Hacia un comercio mundial más justo

Martín Redrado
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10 de agosto de 2004  

Como resultado de las negociaciones desarrolladas hace unos días en la Organización Mundial del Comercio (OMC), comienza a escribirse un capítulo que permitirá nivelar el campo de juego para los países en desarrollo. La Argentina desempeñó un papel central en esas negociaciones: desde una posición construida en forma conjunta por los sectores público y privado logramos impulsar nuestros objetivos prioritarios sin exponer aquellos puntos que pudiesen afectar nuestros intereses defensivos.

A través del acuerdo multilateral alcanzado se ha logrado crear el marco apropiado para asegurar la eliminación de los subsidios que los países centrales otorgan a las exportaciones y reducir sustancialmente los subsidios a la producción, que afectan a la producción agropecuaria y agroindustrial. Estas acciones no sólo contribuirán a mejorar la competitividad de nuestras exportaciones, sino también a destrabar otros procesos de negociación que se hallan pendientes de la resolución de estos temas.

El principio de acuerdo comenzó a gestarse después de que el Consejo General de la OMC rechazó dos textos tentativos debido al desequilibrio que presentaban entre los compromisos previstos para los países desarrollados y para los países en desarrollo. Tal desequilibrio fue el eje de la posición que, en las reuniones plenarias, defendió la Argentina, como vocera de la India, China, Malasia, Kenya y Sudáfrica, entre otras naciones emergentes.

Como respuesta a la insistencia de nuestro bloque, el director general de la OMC, Supachai Panitchpadki, decidió convocar a una "reunión chica", en la que participaron catorce delegaciones -la Argentina, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Unión Europea, India, Indonesia, China, Guyana, Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Tanzania y Mauricio- en busca de puntos de convergencia para arribar a un acuerdo.

Se negoció durante 14 horas en el Salón Directorio del Edificio William Rappard, frente al lago que domina la ciudad de Ginebra. El acuerdo terminó de consolidarse a las siete de la mañana del sábado 31 de julio. Restaba aún presentar el proyecto ante los distintos grupos de países con intereses similares. Así, la Argentina, Brasil y la India trabajaron con los países del G-20; Australia, con el Grupo Cairns; Tanzania y Mauricio, con los países africanos.

El nuevo texto logró avanzar hacia el establecimiento de un delicado equilibrio basado en los siguientes compromisos.

  • Reducir efectivamente los subsidios a la producción, a partir de una disminución inicial del 20% en el primer año de aplicación del acuerdo y hasta alcanzar un monto final por ser negociado durante la última etapa.
  • Eliminar todas las formas de subsidios a las exportaciones, incluyendo las medidas de efecto equivalente -que comprenden créditos, seguros y garantías de créditos a las exportaciones con componente de subsidio-, la ayuda alimentaria usada como mecanismo distorsivo para la colocación de excedentes y el poder monopólico de que hacen uso las empresas comercializadoras del Estado.
  • Negociar la reducción de aranceles para todos los productos agrícolas e industriales a partir de los aranceles consolidados y no de los efectivamente aplicados, habilitando a los países desarrollados y en desarrollo a identificar "un número apropiado" de productos agrícolas sensibles para los cuales la reducción pueda alcanzar niveles menores. La negociación de bienes no agrícolas incluirá -según corresponda- la reducción o eliminación de los obstáculos no arancelarios, en particular aquellos que afectan a productos de interés exportador para los países en desarrollo.
  • Trabajar conjuntamente para lograr niveles progresivamente más elevados de liberalización de servicios, sin excluir a priori ningún sector ni modo de prestación, con particular atención para los que resulten de interés exportador para los países en desarrollo.
  • Con la negociación de este acuerdo, la Argentina logró que se cumplan sus objetivos prioritarios -particularmente, en materia de agroalimentos-, que fueron identificados como los de mayor interés en el trabajo previo con el conjunto de todos los sectores productivos. Nunca hubo en la OMC compromisos tan explícitos en materia de disminución y eliminación de subsidios ni identificación tan precisa de las otras medidas que distorsionan el comercio de productos agropecuarios.

    Nuestro país tuvo también un papel decisivo en la última etapa de las negociaciones, lo que demuestra que, con intereses claros, tanto de índole ofensiva como defensiva, resulta más sencillo lograr apoyo de otros países, conformar alianzas y obtener resultados concretos en las negociaciones multilaterales.

    El trabajo de la Argentina en la última reunión constituye, en tal sentido, una prueba más de la eficiencia de un modelo de gestión público-privado que consolida uno de los ejes de la administración Kirchner: la inserción productiva de nuestro país en el comercio mundial. La transparencia, el consenso y la búsqueda de una visión única para una Argentina que sale al mundo a negociar con estrategias y objetivos conocidos y discutidos previamente y que analiza los resultados en forma conjunta con la totalidad de los actores comprometidos confirman, de este modo, su efectividad.

    Somos conscientes, por supuesto, de que sólo hemos arribado a la mitad del camino, un camino que parecía estancado después de la reunión ministerial de Cancún, en septiembre del año último. Sin embargo, y aunque resten por lo menos dos años para lograr un acuerdo que incluya los temas pendientes, estamos seguros de estar en la dirección correcta. © LA NACION

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