Guillermo Cabrera Infante: "Este es el principio del fin de Castro"

El célebre escritor cubano, exiliado en Londres, afirma que los últimos fusilamientos y la condena a disidentes reflejan la decadencia del régimen castrista, aunque advierte que, como dicen los chinos, "lo peor del dragón es la cola"
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4 de mayo de 2003  

Cumplidos los 73 años, y desde Londres, Guillermo Cabrera Infante, premio Cervantes, analiza el crítico momento de la dictadura castrista y la emergente "caída del caballo" de los intelectuales y la izquierda internacional que la han apoyado durante casi medio siglo.

-Los recientes encarcelamientos y fusilamientos de Castro recuerdan los coletazos de Franco en septiembre de 1975. El franquismo se desplomó muy poco después. ¿Estamos ante los últimos estertores, lo que usted ha llamado los coletazos del dragón?

-El refrán chino dice: "Lo peor del dragón es la cola". Vendrán tiempos peores, porque éste es el principio del fin. Fidel Castro está ahora acorralado y es implacable. Los coletazos de ahora han derramado sangre inocente: el menor de los fusilados tenía veintiún años. Todos, los tres, habían nacido bajo el gobierno de Fidel Castro. ¿Eran acaso candidatos a ser el "hombre nuevo"? Hay que añadir que los tres fusilados eran negros.

-Decía Daniel Ortega, el sandinista, que en América latina hay que fusilar para mantener el poder y el respeto...

-Esas declaraciones de Ortega son como el personaje: viscosas y lamentables. Ortega es un guerrillero sin guerrilla. Dejó detrás, al abandonar la presidencia, una estela de demagogia, robo y corrupción de menores. Desde La Habana le hizo una carta a Saddam de apoyo y adhesión. Lo ridículo y terrible a la vez es que lo hizo en nombre del pueblo nicaragüense. ¿Decir Ortega es decir Nicaragua?

-¿Cómo enjuicia usted las críticas que destacados intelectuales de izquierda europeos han formulado tras la última oleada represiva? Saramago, por ejemplo, que ha roto públicamente con el castrismo... ¿Le parece que en cierto modo estaban obligados tras sus fuertes denuncias de la guerra de Irak?

-Las críticas a Fidel Castro, algunas durísimas, vienen ahora de la izquierda que tanto lo elogió en el pasado. También lo eximieron de los crímenes que cometía todos los días de su poder absoluto.

-Por cierto, ¿a usted le parece que ha sido justa y beneficiosa la invasión de Irak?

-Siempre es grato ver caer a los tiranos. Mientras más duren más dura será su caída. La caída de la estatua de Saddam Hussein, que dominaba Bagdad, la vi como un símbolo: parecía sólida, pero estaba hueca. En ese sentido la guerra ha sido más que beneficiosa: ha sido necesaria. ¡Si todos los tiranos del mundo cayeran como cae su estatua!

-¿Está Cuba en peligro objetivo de una invasión, como sostienen los propagandistas de Castro?

-El pueblo cubano le ha dado a Castro un alias apropiado: lo llaman Armando Guerra Solo. En ese sentido, Cuba no está sola: hay todavía cómplices regados por el mundo. No creo que se esté armando una guerra norteamericana contra Cuba. Les basta con el embargo.

-Para los halcones de la administración Bush, ¿Cuba es un objetivo a corto plazo o se conforman con la lenta asfixia del régimen? ¿Comparte la idea de que la Casa Blanca está centrada en el peligro árabe tras el 11 de septiembre y ya no considera importantes los residuos comunistas?

-Castro no es comunista. Castro es castrista. Hay que ver, sin embargo, qué surge de las ruinas de Bagdad. Castro compartía con Saddam su médico, especialista en tiranos. Mientras Saddam fumaba cohíbas enviados desde Cuba en su penúltima tournée , Castro fue a visitar los países islámicos. Allá, unos pocos días antes del 11 de septiembre, dijo que juntos acabarían con los Estados Unidos. Por cierto, Cuba repartió esas declaraciones por todas partes, pero cuando volaron las Torres Gemelas el parte castrista fue suprimido de inmediato. Enseguida, Castro, siempre oportuno, declaró que Cuba también había sido objeto de ataques terroristas.

-Hay una izquierda que se obstina en no renunciar al mito de la revolución cubana. En ese sentido, Fidel sería una especie de último ícono del imaginario revolucionario. ¿Cómo lo ve usted?

-La palabra obstinado es la palabra justa. Son obstinados porque se niegan a la evidencia. Cuando uno está equivocado debe siempre reconocer el error y enmendarse aunque le cueste la vida. Ahora, a los obstinados de siempre la nueva utopía se les convierte en distopía ante sus ojos.

-¿El bloqueo es la coartada para que la izquierda siga defendiendo a Castro? ¿Qué pasaría si se levantasen las sanciones económicas?

-No diga bloqueo, diga embargo. Castro puede hacer negocios, como dijeron, ¡con ciento sesenta y ocho países! Solamente hay un embargo comercial de Estados Unidos. Hace poco pudo comprarle arroz a unos granjeros norteamericanos y les pagó al contado. Hay que decir que Castro le debe a medio mundo: España, Francia, México, Argentina, Canadá, Japón. Pero a los cosecheros norteamericanos les pagó en cash : duros dólares. ¿Por qué? Para demostrarles a los norteamericanos que podía ser un buen cliente. Lo que es aleccionador es que Castro ve la vuelta de los norteamericanos como una suerte de salvación. Así a cada visitante de los Estados Unidos lo recibe con una versión criolla de "Bienvenido, Mr. Marshall".

-Los intelectuales que siguen en la isla ¿lo hacen a cambio de privilegio social? ¿Se puede ser disidente en el interior y seguir en libertad?

-En Cuba, un pueblo en la miseria totalitaria, se los recompensa a algunos escritores dándoles una mensualidad en dólares. Estas van de los 100 dólares a los 500, cotización que depende de su utilidad para el régimen. A los disidentes se los castiga con la cárcel.

-En ese sentido, la dura condena al disidente Raúl Rivero, ¿cómo se entiende?

-Raúl Rivero ha sido condenado a veinte años de prisión por contumacia. Es decir, por ser poeta y decir lo que piensa a los extranjeros. Todos los disidentes presos han sido condenados a penas de prisión que suman miles de años de cárcel. Es evidente que Fidel Castro considera que los castigados van a cumplir su pena bajo la vigilancia del régimen y la permanencia de Castro en el poder. Cuando Raúl Rivero cumpla su condena tendrá 77 años, pero Castro será centenario.

-¿Sabe qué ha pasado con el antiguo ministro de Exteriores Robertico Robaina? Hay rumores de que incluso ha podido ser encarcelado.

-No tengo la menor idea. Un rumor persistente dice que está cumpliendo su condena en pijama. Eso quiere decir que está en prisión domiciliaria. Lo extraordinario es que Fidel Castro ha realizado el milagro de sustituir a Robaina con alguien todavía más incompetente, y cómo habla de educado.

-La última oleada represiva, ¿en qué situación deja a los llamados "quedados" o "plantados", aquellos presos políticos que se resisten a ser tratados como comunes? ¿Qué noticias tiene de ellos en relación con los acontecimientos recientes?

-Los quedados (o "quedaditos", como se los llama íntimamente) siempre han tenido la precariedad de tratar de caminar por una cuerda floja o tensa, según su conciencia política.

-Usted ha sido en el pasado muy crítico con el presidente Aznar por mostrarse relativamente tolerante con Castro, sobre todo cuando hizo ministro a Abel Matutes. ¿Ha cambiado de opinión o mantiene esas críticas?

-Es Aznar el que ha cambiado. Yo protestaba por el proteccionismo de los hoteleros en Cuba, casi todos del Opus Dei, que tiene negocios en Cuba y cuya mediación sirvió para la desgraciada visita del Papa a la isla.

-¿Conoce el apoyo que presta a Cuba el presidente de Galicia, Manuel Fraga, el último superviviente de la vieja derecha española? Fraga lo justifica por la alta herencia gallega en la isla.

-Manuel Fraga, a quien sufrí como censor en época de Franco, aparentemente considera a Castro un gallego epónimo. Pero haga lo que fuere, no va a salvar a este gallego.

-¿Qué cree que pasará cuando Fidel muera (en el sobrentendido de que antes no habrá cambio posible)? ¿Puede aguantar el castrismo sin Castro? ¿Hay peligro de fractura civil?

-La perspectiva de un castrismo sin Castro es un monstruo odioso. Cuba ha sido sometida a las diversas policías manejadas por Castro para crear el terrorismo de Estado. Es posible que estas superestructuras represivas aguanten por un tiempo. Sería de desear que prosperara el remoquete del "anterior jefe del Estado". Pero, en realidad, nadie sabe lo que va a ocurrir allí donde todo puede ocurrir.

-¿Sigue pensando que si cae el régimen no será de los primeros en tomar el avión para volver?

-Este no es mi lema (volveré a Cuba, pero no en el primer avión), sino una visión futura de Cuba como la república propuesta por Platón: allí donde no hace falta la mediación de los escritores porque el país está perfectamente gobernado.

-¿Sabe si sus libros siguen costando en La Habana varias latas de leche condensada?

-Mis libros siguen estando prohibidos en Cuba. Esta prohibición durará lo que dure el régimen. Ahora funcionan como una suerte de zamisdat impreso. Pero su tenencia es siempre peligrosa.

-¿Le cuesta sentirse un escritor cubano sin lectores en Cuba, más que los clandestinos o semiclandestinos?

-Lamento ser un escritor que no tiene su lector natural. Afortunadamente, mis lectores españoles funcionan ahora como tales: nacido en Cuba, publicado en España, pero no ha sido una fiesta. He vivido en la mayor pobreza en Londres y he sido perseguido, calumniado, postergado, silenciado y me han acosado hasta jefes de Estado, como ocurrió cuando intervinieron durante la publicación de Mea Cuba . ¿Por qué? No sólo he sido el mensajero que trae malas noticias, sino que he sobrevivido y proclamado la verdad de un régimen corrompido, corruptor. Ese privilegio tiene su merecido. Pero, a pesar de todo, lo haría todo de nuevo.

Perfil

Escritor cinéfilo

Guillermo Cabrera Infante nació en Gibara, un pueblito del este de Cuba, en 1929. En La Habana se enamoró del cine y se convirtió en un importante crítico. Fue director de Lunes, suplemento del diario Revolución, y funcionario de Fidel Castro hasta que rápidamente se distanció. Vive, desde hace más de 30 años en Londres.

Parte del boom

Su novela Tres tristes tigres , con el que ganó en los sesenta el premio Seix Barral, lo convirtió en uno de los estandartes del boom . Entre sus libros se cuentan Mea Cuba , Un oficio del siglo XX , Arcadia todas las noches y Puro humo .

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