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Ganaron las barras bravas

En la eterna sucesión de provocaciones mafiosas y debilidades políticas para enfrentar a este tipo de criminalidad, siguen triunfando los delincuentes
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22 de diciembre de 2018  

Impunidad. Una sola palabra resume la situación que nuestros legisladores les garantizan a las barras bravas del fútbol al postergar, una vez más, la sanción de una ley que endurezca las penas contra los integrantes de esa auténtica asociación para el delito.

Después de haberse aprobado la ley en general por amplísimo margen en Diputados, se empantanó la discusión por artículos y la norma, que había sido incorporada por el Poder Ejecutivo en el temario de sesiones extraordinarias de este mes en el Congreso , volvió a foja cero.

Fue lamentable la imagen que dieron los legisladores de la oposición rasgándose las vestiduras porque -según decían- lo que se pretendía votar no había sido suficientemente debatido. Si el articulado era perfectible, tenían a su disposición la discusión en particular para mejorarlo. No lo hicieron. Por otro lado, ¿cómo explican hoy los que se oponen a esta ley no haber hecho nada durante los dos años que otro proyecto en el mismo sentido vagó de un lado al otro del Senado sin ser tratado, por lo que perdió su estado parlamentario?

No hubo antes y no parece haber ahora intención de sancionar un instrumento legal que, entre otras cuestiones, endurezca los castigos por los delitos cometidos en espectáculos deportivos, incluida la venta de entradas apócrifas.

No es un tema menor: es decidirse a enfrentar con todo el rigor de una ley adecuada el accionar de estos grupos mafiosos, violentos y extorsionadores, vinculados con el tráfico de drogas y todo tipo de negocios ilegales de los que -se sabe desde hace muchísimo tiempo- buena parte de la dirigencia política no es ajena.

La oposición reprocha al presidente Macri haber forzado la inclusión de esta ley en la agenda de sesiones extraordinarias, como reacción al bochornoso espectáculo del frustrado clásico River-Boca , que terminó siendo ridícula e incomprensiblemente dirimido en España.

Nada impide que un mandatario apure el tratamiento de una ley que ya no admite más demoras. Menos, que ante otra brutal muestra de violencia intente apurar los tiempos que los legisladores dejaron transcurrir sin hallar soluciones de fondo.

Algunos diputados trataron de justificar su anomia en el hecho de que el Senado, que debía tratar con posterioridad el proyecto de ley, anunció que no contaba con el acuerdo político necesario para hacerlo. Mirarse en el espejo de la imposibilidad o la desaprensión ajena y hacerlas propias es doblemente cuestionable. Porque los otros no pueden, nosotros tampoco. Ese es el mensaje que dejan. Nos surgen varias preguntas: ¿no se puede sancionar esta ley o no se quiere?, ¿a quién se perjudica aprobándola? ¿quién perdería poder?, ¿qué negociados se estaría perjudicando?

En lugar de criticar la oportunidad del debate, nuestros legisladores deberían estar preocupados por el continuo crecimiento de la violencia en espectáculos deportivos y por la corrupción entre las barras bravas y parte del poder político.

La irracional batalla registrada en las afueras del estadio de River Plate el mes pasado mostró ante el mundo nuestra peor cara. Poco antes, lo había hecho la inexplicable imagen de la policía replegándose ante una horda salvaje de barrabravas de All Boys. Igual suerte podría correr la seguridad de los torneos de verano, próximos a disputarse. Otra razón más para haberse sentado a debatir en procura de un instrumento legal apropiado, oportuno y eficaz.

Ya han sido demasiados los actos de barbarie protagonizados por forajidos a los que incluso la Justicia deja libres en pocas horas, como si los actos que cometen no fueran lo suficientemente delictivos. No se trata de simples revoltosos. Se han perdido vidas humanas en las canchas como producto del accionar de estas mafias a todas luces impunes.

Si hoy hay un Estado ausente en este tema es responsabilidad de los tres poderes, pero también de una sociedad que durante mucho tiempo se acostumbró a convivir con los aprietes y las extorsiones. Es hora de producir cambios.

Sin dudas, en toda esta sucesión de provocaciones mafiosas y debilidades políticas de los últimos días ha habido un solo ganador: las barras bravas.

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