Entre las amenazas K y el silencio M

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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4 de agosto de 2019  

En la semana que pasó, el kirchnerismo resolvió golpear allí donde los macristas guardan riguroso silencio: la economía, su punto flaco.

Estrategia correcta; implementación deplorable. Ni diseñado en el laboratorio de Jaime Durán Barba podría haber sido mejor pergeñado para favorecer al oficialismo, que, con un mínimo de energía, casi no necesitó patear hacia el arco opuesto porque solo le bastó con correrse un poco para que el otro equipo metiera goles en contra uno tras otro: Cristina Kirchner, al equiparar la crisis humanitaria de Venezuela con la Argentina; Axel Kicillof, al pedir que se midiera mejor la pobreza, algo que cuando él era ministro evitaba hacer para no "estigmatizar" a los que menos tienen, y la promesa de un Indec más preciso rayaron en el humor involuntario. Hasta Máximo Kirchner agitó el fantasma de no pagarle al FMI.

Alberto Fernández también se cansó de ser la cara presentable de la fórmula y ya el domingo anterior anunció rotundo que dejaría de pagar los intereses de las Leliq, algo que luego relativizó ante Eleonora Cole, en LN+. Después volvió a abordar el tema, pero con cierto candor al afirmar que con lo que se "ahorrará" al desactivar ese bono (como si eso fuera tan fácil y rápido) subiría 20% las jubilaciones, les regalaría todos los medicamentos y volvería a convertir en ministerio la Secretaría de Ciencia y Técnica. Así dejó en evidencia ante la vista de todos que la economía tampoco es su fuerte.

"A mí no me importa que cierren los números; quiero que cierre la vida digna de los argentinos", dijo como si un tema no estuviese íntimamente relacionado con el otro. También agitó el fantasma del dólar y consiguió hacerlo subir un poco, pero los mercados no parecieron tomárselo muy en serio. Tiro en el pie: hasta el más distraído sabe que los brincos para arriba de la divisa norteamericana tienen consecuencias directas sobre su poder adquisitivo. Nadie que aliente su aumento gozará de gran simpatía popular.

El manejo fantasioso y voluntarista de los números se hizo bien explícito en el ejercicio lúdico que propuso el matemático y periodista Adrián Paenza en la misma reunión con científicos, en la Facultad de Ciencias Exactas, en la que Alberto Fernández dijo que iba a "cuidar" a la investigadora del Conicet Sandra Pitta (lo que generó otra de las grandes controversias de la semana).

Afín a los jueguitos matemáticos vistosos, Paenza propuso que si dos personas convencen a otras tantas de votar la fórmula Fernández-Fernández, y así sucesivamente, al cabo de 30 días, dada la progresión geométrica, mil millones de personas habrían sido convencidas. En el divertido pasatiempo de Paenza, la hipótesis de cruzarse en algún momento con un no kirchnerista no es algo probable.

Alberto Fernández tampoco tuvo suerte al prometer devolverle la exclusividad de los cielos a Aerolíneas Argentinas. Casi enseguida se supo que el mes pasado fue el de mayor cantidad de pasajeros aéreos de la historia argentina; 1.512.000 personas que ahora viajan a precios más accesibles gracias a la aparición de las low cost.

Pero digamos todo: también resulta altamente preocupante que en la campaña oficialista no se aborde el tema de cómo se piensa reactivar el mercado de consumo doméstico, manejar racionalmente el aumento de tarifas y dar mayores incentivos para que la economía vuelva a ser más productiva y genere nuevos puestos de trabajo de calidad.

En el oficialismo aseguran que el tema será abordado tras las PASO, durante la campaña para las elecciones de octubre. Si la votación del domingo próximo fuese muy favorable al Gobierno estaría tentado de seguir evitando el tema. Pero no hay manera de que no surja en el debate presidencial. Los otros candidatos no se perderán la oportunidad de cuestionar a Mauricio Macri en su propia cara. Y tendrá que esmerarse para no ser acorralado y resultar consistente más allá del marketing proselitista. "Este es el camino", la letanía que no deja de repetir, resultará insuficiente en ese marco. La ciudadanía también merece saber qué alivio concreto recibirán sus bolsillos en los próximos cuatro años. El ajuste, las grandes obras y la lucha contra las mafias no alcanzan.

No todo será cuestión de palabras ni de eficiencia oratoria. El oficialismo procura no hacer olas para que la economía no empeore y sus variables se mantengan estables con tendencia a ir mejorando paulatinamente. "La gente está más adelante del delay que registran los diarios", alegan en la Casa Rosada. "Las expectativas positivas -agregan- vienen subiendo y hay partes del interior que ya vuelan", aluden así al crecimiento del sector agropecuario (49%), que tiende a derramar en consumo en las zonas más beneficiadas por la cosecha récord.

Los desafíos para un segundo mandato de Macri, si se concreta, serán enormes y exigirán un plan bastante más serio e integral que degradar un ministerio en secretaría (el de Agroindustria) y a los once meses anunciar que lo devolverá a ese nivel.

Fortalecer urgente el mercado de consumo doméstico no solo será un acto necesario de justicia hacia la ciudadanía, sino el pasaporte imprescindible para que logre, si se da la reelección, lo que sucederá en cuatro meses: llegar con normalidad al final de su mandato sano y salvo.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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