Favorecer el desarrollo de la zona sur

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29 de marzo de 2000  

LA propuesta del jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de eximir de impuestos inmobiliarios durante tres años a los vecinos y empresarios que quieran radicarse en la zona sur de la metrópoli debe ser recibida con beneplácito por la opinión pública. Se trata de una iniciativa que tiende a corregir o atenuar los desequilibrios estructurales históricos de nuestra metrópoli mediante una política de estímulos fiscales tendiente a impulsar el desarrollo urbano y edilicio de su zona más postergada.

Según lo anunciado por las autoridades, la propuesta consiste en eliminar el impuesto inmobiliario para obras nuevas y de ampliación en los barrios de La Boca, San Telmo, Barracas, Parque Patricios, Pompeya, Villa Lugano y Villa Soldati. En los primeros tres años el beneficio otorgado será la liberación total del pago de impuestos; para los tres años siguientes se prevé una rebaja impositiva del 50 por ciento. El gobierno porteño aspira a que la iniciativa se incorpore al Código de Planeamiento Urbano, que está siendo tratado actualmente por el cuerpo legislativo de la ciudad.

La iniciativa provocó una curiosa controversia con el candidato a jefe de gobierno Domingo Cavallo, quien aseguró que las autoridades metropolitanas se apresuraron a diseñar y anunciar ese proyecto porque sabían que unas horas más tarde su partido,Encuentro por la Ciudad, tenía previsto formular un anuncio similar.

Lo que está en discusión, por lo tanto, no es la conveniencia o no de beneficiar con una desgravación a la zona sur -punto en el que gobierno y oposición están de acuerdo- sino a qué sector político debe atribuirse la autoría de la iniciativa. La opinión ciudadana debe celebrar que el motivo de la disputa sea ése y no otro. Es bueno que el oficialismo porteño y su principal candidato opositor coincidan en sus puntos de vista y en las decisiones que se deben instrumentar en beneficio de la ciudad, más allá de los eventuales réditos que pudiere obtener uno u otro sector en función de sus respectivos intereses proselitistas.

A los vecinos de Buenos Aires les interesa, fundamentalmente, que las acciones de gobierno sean acertadas y estén fundadas en una concepción correcta del rumbo que debe imprimirse al desarrollo urbanístico de la ciudad. Que la idea haya provenido de tal o cual costado del espectro político es, en definitiva, un dato secundario. En todo caso, aplaudamos la coincidencia, que invita a pensar bien del proyecto y de los distintos sectores que lo apoyan.

Entretanto, cabe desear que la contienda electoral del próximo 7 de mayo siga moviendo a los distintos candidatos y a las fuerzas que compiten a formular propuestas concretas, que respondan a las verdaderas necesidades del vecindario y a los problemas que afrontan los diferentes barrios de la ciudad.

Sería deseable, por ejemplo, que los candidatos manifestaran si tienen alguna propuesta que hacer para resolver el grave problema de las casas tomadas o usurpadas, que siguen constituyendo un gravísimo mal, no sólo porque entrañan un despojo inadmisible para muchos legítimos propietarios sino también porque a menudo son utilizadas como refugio por malvivientes de la peor catadura. Esta realidad dolorosa debería formar parte también de las campañas electorales, pues una vivienda usurpada es siempre una lacra en el paisaje ciudadano y una amenaza potencial para quienes están obligados a soportar esa indeseable vecindad.

Que el meridiano de la polémica pase, en todos los casos, por el contenido de las propuestas. Establecer a quién correspondió en cada caso la paternidad de una iniciativa afortunada es, definitivamente, una cuestión menor y hasta obviable.

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