Enseñar ciencia

Por Antonio M. Battro
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9 de diciembre de 2001  

“Consideramos al conocimiento como cosa bella y digna de respeto”, decía Aristóteles como introducción a su famoso tratado sobre el alma, que sirvió de guía a tantas generaciones de maestros.

La belleza y la dignidad de las ciencias siguen siendo reconocidas por muchos pero, con frecuencia, sus aplicaciones plantean interrogantes de toda índole, especialmente de carácter ético y moral. Esta es una de las causas de los numerosos movimientos “anti-científicos” en el mundo. En los países más desarrollados puede percibirse, además, una pérdida de “vocaciones científicas”, que se cubre con el aporte de inmigrantes altamente calificados, lo que aumenta el brain drain de los países pobres a los ricos - profundizando así la injusta divisoria del conocimiento - y, por otra parte, se advierte que, en muchos lugares, las graves urgencias sociales y económicas parecerían no dar respiro ni espacio para crear una sociedad del conocimiento más equilibrada.

Recientemente tuvo lugar en la Academia Pontificia de Ciencias, en el Vaticano, un encuentro dedicado a estos temas. Concurrieron expertos de Africa, Asia, América y Europa, todos ellos interesados en la educación de las ciencias en la enseñanza primaria y secundaria. Entre los temas se trató el impacto extraordinario de los museos de ciencia en la educación de los ciudadanos, empezando por los más chicos, y tomando como modelo el Exploratorium de San Francisco; la expansión de programas escolares basados en la experimentación participativa, como la Main à la pâte inspirado en una iniciativa de la Academia de Ciencias de Francia, donde participan hoy más de 6.000 maestros; la propuesta del Brasil de crear una red nacional de Centros de Referencia para la educación de las ciencias ( CREC ); la necesidad de impulsar centros de excelencia científica en los colegios secundarios, como sucede en algunas instituciones de Rusia; el programa Explora en Chile, donde 1000 científicos dieron 1000 clases en escuelas de todo el país; el interesante acuerdo entre la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU. y la Academia Mexicana de Ciencias para implementar un amplio sistema de ciencia y tecnología en las escuelas mejicanas, la necesidad de crear sitios en Internet dedicados especialmente a la capacitación de los maestros, como en la India.

La comunidad científica internacional está de acuerdo sobre la necesidad de programar experimentos concretos que despiertan la curiosidad y alegría de los niños y jóvenes, donde ellos “aprendan haciendo”, dándoles la posibilidad de explorar y manipular los elementos, de combinar las variables, de poner a prueba las hipótesis explicativas, bajo la guía de maestros capacitados. En este espacio experimental y participativo se deben insertar las computadoras, los sensores y motores, los robots, etc.

El mundo del conocimiento científico, es actualmente, un mundo dual , con una proyección real y otra virtual en cada una de sus actividades y resultados: textos e hipertextos, experimentos y simulaciones, organismos vivos y artificiales. Hay mucho por hacer ¡manos a la obra pues!

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