Excitación burguesa por el aborto legal

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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29 de abril de 2018  

Una expositora pronuncia su discurso blandiendo por encima de su cabeza una bombacha; la misma prenda interior tapa las caras de varias manifestantes por la calle. Tras la representación de algunas obras de teatro, los actores leen un comunicado a favor de la despenalización del aborto y se incomodan algunos espectadores. El pañuelo verde -en un país en el que el pañuelo blanco representa la lucha por los derechos humanos- se anuda sin distinción en cuellos tersos a arrugados, aunque con cierta uniformidad social (estudiantes, profesionales y afines), y también flamea como estandarte de la renovada causa progresista que tomó impulso, paradójicamente, a partir de la decisión de un gobierno al que esos sectores no suelen tenerle ninguna simpatía.

Artistas conocidas, como Carla Peterson, Griselda Siciliani y Muriel Santa Ana, toman la delantera mediática con histrionismo, apoyándose en sus emociones.

El debate por un tema tan crucial adquiere en el foro mediático un tono festivalero, frívolo y de estudiantina, que, por momentos, deja implícito un equívoco, por más que intenten neutralizarlo con un eslogan. En un país con nula/escasa educación sexual, la formidable reivindicación del aborto legal, seguro y gratuito como derecho unilateral de la mujer induce a tomarlo como un método anticonceptivo más. "Vamos a abortar en manada", dice provocativo uno de los tantos "colectivos" -no se trata de líneas de transporte- que reivindican su despenalización.

Hay una clara excitación burguesa alrededor del tema con un repentino y particularizado interés en la indefensión de las mujeres más humildes que exponen su vida cuando acceden a una interrupción del embarazo en condiciones precarias.

No hay cifras certeras ni, mucho menos, recientes de muertes por esa causa, pero se agitan y agigantan cifras monumentales para ablandar más rápido las resistencias.

Pero sucede algo llamativo: de los 200 expositores que pasaron hasta ahora por las audiencias sobre el tema en el Congreso (llegarán a 700 cuando termine ese proceso), hasta ahora solo hubo cuatro provenientes de los sectores más pobres de la población.

Hay, por lo tanto, cierto elitismo paternalista de las clases más acomodadas hacia las más bajas, en tanto que estas suelen estar preocupadas por temas más acuciantes. Y hay que decirlo: el aborto no figura en su repertorio tradicional y mucho menos con la obsesión y la insistencia que se observa en los sectores supuestamente más ilustrados.

La dinámica de un Boca-River -los que están a favor versus los que están en contra- alimenta una nueva grieta, pero con reagrupaciones impensadas: tanto sectores del oficialismo como de la oposición se parten y se ubican de un lado y del otro. ¿No hay nadie que dude y se ubique en el medio (indecisos o personas que prefieran abstenerse) en busca de nutrirse de mayores conocimientos con conciencia y madurez?

En junio, tras los dictámenes a los que arriben los diputados, el tema estará en condiciones de ser tratado en la cámara.

El quid de la cuestión es sacar de la clandestinidad algo que, de todas maneras, sucede y seguirá sucediendo: mujeres que abortan, pero en muy diferentes condiciones. Están, por un lado, las que tienen plata para pagarlo en clínicas y consultorios privados sin mayores riesgos de vida (¿por qué el Estado debería también hacerse cargo de ellas?) y las que caen en lugares deplorables con altas posibilidades de graves complicaciones o muerte.

El clima futbolero de los que están a favor no contribuye a llegar a un resultado meditado. Lo guapea y lo empuja con un tipo de militancia que provoca un efecto contraproducente en cierta parte de la población y no precisamente por causas religiosas.

Tampoco lo facilita el tremendismo que campea entre los que están en contra y su apelación a golpes bajos (proyecciones con imágenes de Hitler, de abortos cruentos en filmaciones de larga data, el reparto de muñequitos de fetos, el intento de imponer como ley natural creencias que no todos comparten). Otros famosos, como Maru Botana, grabaron un spot bajo la consigna de "Cuidemos las dos vidas". Una periodista que arma continuos álbumes de fotos y firmas de mujeres de distintas disciplinas proaborto culpó, por Twitter, a la conocida cocinera de la muerte de uno de sus bebes y levantó tal repudio que unas horas después debió retractarse de su animalada.

Fui el jueves al Congreso a ver una de las audiencias. Alguien me preguntó al oído si estaba a favor de la vida. Le contesté que una célula ya es algo vivo, pero que no es sujeto de derecho. Resulta imprescindible conocer lo que los expertos legales determinen sobre cuándo comienza la persona para el Estado argentino ya que lo que decidan tendrá, tarde o temprano, consecuencias sobre los derechos individuales de los que ya transitamos por la vida por fuera del útero materno.

La Constitución Nacional (artículo 75, inciso 22) marca ese momento en la concepción; los que abogan por la despenalización ponen el límite en la semana 14 y plantean "derechos incrementales" del ser gestado a partir de ese momento. La batalla promete ser durísima.

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