Falta una visión de largo plazo

Por Guillermo Mondino Para LA NACION
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22 de octubre de 2000  

Estoy seguro de que más de una vez por semana usted se plantea, durante unos minutos, la pregunta: ¿hacia dónde vamos? ¿Adónde va el país? También estoy seguro de que, como la gran mayoría de sus compatriotas, no encuentra respuestas razonables.

Obviamente, ninguno de nosotros tiene la bola de cristal ni la habilidad para escrutar el futuro leyendo cartas de tarot. En eso, estamos igual que los ciudadanos de una enorme cantidad de países.

Sin embargo, uno de los problemas que sí nos distingue es una enorme dificultad para articular una visión de largo plazo de nuestro país.

Durante unos pocos años, al comienzo de la década, los argentinos parecían haber encontrado una visión. Por un lado, asumiendo su tamaño pequeño, la Argentina se integraría al concierto mundial de naciones resolviendo gradualmente sus conflictos y evitando ser un factor irritante en el juego mundial del poder.

Por el otro, sería una nación democrática con una economía de mercado, abierta al comercio y a las inversiones internacionales. Una economía estabilizada, con un sector público abocado a sus tareas fundamentales y no a la producción.

Esta visión de una mayoría de los argentinos fue interpretada apropiadamente en aquel momento por el ex presidente Menem que, utilizando su capacidad para comunicar, acuñó la frase "una Argentina del Primer Mundo" como objetivo.

Algunos de sus ministros actuaron acorde e introdujeron los cambios que consideraban necesarios para lograr implementar en un plazo breve dicha visión. De allí surgieron el "modelo económico" y el modelo de inserción internacional llamado por algunos como "realismo periférico".

Ambas orientaciones estratégicas eran el corazón de la política de largo plazo.

La coherencia entre la visión, los macromodelos de política económica y exterior y el estado en el que se encontraba nuestro país, juntamente con una situación fiscal doméstica controlada y un acceso recobrado al mercado internacional de capitales, bastaron para lograr un gran salto en la tasa de inversión.

También alentó un gran boom de consumo. Efectivamente, las decisiones de consumo -particularmente las de bienes durables- como las de inversión son crucialmente dependientes de las perspectivas de largo plazo percibidas por los individuos o las empresas.

¿Qué cambió?

Es curioso pero ninguno de los pilares fundamentales de la visión de largo plazo cambió.

El presidente De la Rúa se ha hecho eco de la misma visión, aunque le introduzca sus naturales peculiaridades y a veces su administración se exprese de manera algo inconsistente.

Sin embargo, el Presidente no ha encontrado una forma efectiva de hacer pública su visión del modelo de país que concibe.

A pesar de ello, no es necesariamente aquí donde está el problema, que radica en que la sociedad se ha movido hacia un nuevo estadio. Ahora demanda una visión mejor articulada, no sólo en la expresión de su fin, sino también sobre los medios para alcanzarlo.

Efectivamente, ya no basta hablar de apertura económica o de integración con Brasil. Hoy es necesario explicitar de qué forma, para qué, cuándo y cómo será implementada y utilizada dicha política.

Hoy hablar de defender la estabilidad no es suficiente cuando dentro de la misma Alianza hay francotiradores por doquier.

Y algunos con munición de alto calibre, y en posiciones de alto nivel. Hoy es preciso poder articular un programa que transmita señales inequívocas al sector privado sobre la dirección que impondrá el gobierno a su acción.

No es que sin un plan trienal el sector privado no vaya a invertir o consumir.

Incluso sería equivocado que el sector público vuelva a pensar que puede elegir qué sectores deben ser los favorecidos con la inversión.

Lo que se necesita es un marco de referencia, con algún grado de especificidad, sobre cuáles serán los lineamientos de políticas por seguir.

Los empresarios perciben que el Mercosur está a la deriva. Al menos desde la perspectiva argentina.

De hecho, uno puede preguntarse cuándo fue utilizado efectivamente por nuestro país para abrir mercados extrazona o para liderar nuevos acuerdos comerciales.

El resto de la política comercial externa no pasa por una situación muy diferente. Y la política industrial debe terminar de explicitarse.

Hasta ahora, muchos percibimos que ambas se han utilizado para tapar huecos en situaciones de "restricciones presupuestarias blandas". En la jerga de los economistas se habla de restricciones presupuestarias blandas cuando algún sector o empresa percibe que tarde o temprano el gobierno vendrá a rescatarlos.

Cuando eso ocurre, es fácil endeudarse ya que alguien licuará deudas, u otorgará subsidios, o erigirá alguna barrera a las importaciones.

Menos restricciones

Uno de los mensajes que llega a la sociedad es que las restricciones presupuestarias se han ablandado. Y, como siempre, cuando esto es así, quienes no reciben lo que demandan (aunque sea poco razonable) culminan sus protestas en paros o huelgas. Los camioneros, el agro, los estatales y muchos otros ejemplos abundan.

La crisis de visión no es un problema nuevo, de esta administración. Ya en los últimos años del doctor Menem se hacía evidente.

Durante la campaña electoral, el candidato Duhalde parecía ofrecer una visión de una argentina subsahariana, con perdón de la deuda y visita al Papa incluida.

De la misma manera, los empresarios perdieron su visión de negocios. Los sectores donde operan, ¿serán los que tienen futuro? ¿Tendrán ellos la fuerza, el dinamismo o la creatividad necesarios para llevarlos adelante?

No es de sorprenderse entonces que la inversión haya caído dramáticamente. Lo mismo ocurre con las ventas de bienes de consumo durable.

Tampoco sorprende que tantos jóvenes hayan vuelto a plantearse si no sería preferible emigrar.

La crisis política no hace sino complicar más las cosas. Dilata los tiempos, desarticula visiones de conjunto, dificulta los consensos legislativos en temas de importancia nacional.

Pero justamente, como en tantas otras ocasiones en nuestro país, en las crisis aparecen las oportunidades.

Ojalá que, dado que pagaremos un alto costo por esta crisis, sepamos utilizarla para encontrar una nueva idea de Argentina. Una efectiva visión de largo plazo.

El autor es economista y director del Ieral de la Fundación Mediterránea.

El próximo domingo: el columnista invitado será Javier González Fraga.

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