"Fue el primer país que me dio visa"

(0)
26 de marzo de 2000  

CUARTO piso, departamento A, de un edificio del centro de Buenos Aires. Suena el timbre. Una mujer de unos 30 años abre apenas la puerta y pregunta quién es. "Soy periodista, vengo a ver al refugiado argelino", es la respuesta. A modo de contraseña, hay que mencionar su nombre.

La puerta se cierra y dos minutos después se vuelve a abrir. Es él, nos hace pasar y en la entrada pone una condición: si se publica su historia no se debe citar su verdadero nombre. "En este país soy Alex", dice.

-¿Alex qué...?

-Alex a secas. Aquí no tengo apellido.

Es alto, robusto y de mirada dura. Esa no es su casa. Habla castellano, pero a la segunda palabra se le nota que es extranjero. Tiene manos grandes, con algunas cicatrices y no para de moverlas cuando cuenta su historia. Cuando se irrita, termina la frase en francés. Entonces hace una pausa, trata de serenarse y busca las palabras en el idioma que aprendió cuando tenía 44 años, en las calles de Buenos Aires.

Hace tres llegó desde Argelia para pedir refugio. "En la época en que comenzaron las masacres de civiles, trabajaba como periodista para el Centro Audiovisual del Ministerio de la Información. En 1997, el año en el que salí de Argelia, muchos periodistas murieron. En total, sumaban 123. Los periodistas nos preguntábamos quién estaba realmente detrás de esas muertes.

"Oficialmente se decía que era obra del GIA (Grupo Islámico Armado), pero descubrimos que no eran otra cosa que escuadrones de la muerte creados por la inteligencia de ejército argelino para perseguir a periodistas, a políticos opositores y a la población civil que apoyara a la disidencia. Teníamos pruebas.

"Entonces empezaron las persecuciones y me di cuenta de que mi presencia en Argelia era muy peligrosa, no sólo para mí sino también para mi familia. Tenía que salir del país", relata.

-¿Cómo se convirtió en refugiado?

-Una mañana me llamaron para que fuéramos a registrar unas imágenes al pueblo de Rais, donde acababa de ocurrir una de las peores masacres de civiles. Fuimos. Era realmente una visión del Apocalipsis. Yo no podía trabajar ahí. Cuando uno camina 400 metros mirando muertos a derecha e izquierda, ¿cómo podés trabajar? Lo más increíble era el silencio cómplice de todos.

La matanza había ocurrido a pocos metros de las guarniciones del ejército y ningún militar había visto ni oído nada. La información oficial decía que había 82 muertos, pero eran 1800 las personas degolladas.

Entonces yo confirmé mi sospecha de que era realmente una operación militar.

-¿Por qué eligió la Argentina?

-En Ginebra tomé contacto con el Acnur. A través de ellos hice el contacto con la Argentina, que fue el primer país que me concedió la visa.

-¿Conocía este país?

-No había venido nunca, pero lo conocía por mi carrera. En los años setenta, cuando era estudiante en París, participé de varias marchas que se hicieron en repudio de la represión en la Argentina.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?