Estados Unidos: el discurso y la agenda

Por Eduardo Amadeo Para LA NACION
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29 de mayo de 2003  

El discurso del presidente Néstor Kirchner es una contribución importante a la construcción de la agenda para el resto de la década entre Estados Unidos y la región, hoy inexistente y que tanto se necesita. Ante todo, hay que reflexionar sobre por qué es necesario tener una agenda con los Estados Unidos. Al menos por tres razones:

  • Porque al fijar las reglas estratégicas del juego, se mejora la previsibilidad para las decisiones privadas y públicas.
  • Porque da un marco para la resolución de las posibles crisis.
  • Porque fija líneas de política para otros actores importantes, como los organismos internacionales de crédito.
  • Hoy ya es obvio decir que América Latina no figura en las prioridades de los Estados Unidos. Pero no es tan obvio definir los temas sobre los que puede construirse una agenda que mejore las relaciones, ni saber cómo debería ser el proceso de diálogo que lleve a ella. Intelectuales y diplomáticos han estado paralizados por el monotemático discurso bélico de George W. Bush y por las consecuencias de la guerra de Irak en las relaciones continentales (léase Chile y México). Pero este último factor comienza a disolverse y ya hay ciertos gestos de mejor voluntad por parte del presidente norteamericano, mientras que el final exitoso de la transición en la Argentina ubica a la tercera economía de la región en capacidad de tomar decisiones estratégicas y por tanto contribuir a este proceso tan necesario.

    Elementos de negociación

    Pero para que este proceso tenga éxito y nuestra región no sienta que se pretende imponerle la agenda, es preciso que ésta se construya por medio de un diálogo amplio, respetando las fortalezas y los intereses compartidos.

    El Mercosur tiene ahora una base propia sobre la cual negociar. Se trata de la definición y construcción de un nuevo paradigma estratégico en el que se puede apoyar la alianza regional, que anticipó Eduardo Duhalde y que ya han explicitado Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner. Este paradigma, nacido de nuestra propia experiencia y decisión, y que Kirchner acaba de ratificar en su discurso inaugural, está centrado en tres puntos: economía ordenada y predecible, gobernabilidad y respeto por la política y las instituciones, y opción concreta por los aspectos sociales. Se diferencia notablemente del marco de los años 90, que sólo contemplaba el orden macroeconómico como tema de acuerdo.

    Pedir el respeto y el refuerzo de este modelo y de una visión más endorregional de las relaciones internacionales es una base que difícilmente los Estados Unidos puedan rechazar, en especial porque en la Argentina y Brasil ha dado resultados que no sólo sorprenden sino que también obligan a repensar algunos de los enunciados del pensamiento único de la década pasada.

    Al interés primordial del Mercosur por este modelo (que le da, como decía Charles de Gaulle, "una cierta idea de sí mismo") pueden agregarse como elementos de negociación el que se mejoren las condiciones del comercio y el acceso a los mercados, que se dé estabilidad al sistema financiero internacional -cuestiones imposibles de solucionar sin una actitud proactiva de los Estados Unidos- y que se haga más amplio y sincero el diálogo sobre los principales temas institucionales de la región.

    El interés principal de Estados Unidos es que se respete y acompañe su preocupación (¿obsesión?) por la seguridad, y las decisiones consecuentes, en especial la lucha global contra el terrorismo, que Kirchner, como inteligente expresión de una política de Estado, ha ratificado y Lula ha aceptado. En este sentido, hay que suponer que el tema de la seguridad se mantendrá vigente por largo tiempo al tope de las prioridades norteamericanas, por una necesidad objetiva y por un interés político del presidente Bush.

    Los Estados Unidos también necesitan compromisos en el tema de la narcoguerrilla, que hasta ahora ha sido dejado, erróneamente, a un lado por la región como un tema propio de los norteamericanos, sin darse cuenta de cuánto nos afecta y cuánto podemos hacer para aislarla y colaborar con el gobierno de Colombia. Y, como lo han demostrado los fallidos intentos de solucionar el problema de Venezuela, ambos, la región y Estados Unidos, deberíamos coincidir en un mecanismo de diálogo eficiente que permita solucionar estas cuestiones de gobernabilidad y de derechos humanos a partir de nuestra común adhesión a los principios democráticos.

    Oportunidades para dialogar

    Sobre estas bases, hay numerosos temas adicionales que pueden discutirse y que seguramente agregará Estados Unidos (futuro del sistema político multilateral, efectos prácticos de la globalización, problemas de defensa regional, etcétera) y otros que agregarán los demás países de la región. En los últimos tiempos ha habido señales propicias de una cierta reflexión de Estados Unidos en el sentido -para nosotros- correcto. El secretario del Tesoro, John Snow, en un giro de 180 grados con respecto a su predecesor, manifestó recientemente que su mayor preocupación es el crecimiento de la región y que admira en Lula el "adecuado equilibrio entre buena política y buena economía". En el mismo sentido se manifestó el futuro responsable de América Latina del Departamento de Estado, Roger Noriega.

    De ahora a fin de año hay tiempo y oportunidades para dialogar y comenzar a construir esta agenda, que puede terminar en la reunión de presidentes que se espera se realizará en noviembre. Para este camino, las definiciones del presidente Kirchner son un auspicioso inicio. © LA NACION

    Eduardo Amadeo fue embajador argentino en los Estados Unidos.

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