcen por el mundo sombras de tragedia, enfrentamientos crueles, guerras interminables y desastres ecológicos debidos en gran parte a la indiscriminada desproporción de especies y reservas en aras de un supuesto adelanto tecnológico.

Ante esta catarata de desmanes y aberraciones los humanos nos enfrentamos al diario vivir con un ánimo consciente o inconsciente de ser sobrevivientes de tanto cataclismo viviendo de ilusiones y refugiados en nuestros afectos y valores individuales.

Ante esta catarata de desmanes y aberraciones los humanos nos enfrentamos al diario vivir con un ánimo consciente o inconsciente de ser sobrevivientes de tanto cataclismo viviendo de ilusiones y refugiados en nuestros afectos y valores individuales.

En medio de este turbulento mar lleno de corrientes frías o calientes con olas que van desde la calma al tsunami, cada tanto tenemos que elegir (los que todavía podemos votar) nuevos gobiernos y tanto el argentino preocupado por el dólar blue, el griego encerrado en un Partenón en forma de corralito, el norteamericano aterrado por las múltiples amenazas que como primera potencia mundial recibe diariamente frente al acercamiento a Cuba e Irán, el intento de socializar la medicina y la proliferación de muertes por abuso de armas al alcance de millones de personas, el español entre una derecha ajustadora, un socialismo ambivalente y un "Podemos" enigmático y, para muchos sospechosamente populista, el brasileño entre la decepción, la crisis y la vuelta a un pasado no muy halagüeño y en fin todos los países del orbe se encuentran en la encrucijada de seguir con los que los llevaron a estas situaciones, cambiar radicalmente saltando al vacío u optar por soluciones mixtas que juntan lo peor y lo mejor de propuestas ya probadas sin resultados totalmente positivos.

Y es en estos momentos de decisión cuando los seres humanos no tenemos otro remedio que quedarnos con lo menos malo y no necesariamente con lo mejor porque esas opciones pasan por lo que menos perjudique nuestra individualidad más estrecha y egoísta. Por ejemplo (ejemplo algo burdo pero definitorio): "Voto por tal partido porque gracias a unas obras mi barrio no se inunda". ¿Y los otros barrios que sí se siguen inundando? "¡Ah, no sé, que voten por otros!". El "yo, argentino" traducción local del Poncio Pilatos bíblico que se lavó las manos y mandó a Cristo a la muerte prevalece en medio de los gravísimos desastres generales. Nadie puede arreglar el mundo si antes no arregla su casa.

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