Hacia el 2007: la oposición que se viene

La primera vuelta de los comicios presidenciales dejó ganadores y perdedores. Mientras el justicialismo ya se aseguró el poder, López Murphy y Carrió se entusiasman con convertirse en los principales opositores al próximo gobierno y con construir una nueva alternativa al peronismo
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11 de mayo de 2003  

Antes del Big Bang, no había vacío: estaba la Alianza.

En la prehistoria del actual sistema político, la Alianza llenaba casi todo el espacio no peronista. En diciembre de 2001, ocurrió su Big Bang y el estallido expulsó hacia todas partes los fragmentos de aquella masa original.

Los fragmentos viajan hoy por el espacio, se alejan más y más uno del otro. Cada uno aspira a convertirse en un planeta independiente y desarrollar vida en su superficie.

Lograrlo será el desafío de los herederos del universo político que conformó la Alianza: Ricardo López Murphy, Elisa Carrió y los numerosos fragmentos del radicalismo. Es decir, el espacio opositor al peronismo que asumirá el gobierno el próximo domingo 25.

Ese gobierno, que liderará Néstor Kirchner o Carlos Menem, no podría pedir nada mejor: una oposición fragmentada, todavía en una etapa temprana de desarrollo. Esto, si ese gobierno logra, como parece posible, unificar tras de sí a los diversos planetas que giran hoy dentro del peronismo.

Ni Adolfo Rodríguez Saá, ni aliados suyos que prometían un crecimiento político que no han logrado, como Aldo Rico; ni Carlos Menem, si éste pierde el ballottage del próximo domingo -es decir, los ya confirmados y los probables perdedores de estas elecciones presidenciales- entrarán en la órbita de la próxima oposición. Todo parece indicar entonces que el justicialismo mantendrá todavía sus satélites flotando alrededor de él.

Quizá la mejor perspectiva para los próximos cuatro años la tenga Ricardo López Murphy. El fragmento del Movimiento Federal Recrear (MFR), sobre el que viaja el economista, tuvo la primera señal verdadera de que su desarrollo era posible la noche del último domingo 27, cuando el conteo provisorio de los votos de la elección presidencial lo ubicó, con más del 16 por ciento, tercero en la lista de ganadores. López Murphy aspira a más que a crear un único planeta. Su sueño es agrupar alrededor suyo una constelación de otros mundos independientes.

Ya reunió a doce partidos provinciales de centro y de derecha en el Movimiento Federal Recrear. Pero su principal apoyo en esta etapa de su trayectoria no han sido los votantes de esos partidos pequeños, sino una porción de otros más masivos, que en su momento creyeron en la Alianza, especialmente el radicalismo.

López Murphy apunta ahora a atraer hacia sí a esos fragmentos de un modo más permanente. "Tenemos que consolidar una fuerza nueva y articularla con los partidos viejos, lo que no es sencillo, porque algunos tienen más de cien años", dijo a LA NACION Carlos Balter, el demócrata mendocino que fue el jefe de la campaña presidencial de López Murphy.

"Acá no termina nada, acá recién empieza", proclamó López Murphy la misma noche de la elección. Pensaba, sin duda, en el breve pasado de su fuerza y en que debía sacudirse el karma de los antecesores de su especie, las terceras fuerzas políticas (siempre arrinconadas entre el peronismo y el radicalismo), condenadas en el pasado a la corta vida de una estrella fugaz.

"Ni (Francisco) Manrique en 1973, ni (Alvaro) Alsogaray, ni (Domingo) Cavallo fueron nunca segunda fuerza, y ninguna fuerza de centro consiguió nunca un triunfo en un distrito. Nosotros salimos segundos y ganamos en un distrito importantísimo, la Capital Federal", evaluó Balter.

¿Cómo esperan crecer? En el modo clásico, según Hernán Lombardi, candidato a gobernador del MFR en Buenos Aires: "Construyendo gobiernos locales, provinciales y un bloque legislativo". López Murphy se pondrá al frente de las próximas campañas locales -acompañará a Lombardi y, en la Capital, a Patricia Bullrich, y viajará a las provincias a apoyar a sus candidatos- y hay quienes insisten, cerca suyo, en que debe encabezar la lista de candidatos a diputados por la provincia de Buenos Aires en las elecciones de septiembre próximo. Tiene todavía dos meses para tomar la decisión.

Del radicalismo, espera quedarse no sólo con un porcentaje de sus votantes sino también con una porción de sus dirigentes, empezando por los intendentes. "Queremos incluirlos, pero sin criterios de hegemonía", aceptó Lombardi, cuando LA NACION le preguntó si apuntaban a "absorberlos". "Absorber suena a hegemonía", comentó.

Lombardi arriesgó que, para el futuro, el MFR quisiera también llegar a acuerdos con el partido de Carrió, Afirmación para una República Igualitaria (ARI), y habló de "armar una gran coalición que desaloje a la mafia del poder".

Mientras construye su planeta, López Murphy, que se ha cansado de decir que no planea incorporarse al próximo gobierno, aspira a tener voz como principal líder de la oposición. "Vamos a ser una oposición constructiva y seria. Vamos a dar el espacio para lo que son políticas de Estado, asegurar la gobernabilidad, el futuro y el atractivo de Argentina para crecer, para generar empleo", proclamó esta semana.

Su credencial, por el momento: los más de tres millones de votos de la elección del 27.

Planeta Carrió

El mismo liderazgo de oposición busca Carrió, pero con un método distinto. Si López Murphy apunta principalmente hacia dentro del sistema político, ella lo hace completamente hacia fuera. Su plan es crecer de un modo parecido al que sostuvo el desarrollo del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño, que llevó a Lula da Silva a la presidencia a principios de este año.

Así, el ARI, que sólo se conformó como partido el año pasado, sería el centro que nuclearía a organizaciones sociales. "Vamos a organizar un movimiento a través de otros movimientos: movimiento de mujeres, de hermanos indígenas, de ecologistas, etcétera", anunció Carrió a LA NACION.

Desechó de plano cualquier alianza futura con el MFR u otros partidos: "No vamos por alianzas partidocráticas", sentenció. Es la enseñanza de los recientes (y resonantes) fracasos del ARI en su política de alianzas, en especial la que lo unió al viejo partido socialista.

Carrió cree que su planeta es Venus, el de las mujeres. "De las 2.700.000 personas que nos votaron, 1.700.000 fueron mujeres", evaluó. Consideró "el voto de la mujer" como uno de los resultados más importantes de la primera vuelta presidencial, como ejemplo de la política de nuclear grupos sociales en lugar de dirigentes.

En lo inmediato, aspira a ser una "fuerza de oposición parlamentaria", explicó. Sus planes sobre cómo hacerlo, sin embargo, parecen contradictorios con esa decisión.

Para empezar, en las próximas elecciones no renovará su diputación, que vence el 10 de diciembre. ¿La razón? Forzar el surgimiento de "nuevos liderazgos" del ARI en Diputados. Carrió dirigirá el partido y su satélite de movimientos sociales (si logra que éstos la reconozcan como líder) desde su casa. "Va a ser la líder del partido desde afuera. Esta vez, en las elecciones, `pasa´. Quiere tener un nuevo nivel de relación con el bloque. Van a tener que aparecer voces y liderazgos más allá de ella", agregó Rafael Romá, diputado nacional y quien fue jefe de su campaña presidencial. Ella volvería a competir en elecciones en las legislativas del 2005, adelantó Romá, con vistas a las presidenciales del 2007.

Según Carrió, no hay contradicción entre esta decisión y la de fortalecerse como oposición parlamentaria. Cree que así actúa una fuerza nueva, opuesta a los métodos de la "vieja política". Los resultados de la elección del 27 (obtuvo el cuarto lugar, con más del 14% de los votos) la confirmaron, según dijo, en la idea de que sin las reacciones habituales de la clase política "se puede". Pero le fue peor en su distrito, Chaco, que en los resultados generales del país.

Cree, además, que en los próximos meses puede ganar algo en elecciones locales importantes, aunque en los distritos más grandes no lleva candidato propio: apoya a Aníbal Ibarra (Frente Grande) en su reelección como jefe de gobierno porteño, y al socialista Hermes Binner para la gobernación de Santa Fe.

Segura de que Néstor Kirchner será el próximo Presidente, Carrió afirmó que "la política no va a cambiar. El escenario político posterior al 25 de mayo será muy parecido al de hoy". ¿Cómo ve la reconformación del universo político en el futuro cercano? "No lo puedo ver, pero tampoco imagino un escenario de cambio político", evaluó.

En tanto, el fragmento radical es el que más se ha achicado desde el día del Big Bang. No sabe todavía si volverá a ser planeta o sufrirá el más triste destino de gris meteorito. Y, en este caso, no sabe tampoco si será un meteorito destinado a caer en uno de los otros planetas o, dramáticamente, quedará perdido en el espacio para siempre.

"Si seguimos como estamos, el radicalismo terminará disolviéndose como propuesta nacional y quedará reducido a un grupo de partidos provinciales", dijo Roberto Iglesias, gobernador radical de Mendoza, a LA NACION.

La reciente performance electoral del partido que desde mediados del siglo pasado se acostumbró a convivir con el peronismo en el amplio y cómodo universo del bipartidismo, actuó como un segundo estallido sobre los pedazos que habían echado a volar con el fracaso del último gobierno radical, de Fernando de la Rúa.

El paupérrimo 2 por ciento que el candidato Leopoldo Moreau reunió en la primera vuelta presidencial aceleró un movimiento interno que impulsa la renovación del liderazgo partidario. Iglesias se colocó a la cabeza de ese movimiento al pedir la renuncia del presidente del partido, el gobernador del Chaco Angel Rozas, y el alejamiento del líder "no formal pero sí de fondo", como lo llama, Raúl Alfonsín. Hasta ahora no obtuvo resultados, y duda sobre el poder de hacer cambios inmediatos del reclamo que, sin embargo, estima "mayoritario" en el partido.

También Rodolfo Terragno, el candidato a presidente derrotado durante las escandalosas elecciones internas de la UCR de diciembre pasado, aspira a liderar la renovación. Para eso, según contó a LA NACION un aliado suyo, quiere reunir adhesiones para un documento que exija una nueva conducción partidaria. Pero, antes, deberá regresar desde España, adonde viajó antes de las elecciones (con una evidente intención de no votar) y donde hasta hoy está siguiendo los pasos del general San Martín en el siglo XIX, para volcarlos en un libro. Por ahora, busca adhesiones por correo electrónico y por teléfono.

Su ausencia, como la de otros dirigentes a los que LA NACION intentó contactar esta semana (todos de viaje), es elocuente del estado de ánimo en el radicalismo. Los que están, pasan sus horas en debates amargos.

Según Iglesias, aunque las perspectivas son oscuras, todavía hay esperanzas para el radicalismo. "Aún hay una infraestructura sólida, desarrollada en la geografía del país y una presencia parlamentaria importante", dijo. Y, más importante, agregó, la voluntad de una "inmensa mayoría" de los dirigentes de recuperar el protagonismo perdido.

Para Carrió, que estima que el ARI se llevó "un tercio" del voto radical y que ése será su techo, "no es cierto que la UCR va a desaparecer. Se va a convertir en partidos estaduales, pero será un proceso lento. No se puede medir por una elección".

Según Balter, "el radicalismo quedó muy mutilado pero no lo doy por muerto. Es un partido centenario que no va a desaparecer. Puede perder mucho de la representación que tenía pero no es un partido del 2% de los votos de Moreau. Si el candidato hubiese sido Terragno, hubiese tenido más votos".

Cada uno en su fragmento, López Murphy, Carrió y los radicales, comparten por ahora una misma pregunta: ¿Llegarán a destino? ¿Serán planeta, constelación o meteorito? Y, finalmente, ¿cuánto durará el viaje?

Transferencia de votos

El Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella elaboró un informe sobre las transferencias de votos entre las elecciones legislativas de 2001, signadas por el voto protesta contra el gobierno de Fernando de la Rúa, y la reciente primera vuelta de las elecciones presidenciales.

En el informe, elaborado por Marcelo Escolar y Ana María Mustapic se percibe que la elección presidencial de 2003 posee cuando menos dos características que la distinguen de las anteriores. En primer lugar, su alto nivel de competitividad, tanto por el número de candidatos relevantes que se presentaron como por la relativa corta distancia entre los resultados obtenidos. En efecto, los cinco candidatos más votados no presentan entre sí una diferencia superior al diez por ciento de los votos positivos. La segunda característica se vincula con la distribución territorial del voto que merece algunos comentarios en particular.

De acuerdo con el informe, el voto a los candidatos del PJ, Menem, Kirchner y Rodríguez Saá, posee un perfil "predominantemente regional". Cuando se analiza en detalle el comportamiento electoral, se observa que cada uno de los candidatos recibe los porcentajes más altos de votos en un área en particular, donde, por otra parte, es hegemónico: Menem en el noroeste, Kirchner en la Patagonia y Rodríguez Sáa en Cuyo y sur de Córdoba.

En tanto, una de las preguntas clave de toda contienda electoral se refiere al origen de los votos obtenidos por cada uno de los candidatos. Los análisis electorales cuentan con sofisticados procedimientos estadísticos a partir de los cuales es posible inferir el comportamiento de los votantes comparando dos o más elecciones. De acuerdo con esto se interpreta lo siguiente:

  • Los votos obtenidos por el PJ en 2001 se distribuyeron en un 100% entre Menem, Kirchner y Rodríguez Sáa. Menem recibió el 49,5%, Kirchner el 34% y Sáa el 16,5%. Esto da cuenta de la capacidad del PJ de retener su caudal electoral;
  • Elisa Carrió retuvo el 66% del voto al ARI en 2001;
  • en cuanto a transferencias, el 88% del voto de la Alianza en el 2001 se distribuyó entre los tres candidatos justicialistas, de los cuales Kirchner y Menem sumaron el 83,5%;
  • López Murphy recogió el porcentaje más alto de voto nulo de 2003, el 48%;
  • el voto blanco se repartió entre López Murphy, Carrió y, en menor medida, Rodríguez Saá y Kirchner;
  • el 57% de los votos a fuerzas de izquierda se lo llevó Carrió y el 30% Rodríguez Saá;
  • el 50,5% de los votos obtenidos por partidos provinciales se transfieren a Menem y el 30,7% a López Murphy;
  • los votos a la centroderecha fueron captados en un 100% por la candidatura de López Murphy.
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