Elegir no es lo mismo que expeler

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8 de mayo de 2003  

¿A qué han sido convocados los argentinos el próximo domingo 18? ¿A elegir o a desechar?

Aunque se pueda decir que, habiendo sólo dos candidatos, se ejercen ambas funciones, esto es, se elige a uno y se desecha al otro, existen evidencias de que, en este caso, lo segundo predomina sobre lo primero. A lo que ayuda esta somera explicación. Según los comicios del 27 de abril, cada uno cuenta a su favor con alrededor de un quinto del electorado. Pero Menem, si es que no se trata de un alevoso fraude de los encuestadores, se ha ganado, después de diez años y medio de exitoso gobierno, a más del 50% de la opinión pública en contra. Es decir, de gente que no quiere saber nada más con él, con su impresentable entorno, con su peinado de fantasía, con su acento, con la pista de Anillaco, con sus cachetes rellenados por las avispas, con su propaganda invasiva en los estadios, con sus fotos de golfista y tampoco con la Chechu y su oportunísimo embarazo, ni con el maquillador que prepara sus apariciones televisivas como si el hombre se fuera a presentar para un casting de "Rebelde way".

Y lo que también abona la teoría de que la gente, más que a elegir, concurrirá a votar con el afán de expeler al ex mandatario es el hecho de que su rival, Néstor Kirchner, aparte de que no puede ser considerado un piquito de oro capaz de arrastrar a las multitudes con su verba, tampoco se ha mostrado muy feliz a la hora de aclarar cuáles son las ideas que se propone llevar a cabo en el caso de ser elegido. Hasta el punto que lo más concreto que se le conoce es que va a nombrar en su gabinete al actual ministro de Economía, Roberto Lavagna. Con lo que éste podría constituirse en una suerte de émulo del indio Patoruzú, que pateaba los córners y corría luego al área a cabecearlos, ya que le tocará hacerse cargo de todos los muertos que él mismo está barriendo bajo la alfombra y cuya exhumación quedará a cargo del próximo equipo.

Suspiros de un reo

Lo que resta por saber es si esta peculiar manera argentina de designar presidente, signada menos por el afán de elegir a uno que por evitar que lo sea otro, tendrá un resultado positivo. En principio es una posibilidad, si es que se le da crédito a aquello de que escoba nueva barre bien, y no lo será de suponer que más vale malo conocido que bueno por conocer.

En el Margot se hizo una compulsa entre los parroquianos para saber por quién votarían en el ballottage. Cuando le tocó pronunciarse al reo de la cortada de San Ignacio, éste reconoció, luego de un largo suspiro, que se encontraba, por primera vez en su vida, ante un dilema casi insoluble.

"¿Sabe lo que pasa, maestro? Si vuelve el Turco, otra vez hacemos sapo en el Mundial del 2006, porque a la mufa no hay con qué darle. Pero por otro lado me da lástima por la muchacha. Se casó con la ilusión de que iba a ser primera dama. Pero si él no resulta elegido lo va a tener todo el día en casa, leyendo a Sócrates, poniéndole cataplasmas y escuchando sus historias de cuando se creía El Tigre de los Llanos."

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