En La Plata, todos los años el mismo llanto

Por Germán Gómez Para LA NACION
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28 de febrero de 2004  

Una vez más se han vuelto a producir hechos que todos los años se repiten en la Universidad de La Plata. Los candidatos al ingreso en esa casa de estudios pasan por exámenes en los cuales son reprobados de una manera que, potencialmente, debería llevarlos al suicidio. En esta nueva versión, los aplazos llegaron hasta el ciento por ciento entre los que se presentaron a rendir, lo que ha determinado que mucha gente se pregunte acerca de lo que está pasando realmente en el sistema educativo argentino o que proponga todo tipo de ideas para terminar con este aparente espanto.

Las cosas son, sin embargo, algo diferentes de lo que parecen. Los exámenes que rinden los candidatos al ingreso en La Plata son voluntarios. Muchos chicos se someten a ellos con la esperanza de evitar el curso de ingreso, que se dicta en febrero, con el fin de entrar en la facultad elegida sin más dilaciones. Pero las pruebas no tienen nada de fáciles y los alumnos, que están desconectados de sus estudios desde la finalización de las clases, fracasan de manera masiva. Por cierto que después de esta inútil experiencia realizan el curso de ingreso que les propone la Universidad y, en un nuevo examen, las cosas vuelven a la normalidad, con porcentajes de aciertos y fracasos corrientes.

Cabría preguntarse por qué la Universidad de La Plata reitera todos los años el mismo esquema, sabiendo que todo va a volver a ocurrir del mismo modo y que la respuesta mediática va a ser la de siempre, para que todo el mundo, especialistas y no especialistas, derrame abundantes lamentos por tantos chicos fracasados, que no han aprendido nada por culpa de una escuela media que sería un sitio de "contención", como hoy se dice, y no un lugar para estudiar en serio.

La queja platense está dirigida, muy especialmente, a lo que se hace en el nivel que hoy se conoce como polimodal, producto de una reforma educativa sobre la cual muy pocas cosas buenas se pueden decir, porque todo en ella comenzó mal, desde la división de los estudios en ciclos diferentes de los antiguos, sin tener en cuenta la falta de edificios escolares adecuados o de dinero para construirlos. Lo que siguió no fue mucho mejor, porque los contenidos curriculares escolares instalados, bastante discutibles, no son ni fueron ayudas dirigidas a la buena preparación de los alumnos.

La Universidad no se equivoca cuando dice que los alumnos que recibe están, por lo general, mal preparados, pero parece verdaderamente innecesario repetir el mismo esquema de exámenes voluntarios todos los años para que el país entero se indigne por la decadencia del sistema educativo, por el facilismo en los estudios o por la situación supuestamente desastrosa de la juventud argentina.

Nada de lo que pasa en La Plata se advierte ni se denuncia en la Universidad de Buenos Aires, por ejemplo, donde los candidatos al ingreso -que no son extraterrestres, sin duda alguna- cursan el Ciclo Básico Común sin mayores quejas. Cualquiera que examine lo que se hace en el CBC puede comprobar que se trata de una propuesta exigente y no de facilismos adaptados a chicos que no hubieran aprendido nada en la escuela media. La matemática que se enseña y se evalúa, por ejemplo, corresponde a lo que tradicionalmente formó parte del primer año universitario de Ingeniería, Arquitectura o Ciencias Económicas. Y los problemas que se toman en los exámenes están muy lejos de ser sencillos, como lo puede comprobar quienquiera que tenga algunos conocimientos para juzgarlos.

Los alumnos del CBC (y de cursos similares, en otras universidades) reciben clases, tienen a su disposición materiales de trabajo y no ignoran, en modo alguno, lo que se les va a tomar. En el CBC hay fracasos, por cierto, pero no son estrepitosos. Cualquier alumno que tenga aptitudes suficientes, la motivación necesaria y se dedique plenamente al estudio aprobará el curso y podrá seguir su camino universitario. Se ha dicho que el CBC es un "filtro", lo que puede aceptarse si con el término se designa un mecanismo de selección de los mejores, admitiendo que los estudios universitarios no están al alcance de todos y que es absolutamente razonable restringirlos a los más capaces y mejor motivados.

No parece adecuado que la Universidad de La Plata plantee todos los años el mismo poco razonable esquema. Desde un punto de vista pedagógico, no es una buena recomendación tomar exámenes "en frío", fuera de un contexto educativo apropiado. La universidad platense pretende que le lleguen aspirantes mejor preparados, pero, de hecho, se conforma todos los años con los que recibe, después del curso que les da. Por cierto que encuentra siempre la manera de salir adelante, sin necesidad de suicidarse ni de bajar sus cortinas. Por eso, convendría reclamarle que tome en cuenta las experiencias positivas (que las hay, por cierto) y abandone las prácticas y las explicaciones demasiado simplistas para un problema que requiere algo más productivo que el llanto permanente.

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