Fortabat prepara su museo de arte

Alicia de Arteaga
Alicia de Arteaga PARA LA NACION
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22 de abril de 2004  

Sin que "la corona" tenga que poner un peso, en poco tiempo Buenos Aires puede tener una colección de arte que convierta a la capital de la Argentina en la ciudad del Cono Sur con mayor oferta cultural. Hasta ahora, sólo el círculo íntimo de Amalia Lacroze de Fortabat sabe que la empresaria del cemento está decidida a terminar el edificio de Puerto Madero proyectado por Rafael Viñoly. Coleccionista de prestigio internacional, la aún presidenta del Fondo Nacional de las Artes -dicho con todas las letras porque todavía Kirchner no le aceptó la renuncia- es feliz propietaria de más de 1500 obras de arte.

Ese patrimonio "hace" un museo, aunque ella prefiera hablar de Colección Fortabat. La palabra museo le suena pretenciosa. La pinacoteca del barón Thyssen, que a la corona de los borbones le costó 300 millones de dólares, tenía 800 obras, entre ellas piezas formidables como el "Mata Mua", de Paul Gauguin, que integró la colección de los Patiño, patrones del estaño boliviano, y estuvo colgado por años en una gran casa de la avenida Foch, en París. Amalia Fortabat puede darle a Buenos Aires la cereza del postre, como el óleo del inglés Turner pintado en Venecia que compró a precio récord en Nueva York y convertir a esta ciudad en destino de periplo cultural con argumentos imbatibles.

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El jueves último, el canciller de México, Luis Ernesto Derbez, dijo, parado junto a la colosal cabeza Olmeca que se exhibe en la Fundación Proa, que Buenos Aires era "la ciudad más linda de América latina". En esto coinciden ilustres visitantes. En el auditorio de la Universidad Di Tella, al presentar el libro sobre patrimonio de Fabio Grementieri, Francesco Liernur y Graciela Shmidt, el director de World Heritage de la Unesco, Francesco Bandarin, recordó el valor único de la arquitectura porteña del 1900, con buenos ejemplos de la Ecole de Beaux Artes, que dio lugar a la expresión de la "París de América del Sur", en alusión a la fuerte influencia que la escuela francesa tuvo entre nuestro arquitectos.

El libro recoge las ponencias de un seminario internacional realizado en 1999 y analiza el perfil de Buenos Aires a comienzos del siglo XX, cuando era una metrópoli moderna. En 1903 se levantó el silo de Bunge & Born, en Puerto Madero, citado y elogiado por Gropius y Le Corbusier como modelo de la arquitectura industrial. El proyecto de los alemanes Amme, Gieseke, & Konmegen fue la expresión visible de un país rico; lamentablemente, lo demolieron en los años noventa en nombre de "otro progreso".

Patrimonio no es sólo el pasado, sino también el futuro. Por eso debe resolverse con urgencia la licitación que tiene demoradas las obras de ampliación del Museo de Arte Moderno de avenida San Juan 350. Han pasado siete años desde que Emilio Ambasz donó el proyecto.

No hay argumento que pueda explicar por qué Ibarra y los jefes de gobierno que lo precedieron no han podido resolver los problemas burocráticos. Han pasado ya cinco secretarios de Cultura.

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