Elogio del coraje

José Claudio Escribano
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26 de abril de 2011  

Hemos sido convocados para acompañar la entrega del premio de la Unión Internacional de Editores al coraje de un intelectual. En resumidas cuentas, el coraje es un estado de ánimo para afrontar con dignidad la adversidad. Eleva, por encima de los congéneres, a quien lo encarna más allá de la moral media.

Estamos preparados, por valores culturales compartidos desde el más remoto de nuestros predecesores hasta el más joven de los contemporáneos, para celebrar una vida de coraje. El reconocimiento colectivo aflora hasta por la constatación de un hecho, apenas, que evidencie a última hora el valor personal de un hombre. Eso explica la emoción suscitada por el reo que desecha, al pie del patíbulo, el paliativo dudoso de una venda para los ojos, y ordena él mismo que se proceda como actor principal del espectáculo trágico que prefiere presenciar.

El coraje del poeta y editor vietnamita que firma como Bui Chat se ha reflejado en el compromiso en plenitud con el libro y la lectura, con la libertad de pensar y de decir lo que se piensa, que hace a todos más libres, como ha recordado él mismo hace unas horas. Sin apelaciones a la violencia, pero en oposición activa a la censura y al narcisismo de un poder político autoritario.

Bui Chat es joven. Tiene 32 años. Se ha entregado a una de las artes más antiguas de la humanidad: la poesía. Con la poesía, el lenguaje aunó la música a la palabra y ahondó y embelleció la reflexión y los sentimientos. La riqueza de pensamiento está asociada a la complejidad y diversidades convergentes del lenguaje que se habla, se canta y se escucha, se escribe y se lee.

Antes de que en garajes y dormitorios universitarios de la sociedad más desarrollada del planeta las nuevas generaciones trastocaran de súbito las coordenadas de espacio y de tiempo de la comunicación; antes de que los mensajes, de voz y palabra escrita, llegaran con instantaneidad por celulares y la red global, ha cantado el poeta. Ha despabilado nuestros sentidos el narrador de fábulas y de cuentos. Ha predicado el pastor. Ha hecho más hombre al hombre el ensayista. Todos enaltecen por los contenidos el valor de la palabra y de los mecanismos por cuales ella se transmite.

Lo advirtió Oscar Wilde, según la referencia que ha trascendido de mil maneras, pero que, en definitiva, se resumen en una sola. Cuando le mostraron por primera vez un teléfono al gran dramaturgo y le explicaron que era para hablar con alguien que no estuviera necesariamente a la vista, preguntó: "¿Y para hablar de qué?".

Bui Chat y sus amigos intelectuales del movimiento literario vietnamita Boca Abierta han sabido qué hacer con los instrumentos viejos y nuevos de la información y el conocimiento. Han practicado en hojas fotocopiadas y en webzines , y en libros publicados en la clandestinidad, una vocación intelectual que comenzó en la adolescencia con la constitución de un grupo de alegre rebeldía, ante cuyo solo nombre nos rendimos: Asociación de la Poesía y el Vino.

Una colonia dispersa de internautas ha hecho coro a esa vocación manifestada por una poesía de ruptura de estilos y convenciones regulares del lenguaje escrito y, sin duda, del llamado lenguaje culto. Esa poesía experimental, de reflejo de la vida cotidiana y del habla de gentes rudas o de cortés talante, ha quebrado cánones y ha empujado así los límites de la aceptación social y política hacia nuevas fronteras.

No estamos aquí para adherirnos a la poesía que estos jóvenes han divulgado de diversos modos, a falta de editores de la vieja escuela unas veces, y otras, en aprovechamiento de las vías electrónicas por las que se han atrevido al inquietante juego de reescribir lo que se encuentra en el espacio regido por algoritmos. Un crítico ha observado que, en la audacia del cometido, han hecho lo que Marcel Duchamp pintándole bigotes a la Gioconda.

Estamos aquí, sí, para solidarizarnos con el ejercicio de la libertad y de la inspiración creativa individuales, satisfagan o no nuestros criterios estéticos y preferencias doctrinarias. Estamos para alentar, alentando a Bui Chat, a los escritores y artistas que osan volar hacia los confines de lo desconocido. Lo hicieron en el pasado otros pioneros en el arte y las letras; algunos de ellos, hoy sumos sacerdotes de lo consagrado. Y lo hicieron en contravención de lo que eran las reglas en vigor de la época en que vivieron y trabajaron. Así lo hace ahora este poeta y editor, que es, además, mentor de otros editores vietnamitas sin licencia para publicar y que entregan a hurtadillas libros de mano en mano.

Bui Chat fue arrestado una vez en Ho Chi Ming como organizador de noches de lectura poética a través de textos impresos en volantes que él mismo se encargaba de distribuir. La idea de popularizar el espíritu poético de una ciudad lleva a preguntarnos si cabrían esas experimentaciones colectivas en plazas y parques de Buenos Aires.

Hay tiempos en que las vicisitudes del día potencian las condiciones naturales para las cuales está preparado un contexto. Este es uno de ellos. La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, y Buenos Aires como Ciudad Mundial del Libro 2011, han venido a ser ámbitos apropiados para reconocer, con el Premio a la Libertad de Publicación, la lucha de Bui Chat por difundir sus propias ideas y las ideas de escritores y poetas que han logrado, no sin riesgos y contratiempos, evadirse de la censura estatal.

La censura no siempre procede del poder político, que en uno de los extremos de su acción mata o hace saltar rotativas por los aires, y en otro, más sutil y más actualizado, bloquea Internet, pergeña licencias regulatorias o procura neutralizar con abrumadora propaganda la creatividad y la exposición de ideas antinómicas. El sucio oficio en que Goebbels se empleaba con delirio repetitivo se encuentra activo en los comisariatos contemporáneos de la incomunicación y la comunicación compulsivas.

Poder es la fuerza capaz de gravitar sobre los acontecimientos de una sociedad. A veces, la fuerza del poder silenciador proviene de mafias aplicadas al delito común que ocasionan, igual que lo han hecho los peores regímenes políticos contemporáneos, sufrimientos individuales y colectivos enormes. Es lo que sucede con los carteles del narcotráfico, que cobran por año en México una tasa de muertes de periodistas mayor que la de escenarios bélicos entre naciones.

Bui Chat es el fundador de la editorial Giay Vun, que ha cometido, entre otras supuestas transgresiones, la de publicar trabajos con referencias históricas que han ingresado en las listas negras del régimen vietnamita. Lo sabemos bien: manipular el pasado es una de las formas posibles de manipular el presente. La tentación de acomodar la historia y, con ella, la actualidad a las propias conveniencias ha contribuido a fomentar alguno de los ecos de esta imponente feria del libro.

Los padecimientos de Bui Chat se han inferido en el país que supo sobreponerse a una historia de humillaciones coloniales y que, después de la guerra devastadora que siguió a la independencia, ha dado en otros sentidos lecciones sobre cómo recomponerse y progresar sin aduanas ideológicas. Así lo consignan quienes invierten en Vietnam sobre las bases de una economía que refuerza la seguridad jurídica sin la cual no se promueve la confianza ni hay país previsible en sus decisiones.

Las revoluciones se traicionan a sí mismas cuando ahogan la libertad de expresión, la libertad de publicar, la libertad de crear en todos los órdenes del arte y de la investigación en ciencia. Octavio Paz, el escritor mexicano que nos dio libros memorables, hacía notar la vocación suicida que subyace en el culto supersticioso a las doctrinas oficiales: al ignorar el derecho a la crítica, ese culto no hace más que abatir el primer fundamento del espíritu revolucionario.

Octavio Paz retomaba lo dicho por Edgard Quinet, hace un siglo y medio, cuando salió a defenderse de los ataques inferidos a su historia de la Revolución Francesa. Decía: "Se ha hecho la crítica del entendimiento y de la razón. ¿Diréis que la hicieron los enemigos de la razón humana? Del mismo modo, si yo hago la crítica de la Revolución, señalando sus errores y limitaciones, ¿me acusaréis de ser enemigo de la Revolución? Si el espíritu crítico hoy examina sin tapujos los dogmas religiosos y los Evangelios, ¿no es sorprendente que se pretenda suprimir el examen de los dogmas revolucionarios [propios de una teología secular]?"

Un hombre coherente une la palabra a la acción. Es lo que ha hecho Bui Chat y ha distinguido la Unión Internacional de Editores, institución que se fundó en 1896 para despertar la conciencia sobre la gravitación de los libros y de las publicaciones en general, en el desarrollo cultural, político y económico de la humanidad. Un mundo mejor requiere más hombres y mujeres libres en el camino de Bui Chat y de los colegas de Rusia, Irán, Zimbabwe, Túnez, que recibieron antes esta misma distinción.

La primera virtud del premio internacional a la Libertad de Publicación 2011 ha de ser de estímulo personal a un poeta por su comportamiento en el campo minado de las letras. La segunda, para que se extienda el mensaje de que son muchos los que aspiran a que el galardón conferido a Bui Chat contribuya, en otro virtuoso efecto de una imaginaria avenida de doble mano, a suscitar emulaciones.

Los grandes ejemplos pueden tonificar el ánimo de los más débiles de espíritu. Si un mayor número de ciudadanos del mundo templa más el carácter, habrá menos personas que rebajen su condición a la de quienes abandonan ideas y atemperan sentimientos legítimos por temor o por ilegítimas seducciones del poder. O, lo que sería igual: por la desesperación de predicar en el desierto.

Así como la soledad reclama coraje igual que la acción, así también el poeta y el labrador saben que una pequeña semilla, cultivada con diligente constancia, podrá sorprenderlos un día con la grandeza de sus frutos. Serán frutos del coraje, del amor, la tenacidad, la paciencia, la resistencia.

Gracias, Bui Chat.

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