Gesto inédito de los obispos

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10 de diciembre de 2001  

Dispuestos a asumir un gesto tan inédito como la gravísima crisis histórica que sacude al país, los obispos argentinos iniciarán mañana una serie de reuniones de inocultable significación. Deberán definir cómo concretan el ofrecimiento de constituir a la Conferencia Episcopal en ámbito para el diálogo empinado entre argentinos y capaz de alcanzar consensos.

Nada les preocupa más que precisar que su ofrecimiento es fiel expresión de servicio pastoral, particularmente como promotores del diálogo y gestores de reconciliación. Ante la crisis caracterizada por la Iglesia como profundamente moral, la decisión de constituir a la Iglesia en ámbito para el encuentro no puede ser entendida sino como un gesto profundamente pastoral. Todo está dicho en los últimos cuatro pronunciamientos del Episcopado, desde aquel de hace un año, en el que llamaron a afrontar la crisis con grandeza e invitaron a la dirigencia a ser magnánima. Se habló entonces, precisamente, de la necesidad de lograr consensos, de recobrar el valor de la palabra dada y el cumplimiento de los compromisos asumidos.

Bastará, pues, leer con atención y sin prejuicios esa serie de reflexiones para hallar el alcance y el sentido del gesto asumido ahora y comprender sus límites. "Ha de ser claro a todos que en esta crisis no queremos ocupar un lugar que no nos corresponde", dijeron en agosto, cuando formularon, por primera vez, el ofrecimiento de ponerse al servicio del diálogo entre hermanos.

En esa enriquecedora serie de documentos también se podrá desentrañar qué tipo de diálogo y de qué actitudes los obispos parecen dispuestos a convertirse en garantes.

Ya no se trata de concertar legítimos intereses sectoriales para responder a la mayor crisis social y económica que hayamos conocido. Se trata de reconocer que lo que desafía es una crisis de la escala de valores que padece la dirigencia y a la que, en diferentes medidas, no es ajena la sociedad. Esa crisis es la que hace peligrar la identidad e integridad de la Nación, han escrito los obispos.

Los interrogantes lanzados por la pluma episcopal se convierten hoy en el cauce para esa gran mesa de diálogo.

¿Cuál es el proyecto de país que orientará nuestra acción? ¿Qué hacer para generar esperanza? ¿Cómo hacer para que los partidos políticos conscientes de su importancia se pongan al servicio del pueblo en lugar de atender su propia clientela? ¿Cómo hacer para que los empresarios recobren la confianza y asuman su responsabilidad de invertir en el país y generar fuentes de trabajo? ¿Cómo crear las condiciones para que retornen al país los capitales argentinos? ¿Cómo hacer para que los sindicatos, tan necesarios en la defensa de los derechos de los trabajadores, busquen, más allá del rédito ocasional, ser testigos de la verdad y del bien?

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