"Estados Unidos debería pedir perdón por el golpe de Pinochet"

La hija de Salvador Allende, actual diputada y símbolo del cambio político en Chile, soslaya la nostalgia, pero exige justicia
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29 de octubre de 2000  

Isabel Allende es la hija del primer socialista que se convirtió en presidente gracias a elecciones libres y democráticas, y reclama a los Estados Unidos un pedido de perdón por el golpe que en Chile llevó a Augusto Pinochet al gobierno. Y por la muerte de su padre, el 11 de septiembre de 1973, cuando el ex dictador comenzaba el bombardeo sobre Santiago.

No es la autora de La casa de los espíritus ; es su prima homónima y una de las figuras políticas más prestigiosas de Chile; es diputada nacional por la Concertación para la Democracia, la alianza que hizo que el presidente Ricardo Lagos triunfara en los últimos comicios generales.

A los 28 años abrazó a su padre, Salvador Allende, y huyó corriendo del Palacio de la Moneda por pedido de él. Minutos después, aquel presidente socialista se quitaba la vida con una metralleta que le regaló Fidel Castro. Hoy, Isabel Allende tiene 55 años. Lleva la herencia de su padre en la piel; es un relato viviente de los 17 años de dictadura en el vecino país y, a la vez, dice simbolizar el cambio político, el nuevo socialismo, en una sociedad que aún no se reconcilia entre sí.

Articula un discurso coherente; soslaya la nostalgia, pero quiere justicia. Por eso, llegó a Buenos Aires, para declarar en el juicio por los asesinatos del general Carlos Prats y de su esposa, Sofía Cuthbert, hace 26 años, en Palermo. "Ojalá la justicia argentina llegue a la cabeza de la conspiración (que asesinó a Prats), a Pinochet", desea la mujer, en una entrevista con La Nación .

Se ríe cuando asegura que está "más que acostumbrada" a que la confundan con la otra, con la Isabel que dedicó sus días a la literatura. "A mí me da mucha risa que me confundan con la escritora, eso es algo usual y universal; nos confunden en Europa, aquí y en cualquier parte", dice.

"Una vez me subí a un avión y en la revista de American Airlines, que tiene una tirada millonaria, leí la nota de tapa, que era un reportaje de cuatro páginas a mi prima, todo ilustrado con fotos mías." Y vuelve a reírse a carcajadas.

-¿Cómo es su relación con el presidente Ricardo Lagos?

-Muy buena. El tiene condiciones de líder. Lamentablemente, asumió en un período sumamente difícil; con un 10,5% de desempleo, algo que hiere.

-Su padre decía que quería un socialismo con olor a empanadas y a vino tinto. ¿Qué olor tendría, para seguir con la misma metáfora, el socialismo de Ricardo Lagos?

-El socialismo de Lagos no es puro; él representa una coalición, la Concertación. Lagos es socialista si se lo define por su procedencia, pero llegó a la presidencia gracias a la alianza amplia que en Chile unió fuerzas políticas por primera vez en su historia.

-¿Cómo lo definiría?

-El representa, como nosotros, la urgencia de seguir luchando por un país justo. Chile es injusto: el 20% más rico se lleva el 300% de los ingresos, mientras el 16% sigue siendo pobre.

-Se supone que cualquier persona quiere un país justo...

-Se supone, sí, pero no siempre lo es. En la Concertación queremos crecer y una sociedad más equitativa. En Chile, según donde tú naces, tienes prácticamente definido el destino...

-¿Se refiere a la herencia de la pobreza?

-Sí, precisamente. Hoy, por ejemplo, en Chile la Universidad ya no es pública; por lo que no son iguales las opciones para todos los chilenos.

-La Argentina y Chile, además de una historia de dictaduras recientes, tienen hoy en común una gran deuda social. ¿Cómo se salda?

-Con educación, que debe ser ampliada y pública desde el preescolar. La meta de Lagos, que a mí me enorgullece, es muy ambiciosa: en el 2010 tenemos que salir del subdesarrollo.

-¿Es posible la reconciliación de la sociedad chilena en corto plazo?

-La sociedad está muy dividida en torno de Pinochet. Lamentablemente, seguirá dividida por mucho tiempo. Aunque hayan pasado veintitantos años, para muchas familias ese tiempo fue durísimo y muy humillante.

-¿Hace falta, para eso, una disculpa de Pinochet?

-Por supuesto, pero ni hablar de que él haya pedido perdón. El ha sido siempre muy arrogante. Es decir, fue porque esa arrogancia se le acabó hace poco de un solo viaje (a Londres, donde quedó detenido el 16 de octubre de 1998 por más de 500 días). Igual, para que haya reconciliación es necesario transitar más por caminos que todavía son intransitados.

-¿Los militares tienen aún demasiado poder en Chile?

-Creo que tienen peso, más que poder político.

-Pero en su país, el presidente no tiene poder de decisión sobre la cúpula de las fuerzas armadas...

-Es cierto y es insólito también que hoy el presidente no pueda pedir la renuncia de un comandante en jefe de alguna de las ramas de las fuerzas armadas. Esto, que es obvio en cualquier democracia, en Chile muestra las limitaciones, como lo son la vigencia de senadores designados.

-¿El recorte de decisión sobre las fuerzas armadas y los senadores designados fueron frutos de la Constitución que en 1980 reformó Pinochet. ¿Una de las grandes deudas de ustedes, los políticos con cargos legislativos, es revisar la Constitución de 1980?

-Por cierto. Pero pasa que estuvo muy bien diseñada, ya que se pusieron formas muy difíciles para poder reformar esa Constitución: se necesita una mayoría de cuatro séptimos que nos está impedida por los senadores designados. Es una vergüenza.

-¿La democracia chilena de hoy está vigilada?

-Sí, por lo anterior. Se trata de una democracia vigilada, tutelada.

-¿Y hay peligro de que haya un nuevo golpe de Estado?

-No. En 1973, Chile estaba polarizado, tenso, dividido. Pero hoy somos mayoría quienes respetamos la democracia. Además, el contexto internacional es otra cosa; ya terminó la guerra fría.

-¿Su padre se equivocó cuando designó a Pinochet al frente de las fuerzas armadas?

-Creo que él creyó mucho en el juicio y la opinión de Carlos Prats. Sí, se equivocó. ¿Por qué? Porque confió en Prats; lo hizo porque, incluso, cuando hubo un intento de golpe el 29 de octubre, lo sofocó el general Prats con Pinochet al lado. En ese entonces, Pinochet parecía, o jugaba, como si fuera una persona formada en la doctrina de que las fuerzas armadas no son deliberantes. Después, a Pinochet le molestaba muchísimo Prats.

-¿Por qué?

-Entre otras cosas, porque Prats, de alguna manera, había sido testigo de sus actos, y era incómodo para él. Por ejemplo, Pinochet dijo siempre, pretendió hacer creer, que al golpe lo había planeado con mucha antelación, un hecho que ha quedado totalmente desmentido. Creo que Pinochet se subió al golpe muy a último momento, cuando supo que mi padre convocaría a un referendum; se subió conminado prácticamente por los jefes de la marina, aviación y carabineros, apoyados fuertemente desde afuera. Prats debía haber sabido de las dudas de Pinochet, porque si en algún momento hubiera pensado que Pinochet no era un hombre leal, no lo hubiera recomendado a Allende.

-¿Cuando dice apoyados desde afuera es porque cree que los Estados Unidos jugaron un rol fundamental para el golpe?

-Sí, así lo creo hoy.

-Entonces, ¿Washington debería pedir perdón a Chile por el golpe, por la muerte de su padre?

-Sí, los Estados Unidos deberían pedir perdón por todo, porque no basta solamente con que anden develando documentos, aunque es verdad que eso ayuda. Los Estados Unidos deberían reconocer su rol y pedir perdón con todas las letras, ya que evidentemente intervinieron mal:son directamente responsables del asesinato de Schneider, ellos dieron las armas. Así que son responsables de todo lo que siguió. Y crearon ese monstruito que se llama Pinochet.

-¿Qué opina de Henry Kissinger?

-Es uno de los personajes más comprometidos en esta historia.

-El único acusado hasta hoy por el atentado contra Prats y su esposa es el ex agente de inteligencia Enrique Arancibia Clavel. ¿Faltan acusados en ese banquillo?

-Faltan muchos. Hubo una asociación deliberada para asesinar a Prats; hubo muchos generales involucrados. De hecho, están acusados el ex general Manuel Contreras, los militares retirados José Zara, Raúl Iturriaga, Armando Callejas y otros.

(Las acusaciones son en contra, además, del ex brigadier Pedro Espinoza y los ex agentes civiles de la DINA Jorge Ituarriaga, Mariana Callejas y el ejecutor confeso del atentado, Michael Townley.)

-Familiares de Prats pidieron hace días la extradición de Pinochet. ¿Debería juzgárselo también?

-Totalmente; él fue el gran responsable. ¿Qué duda tenía Pinochet de que la petición del pasaporte de Prats no era fundamentada? El lo sabía y no se lo dio. Sin duda, él es el máximo responsable. Aunque no creo que Chile vaya a dar su extradición, ya que privilegia el juzgamiento de las causas que se tramitan allí. (Pinochet tiene más de un centenar de querellas iniciadas en su contra.) Ojalá, la justicia argentina llegue a la cabeza de la conspiración, a Pinochet. Si él no hubiera estado involucrado, no lo hubieran matado. Es que nadie en su sano juicio podría haber creído que se podía asesinar, sin que lo supiera Pinochet, a quien fue comandante en jefe del ejército y que, además, había recomendado al propio Pinochet a Salvador Allende.

-A Pinochet lo juzgarán en Chile. ¿Qué sería más peligroso para la sociedad, que sea condenado o que sea absuelto?

-Yo creo que nunca van a condenar a Pinochet, porque se inició un juicio que jamás se terminará.

-¿Por qué?

-En Chile, la Justicia es muy lenta.

-¿Quiere decir que el proceso no tendrá correlato en la práctica?

-No. En verdad, es importantísimo que se lo juzgue, tanto como lo que pasó en Londres. Soy una gran partidaria de lo que pasó; es bueno que haya cooperación entre países en contra de crímenes como los de Pinochet. Ese año y medio que estuvo preso fue importante para los derechos humanos.

-¿Por qué cree que no habrá condena?

-Porque el juicio será largo y todo llevará años y Pinochet se morirá en el camino. Igual, lo importante fue, éticamente hablando, que hoy el mundo tiene claro que Pinochet fue la máxima autoridad de la dictadura. Y que es imposible que no supiera de las torturas y de los asesinatos, como el de Prats o el de Orlando Letelier.

-¿La detención en Londres benefició a Chile?

-Sí, la difusión mundial de lo que fue Pinochet, que el mundo supiera acabó con la impunidad en Chile. A mí me da lo mismo que lo condenen a 20 o 120 años. Ya está condenado, y ya se cambió el ánimo de la sociedad. Antes, los únicos involucrados en la defensa de los derechos humanos eran los familiares, pero después del año y medio de Londres, más del 75% de los chilenos saben que Pinochet fue el responsable de violar derechos humanos. Ese hecho será uno de los pilares de la democracia de Chile.

-¿A su padre lo asesinaron?

-Físicamente, sé con absoluta certeza que él disparó el arma. Lo supe después de 1990, con la exhumación del cadáver; fue la primera vez que con mi madre pudimos ver el cuerpo.

-¿Le duele pensar en un suicidio?

-No, lo tomo como un homenaje de gran dignidad. Mucha gente, a partir de su trayectoria, de su vida, y sobre todo de su muerte, se declara allendista . Cuando Allende murió yo tenía 28 años, y sentí muchísima impotencia por su muerte, porque sé que debió haber vivido mucho más.

-Usted estuvo con su padre hasta minutos antes de su muerte...

-Sí, estaba con otras cinco mujeres, amigas, y mi hermana: todas salimos corriendo, cruzábamos la plaza cinco minutos antes del bombardeo. Mi padre nos dijo que nos fuéramos. Su muerte fue el gran homenaje a Chile; él siempre fue muy leal a los chilenos y lo demostró no huyendo como un dictador a la madrugada y en pijama.

Amenazas

Cuando termina la entrevista, en la embajada de Chile en Buenos Aires, Isabel Allende pidió que avisaran a su familia "y a los custodios" que llegaría a Santiago en el último vuelo de esa noche. "Debo avisar para que no se preocupen", explica.

Desde que volvió a su país, hace doce años, tras un exilio de 15 años en México, ella vive amenazada. "No es lindo ni fácil, pero una se acostumbra -dice sin resignación-. Las amenazas se multiplicaron cuando hace dos años fui a declarar a Londres; me querían prohibir que denunciara a Pinochet. Desde entonces, me paso avisando a los custodios a qué hora vuelvo y adónde voy", simplifica. Ella sabe, según asegura, que su rutina seguirá así hasta que "Pinochet tenga su propio desenlace, mientras sus defensores anden por allí como lo hacen los nazis por el mundo".

Perfil

  • Apenas cumplió 18 años, Isabel Allende se inscribió en la universidad pública para estudiar sociología. Amaba la política, pero con las cuatro candidaturas de su padre,Salvador Allende, había sido suficiente para ella. "En mi casa sucedía como en las casas de los padres médicos que todo el tiempo hablan sólo de medicina. Mi padre hablaba siempre de política y traía a almorzar a casa, cada día, a un colega. Era demasiado", recuerda.
  • Con el título universitario bajo el brazo, consiguió su primer trabajo en la Biblioteca del Congreso de la Nación.
  • El 11 de septiembre de 1973 se despidió de su padre, Salvador Allende, y junto con su madre, su hermana y su esposo, viajó a México, donde pasó quince años de exilio. Allí fue docente y se divorció.
  • Visitó Europa para denunciar los horrores de la dictadura pinochestista. En uno de sus viajes, solicitó al gobierno alemán que ayudara a sacar al general Carlos Prats y a su esposa de la Argentina, donde el mismo año fueron asesinados. Y visitó varias veces al papa Juan Pablo II para contarle sobre el régimen pinochetista.
  • En 1988, regresó a su país. El poder de Pinochet ya estaba debilitado. Reorganizó el socialismo y se postuló para una banca en el Congreso nacional.
  • Durante la presidencia de Eduardo Frei acortó sus diferencias con otros líderes políticos y fue uno de los arquitectos de la Concertación por la Democracia, la alianza por la que Ricardo Lagos llegó a la presidencia y ella obtuvo una banca, y la mayoría, en la Cámara de Diputados de Chile.
  • Según las encuestas de opinión hechas en Chile, es uno de los cuatro políticos con mejor imagen y concentración de la confianza pública.
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