Empleos para discapacitados

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27 de febrero de 2004  

Sorprende notablemente comprobar los testimonios que suelen dar quienes sufren de distintas discapacidades consideradas en otras épocas como absolutamente invalidantes para el trabajo. Para decirlo con más propiedad, llaman la atención de las personas de mayor edad, acostumbradas a situaciones que se han transformado de una manera difícilmente imaginable hace algunas décadas. Los jóvenes, que se han criado viviendo los cambios o asistiendo a sus formas ya establecidas, no viven estos hechos con el mismo grado de sorpresa.

Las noticias que entregan permanentemente los medios de información -este diario incluido- dan cuenta de lo que son capaces de hacer personas que en apariencia están incapacitadas para múltiples actividades laborales. Una panchería en la estación Retiro, bautizada por quienes la atienden con el elocuente nombre de Discapanch, da trabajo a personas que tienen diferentes formas de minusvalías consideradas en otros tiempos como generadoras de inhabilidad para la actividad productiva, como la falta de un brazo, por ejemplo.

Quienes viven o han vivido situaciones como éstas no suelen limitarse a resolver sus problemas personales, pues imbuidos por una distintiva ola de solidaridad suelen agruparse para formar redes sociales de contención y ayuda, con las cuales logran que los beneficios de su empuje se propaguen a otras personas que experimentan problemas similares. No llama la atención, entonces, que como prolongación de Discapanch aparezca un locutorio que se llama Discatrab o un bar bautizado como Discabar.

El año 2004, caracterizado como el año de las personas con discapacidad en toda América latina por el XIII Congreso Iberoamericano, se ha constituido en una ocasión para la multiplicación de los emprendimientos impulsados por personas con estas características. Quienes llevan adelante estas empresas no se piensan a sí mismos como mendicantes en un mundo que se apiada de ellos, sino como plenos generadores de actividad productiva, en condiciones de competir con quienes supuestamente carecen de dificultades.

Puede considerarse un verdadero testimonio de responsabilidad y de voluntad de trabajo lo que hacen estas personas, sobre todo si se lo considera en relación con otras conductas, de personas sanas, por ejemplo, que bajan la guardia ante la falta de empleo y se dedican a buscar la ayuda del Estado para poder sobrevivir. Estos pequeños empresarios no piden nada y, muy por el contrario, es mucho lo que ofrecen y están en condiciones de ofrecer. Tal vez lo más importante que brindan es su testimonio de fe y de voluntad de trabajo, que se levantan contra todas las dificultades y los malos momentos que la vida les ha generado. El concepto de discapacidad es de una relatividad absoluta, como se ha llegado a comprender en nuestro tiempo, y los datos de la realidad lo confirman repetidamente.

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