Estacionamiento, toses y pandemia

Moisés Naím
Moisés Naím MEDIO: El País
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12 de junio de 2020  • 20:03

¿Qué tienen que ver los coches estacionados en un estacionamiento con las búsquedas en internet de las palabras "diarrea" y "tos"? Y, a su vez, ¿qué tienen que ver estos datos con la pandemia que nos está azotando? Mucho. Investigadores de la escuela de medicina de la universidad de Harvard decidieron usar imágenes satelitales para ver cómo fluctuaba el número de coches en los estacionamientos de seis importantes hospitales de Wuhan. Esta es la ciudad de 11 millones de habitantes, situada en el centro de China, desde donde se irradió al resto del mundo el virus que hoy conocemos como Covid-19.

Los científicos adquirieron, de una compañía china que comercia imágenes tomadas desde el espacio, las fotos de los estacionamientos desde enero de 2018 hasta abril de 2020. Al analizar las imágenes, los investigadores descubrieron que, entre agosto y diciembre de 2019, aumentó inexplicablemente el número de coches estacionados en los hospitales. En esos meses, el número fue superior al promedio y también mayor al que se observó cuando hubo brotes de influenza. Pero eso no es todo. En China, Google está bloqueado y el motor de búsqueda equivalente se llama Baidu. En esos dos meses, las consultas en Baidu desde Wuhan de las palabras "tos", "diarrea" y "problemas respiratorios" se dispararon.

El brote comenzó meses antes de que el gobierno chino informara al mundo de lo que estaba sucediendo, lo cual redujo el tiempo que tuvieron otros gobiernos para prepararse

Los investigadores llegan a una conclusión explosiva: "En Wuhan, el aumento de tráfico en los hospitales y de la búsqueda por Internet de información sobre los síntomas, aumentó dramáticamente a finales de 2019 y precedió el comienzo documentado de la pandemia en diciembre de 2019". Según estos datos, el brote comenzó meses antes de que el gobierno chino informara al mundo de lo que estaba sucediendo, lo cual redujo el tiempo que tuvieron otros gobiernos para prepararse. Esto lo niega Pekín y rechaza la validez del estudio. Los autores reconocen las limitaciones de su metodología y de los datos que usaron. Pero es obvio que los resultados de la investigación aportan una útil perspectiva adicional. Y no solo sobre la pandemia.

El efecto Chernóbil: las burocracias tienden a esconder sus errores. Y las de regímenes autoritarios aún más. Esa fue la reacción inicial de la dictadura rusa cuando en 1986 estalló la planta nuclear en Chernóbil. La explosión dispersó material radioactivo en la URSS, partes de Europa y llegó a Canadá. Todo indica que el efecto Chernóbil, que consiste en ocultar el problema, moldeó la repuesta del gobierno chino cuando ya resultaba obvio que lo que sucedía en Wuhan era grave, grande y diferente.

Todo se sabe: por más que trataron, los líderes de la URSS no pudieron impedir que el mundo se enterara de la explosión de Chernóbil y sus efectos. Lo mismo ocurrió con la deliberada demora, primero del gobierno local en Wuhan y luego la de las autoridades en Pekín, en reconocer la magnitud de lo que pasaba. Siempre fue difícil para los gobiernos impedir que, tarde o temprano sus secretos se conozcan. Hoy los secretos gubernamentales se descubren cada vez más rápido. Aun los de las dictaduras.

Todo se mide: ¿quién iba a pensar que el número de coches en un estacionamiento revelaría una incipiente pandemia? ¿O que el volumen de búsquedas de ciertas palabras en internet servía para pronosticar epidemias. En estos tiempos, el hecho de que existimos como individuos genera una montaña de datos que la tecnología capta y procesa. Teléfonos móviles, cámaras, computadores, sensores y plataformas como Facebook, Instagram, Twitter, o Flicker y los motores de búsqueda todo el tiempo recogen información sobre nuestras conductas indivi-duales y transforman esos datos en información utilizable para bien y para mal.

Todo se politiza: el estudio de Harvard se publica en momentos en que las fricciones entre EEUU y China aumentan en número e intensidad. El comercio, la tecnología, las finanzas, la supe-rioridad militar o la influencia geopolítica son algunas de las arenas en las que se enfrentan las dos superpotencias. Otra, muy importante, es la lucha por el prestigio internacional. Después de los traspiés iniciales en reconocer y comunicar el alcance de la pandemia, Pekín lanzó una amplia campaña internacional. Esta enfatiza el éxito de su intervención para contener la pandemia, en contraste con el caos que caracteriza la respuesta de la Casa Blanca. El gobierno de EEUU también emprendó una amplia campaña de desprestigio contra China, enfatizando la opacidad de sus actuaciones y el hecho de que es el país responsable de la crisis. Las denuncias contra China se-rán un tema central de la campaña electoral de Trump. Y a las cuales China responderá.En un mundo sin secretos los conflictos pueden ser manejados, pero no suprimidos.

@moisesnaim

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