Ensayan un camino para oxigenar al máximo tribunal

Adrián Ventura
Adrián Ventura LA NACION
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28 de mayo de 2003  

La Corte Suprema envió ayer una nota al presidente Néstor Kirchner en la que le deseó "éxito" en su gestión presidencial.

Este acto, de carácter protocolar, había sido tratado previamente en el brevísimo acuerdo, que duró apenas 45 minutos.

En la reunión, en la que sólo estuvo ausente Antonio Boggiano, los jueces no tomaron ninguna decisión relevante. El cuerpo está virtualmente paralizado.

Por un lado, esta inercia del tribunal, que no decide cuestiones tan importantes como las causas del corralón y las leyes de punto final y de obediencia debida, le da al gobierno espacio para no tener que enfrentar esos problemas en el corto plazo. Pero, también, muestra la voluntad de los jueces de reservarse para el futuro algunas cartas frente a la embestida que viene desde el oficialismo.

Durante el acuerdo, el presidente de la Corte, Julio Nazareno, comentó a sus pares que, durante la Asamblea Legislativa que le tomó juramento a Néstor Kirchner, no tuvo siquiera la oportunidad de saludar al mandatario, ni siquiera para cumplir con el protocolo. Tampoco Nazareno cruzó siquiera una mirada con el ex presidente Eduardo Duhalde, que el año último motorizó sin éxito la remoción contra todos los ministros. Todo un síntoma del clima que se vive en estos días en el tribunal. Frente a esa situación, evidentemente, la Corte autorizó el envío de la misiva, que firmaron todos los jueces.

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"En la gestión de gobierno se llamará al pueblo a expresarse en consulta popular por distintos temas. Pero descarte que se vaya a usar ese mecanismo para preguntar por la permanencia de los jueces de la Corte. Sería saludable que se produjera algún recambio en la Corte, pero eso no depende de la voluntad del Poder Ejecutivo, sino de los propios jueces o del Congreso nacional", dijo el ministro de Justicia, Gustavo Beliz, a LA NACION.

Convocar a un plebiscito para preguntarle al pueblo si los jueces supremos deben permanecer en sus cargos es contrario a la Constitución nacional, que prevé un preciso mecanismo de enjuiciamiento de jueces. Por eso Beliz descalifica ese camino.

Claro que es incontrovertible que el tribunal necesita oxigenarse. Desgastada por el trajín de la época menemista, la memoria de algunos fallos más políticos que jurídicos no se borra fácilmente a pesar de las muchas buenas sentencias que dictó el cuerpo. Pero esta circunstancia no puede justificar que se soslaye la necesidad de respetar las instituciones. El recambio no puede lograrse a cualquier precio.

* * *

También dentro de la propia Corte se escucha de boca de algunos altos funcionarios la necesidad de que se produzcan algunos cambios. Ayer, en conversaciones reservadas fuera del acuerdo de ministros, uno de ellos sugirió a su colega que sería apropiado, para evitar mayores manoseos sobre el tribunal, que uno o dos de los magistrados presentasen tomen la decisión de jubilarse.

Por ahora, ninguno de los jueces decidió tomar este camino. Pero más de uno está evaluandolo. Nazareno lo hace con su círculo íntimo. Y Guillermo López está enfermo. "Hoy, los ministros están más reflexivos y dubitativos que hace dos semanas. El gobierno de Kirchner no llegó tan débil como preveían", admitió uno de los integrantes del cuerpo.

Por ahora, el vector que intentará provocar una brecha dentro de la Corte no proviene del Ejecutivo sino de la Comisión de Juicio Político, que Ricardo Falú (PJ-Tucumán) convocó para mañana. Uno de sus miembros cree que, desde el punto de vista jurídico, la denuncia respecto de Fayt es endeble. Pero la decisión de Diputados de promover la remoción ante el Senado es política, no jurídica.

Hay, sin embargo, un debate en ciernes. Algunos legisladores quieren que, al momento de que se expida la Comisión o el plenario en el recinto, la Cámara baja suspenda a Fayt, para provocar así en la Corte un efecto cascada y conseguir que uno o dos jueces renuncien antes de correr el mismo destino de Fayt.

Sin embargo, en la historia argentina, el Senado nunca reconoció esa atribución a la Cámara baja y siempre reservó para sí la atribución de suspender a los jueces. Si se mantiene esta tradición, el desenlace que buscan los diputados justicialistas se dilataría por algún tiempo.

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