Hacia Río+20 ¿Está en crisis el discurso verde?

A tres días del inicio de la Cumbre, el escepticismo domina la escena: frente a la falta de compromiso de los principales actores globales, que se niegan a cumplir con las metas acordadas en materia ambiental, referentes locales de la lucha por el medio ambiente señalan que la ecología sigue siendo una causa que no encuentra eco en el poder político
Lorena Oliva
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17 de junio de 2012  

La hora del planeta. El día de la Tierra. El día del medio ambiente? A pesar de que la causa ecológica se ha ganado un espacio importante, incluso, en los calendarios de todo el mundo, y que la necesidad de proteger nuestro entorno se haya convertido en una noción que se aprehende casi desde la cuna, el escepticismo sigue siendo el principal anfitrión en las cumbres mundiales sobre medio ambiente. Y la que comienza la semana próxima no será excepción.

A pocos días del comienzo de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable, que se celebrará en Río de Janeiro entre los días 20 y 22 de este mes, informes ambientales de la ONU y del Banco Mundial le ponen palabras y cifras a lo que todos ya sospechan: que las soluciones globales que el planeta pide a gritos continúan empantanadas en el ámbito de la retórica. El New Deal verde que Barack Obama prometía antes de asumir como presidente norteamericano perdió fuerza, primero, y color más tarde, luego de los anuncios norteamericanos sobre nuevas exploraciones petrolíferas hasta en el Artico. Y también el eficiente continente europeo borró de su lista de prioridades la cuestión ambiental en su apuro por atender las urgencias de la crisis del euro.

Si algo no le faltó a la causa ecológica en su pulseada contra los modelos de desarrollo que afectan la sustentabilidad del planeta ha sido marketing. Pero a la luz de los resultados parciales, ¿cómo hacer para que los actores que encarnan la cuestión ambiental no terminen -tanto ellos como la propia cruzada- también empantanados, esta vez en su propio discurso?

La sucesión de cumbres, conferencias y reuniones informales no parece haber hallado la clave. Tampoco los diagnósticos cada vez más pesimistas sobre el futuro del mundo. ¿Cómo dejar de caminar en círculos y pasar, definitivamente, a la acción?

"El de las ONG es un aporte más que necesario. La mayor conciencia que hoy se tiene sobre la problemática ambiental se la debemos en gran parte a ellas. El problema es que sus reivindicaciones son tomadas muy tímidamente por los políticos. Entonces no se puede perforar el núcleo duro que define las políticas que, en definitiva, son las que terminan afectando al medio ambiente. La gran deuda de las ONG sigue estando en la política." El que habla es Juan Carlos Villalonga, activista ambiental con 26 años de trayectoria, ex director político de Greenpeace y, en la actualidad, presidente de la junta directiva de Los Verdes, una agrupación que cuenta con el apoyo del partido verde alemán y que, entre otras cosas, tiene claras aspiraciones políticas.

"Cuando los partidos políticos integran la oposición, siempre apoyan las causas ambientales. Pero cuando llegan al gobierno, es otra cosa. En nuestro país, lamentablemente, desde el retorno a la democracia hasta la actualidad, siempre se dio así. Por eso creímos necesaria la formación de una alternativa partidaria que tuviera entre sus prioridades la cuestión del medio ambiente o del desarrollo sostenible", agrega Villalonga.

Lo cierto es que, aún en países como Alemania o Francia, en los que el partido verde es un actor consolidado en la arena política, el panorama cambia ante un contexto de crisis como el actual. Como señalaba Le Monde en abril pasado, la ecología fue la gran ausente en la campaña presidencial francesa.

Por esta misma razón, el senador Daniel Filmus, que hace días encabezó la presentación oficial de la posición argentina en la cumbre de Río, es otro de los que no se ilusionan demasiado con sus alcances. "La demanda por un ambiente más equilibrado dejó de ser exclusiva de las organizaciones no gubernamentales para convertirse en una especie de clamor del mundo y de los pueblos. Pero en la medida en que las grandes potencias no se sienten a negociar, difícilmente saldremos de los discursos lavados. Hasta el momento nadie ha demostrado la suficiente fuerza para lograr compromisos concretos por parte de estos actores. Mucho menos las ONG. Sería absurdo pretenderlo."

El director de la Fundación Vida Silvestre, Diego Moreno, reconoce que muchas de las líneas de acción que se acordaron hace 20 años, también en Río de Janeiro, no fueron tan fructíferas que se esperaba. Y las baja a ejemplos concretos. "A partir de una de las convenciones de Río'92 se encaró fuertemente el incremento de áreas protegidas en el mundo. La meta era cubrir el diez por ciento del planeta, y hoy, a nivel global, ya estamos en el doce por ciento. Pero todavía resta mucho por hacer en lo que respecta a la protección de los ecosistemas marinos."

El motivo por el que algunos temas se han resuelto por sobre otros es, a su entender, tan simple como desalentador. "Algunos temas ambientales han prendido y generado rápidas adhesiones a nivel global porque son más simples de encarar y no afectan intereses de ningún tipo. Tal fue el caso de la problemática del agujero de ozono, que pudo abordarse con éxito. Pero cuando hablamos de cambio climático, hablamos necesariamente de un cambio en la matriz energética, que hoy depende mayoritariamente de los combustibles fósiles. Entonces ahí ya no es tan simple", analiza el experto.

Moreno admite que la cuestión ambiental está más instalada en la sociedad, pero no siempre con el nivel de compromiso deseable. "En general la sociedad reacciona ante situaciones urgentes que la afectan en forma directa. Pero no necesariamente actúa de igual manera cuando se trata de temas de fondo, que requieren de un abordaje inmediato pero que son menos visibles. El medio ambiente está presente. Preocupa. Pero nos falta lograr que esa preocupación se transforme en acciones más concretas."

Compromiso local

Atrapado en el callejón sin salida de la falta de consensos globales, el universo ambientalista ensaya nuevos carriles para su discurso. Esta vez en instancias más locales. Y, al parecer, más fructíferas.

"California ha avanzado más en materia ambiental que los Estados Unidos -ejemplifica Javier Corcuera, prestigioso ambientalista, hoy al frente de la Agencia de Protección Ambiental del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la ciudad de Buenos Aires-. Al ver que las negociaciones se hacen más lentas cuando se canalizan a nivel de las naciones, algunas ciudades han comenzado a asumir roles más activos, urgidas por la necesidad de respuestas más concretas que frenen el impacto del cambio climático sobre ellas."

En este punto, las megaciudades son un caso paradigmático. Jaqueadas por la creciente presión urbana -que sólo promete agudizarse en las próximas décadas- decenas de megaurbes se unieron y dieron origen a C40, una agrupación internacional que busca consensos y estrategias comunes para frenar los efectos locales del cambio climático.

Con esta misma sintonía, Corcuera explica que viajará a la cumbre de Río para presentar una posición también compartida por San Pablo y la ciudad de México. "Hoy en día, las ONG demuestran una mayor vocación de participación cuando se trata de problemáticas locales. Las discusiones más globales se perciben más lejanas."

Con él coincide Raúl Montenegro, director de la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam), radicada en Córdoba. "En las comunidades locales la sociedad ha crecido mucho en esto de asumir protagonismo y defender el ámbito en el que vive. Las movilizaciones contra la megaminería son un claro ejemplo. Las ONG tenemos que ser capaces de acompañar y para eso debemos flexibilizar nuestra tarea."

Para este biólogo cordobés, el principal valor de cumbres mundiales como la de Río consiste en su capacidad para señalar las principales problemáticas así como para producir guías de acción. "Las guías llegan a la comunidad de arriba hacia abajo. Pero los cambios indefectiblemente ocurren de abajo hacia arriba. Somos nosotros, cada uno desde su lugar, los artífices del cambio.

"En este sentido -continúa- muchos de los grandes problemas que amenazan al planeta ya son leídos por la sociedad. El auge de Internet ha facilitado mucho esa lectura. Esta democratización del conocimiento puede generar una cierta crisis en las ONG, que se ven obligadas a redefinir su rol. Se terminó la época del protagonismo que representaban ciertos actores como propietarios del conocimiento."

La falta de respuestas globales concretas y el recrudecimiento de algunas variables climáticas generaron en el biólogo Diego Gurvich una especie de autocrítica que -deliberadamente o no- también se lee como una crítica al papel asumido por la comunidad científica.

En 2009 publicó un artículo titulado El rol del ecólogo ante la crisis ambiental actual ". En ese trabajo cuestiona el muy difundido postulado de que la ciencia debe de ser neutral y objetiva. Y se lamenta por el limitado protagonismo que los científicos están teniendo en la gestión de los recursos naturales así como en la caracterización de los problemas ambientales que preocupan a la sociedad.

"Yo creo que, tal y como están las cosas, necesitamos un rol más activo de los científicos como comunidad. Algunos colegas tienden a creer que nosotros estamos por encima de la sociedad. Una afirmación muy elitista y, por cierto, también muy ingenua", explica desde Córdoba, en diálogo telefónico con La Nacion.

Investigador adjunto del Conicet, profesor de la Universidad Nacional de Córdoba y miembro de la ONG Ecosistemas Argentinos, Gurvich reconoce la falta de instancias intermedias que se ocupen de difundir el conocimiento que se genera en institutos y laboratorios. "Así y todo -analiza-, los investigadores deberíamos tener mayor presencia. Socialmente gozamos de prestigio y credibilidad, dos activos valiosísimos para incidir sobre los gestores de políticas ambientales."

Pero ¿cómo incidir sobre aquellos que no quieren ver ni oír? ¿Cómo decirles, parafraseando a Clinton, "Es la ecología, estúpido"? El escritor portugués José Saramago alguna vez escribió que, la mayoría de las veces, las campañas ambientales sólo beneficiaban a las agencias publicitarias. Nadie sabe cuántas cumbres deberán pasar para que por fin, sea el turno del planeta.

PARA SABER MAS

LECTURAS RELACIONADAS

  • Artículo completo de Diego Gurvich: http://bit.ly/MDIK9H
  • Artículo "Resilient people, resilient planet" (versión en inglés): http://bit.ly/MugSIz
  • EN INTERNET

  • Sitio oficial de la Cumbre de Río: http://rio20.net/
  • Sitio oficial de Funam: http://www.funam.org.ar/
  • Sitio oficial de C40: http://www.c40cities.org/
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    @javiercorcuera

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    @calivillalonga

    DIXIT

  • "La sensibilidad de la gente por este tipo de temas todavía no se traduce en actos concretos al poner su voto en las urnas". Juan Carlos Villalonga.Movimiento Los Verdes
  • "Hay que reforzar la institucionalidad cruzada entre el Estado y la sociedad civil". Javier Corcuera. Ambientalista- Ag. de Protección Ambiental
  • "Hay una especie de pequeña crisis existencial de las ONG que se asumieron como traductoras de los problemas ambientales". Raúl Montenegro. Biólogo - Funam
  • "Es excepcional que la comunidad científica se pronuncie públicamente". Diego Gurvich. Biólogo - Conicet
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